Wednesday, April 26, 2006

el olor entre las piernas, cap. 73 salchicha, salchicha o puro veneno

El Olor entre las Piernas
Cap. 73
Salchicha o puro veneno

Trato de entender este país y me asombra no lograrlo. Sorbetodo, me encanta no poder hacerlo. El país jodido y tocando fondo, y cuando prendo la radio, hay una pendeja diciendo: “salchicha, salchicha, salchicha, salchicha, salchicha, salchicha…”. Cambio la estación buscando algo, alguien que pronuncie las palabras que tanto espero, que la crisis económica se va a solucionar, que los maestros no se van a quedar sin empleo, que mi marido, que es maestro, no se va a quedar en la calle. No escucho nada que no sean rumores de paros de tronquistas, convocatorias a paros generales de Funky
Joe y el Gángster, y otro pendejo diciendo salchicha, salchicha, salchicha, sal y chicha porque esto es el apocalípsis (aunque sea el fin del mundo solamente en Puerto Rico, cuando sabemos que en Minnesota, cuando salió Ventura, hubo que cerrar el gobierno, la transportación pública, hospitales y escuelas por una semana entera, para poder bregar con la crisis económica en la que Ventura dejó al estado, sin tomar en cuenta que Minnesota es un estado 80 veces más rico que Puerto Rico).

No sé cómo seguir esta columna, sin dejar de criticar a ciertos entes malignos. Sucede que la primera página de El Nuevo Día de hoy, el director del periódico catalogó de único culpable de la situación del país al gobernador. Yo pienso que eso fue asquerosamente irresponsable, insensato y vulgar, especialmente viniendo del director de un periódico que se jacta tanto de ser vertical.

A los que tampoco se les ha escuchado, aparte de a mí, son a los religiosos de este país. Deben estar temblando tanto como sus arcas, porque ahora con la crisis, los feligreses no van a tener dinero para llenarle los ojos y los bolsillos. Cristo nos ama a todos, aunque deje que se joda el país.

Llevaba casi un mes callado. No sabía qué decir, hasta que me encojonó el comentario a mi columna de “V for Vendetta” de Manuel Clavell-Carrasquillo, a quien amo y respeto muchísimo. Decía él, o daba a inferir, que yo no tengo los cojones de hacer un José Martí act, que hablo y hablo y que sería bueno verme tirándome a la calle, al frente de mis proposiciones diabólicamente violentas. Porque para Manuel Armando la violencia aparenta ser diábolica. Pero, ¿cómo reaccionas, cuando tu marido se queda sin trabajo por culpa de senadores y legisladores poco profesionales que insisten en seguir gastando el dinero del pueblo audicionando si hubo o no un esperpento llamado C-59. Me da vergüenza, Manuel, que te olvides de que este, tu pana, toca fondo todos los días. Nada más te digo que soy VIH+, que tú ya más que lo sabes, y que durante dos años que no tuve beca Pell para pagar mis estudios, me vi forzado a no sólo trabajar y estudiar a la misma vez, sino también a “hacer” la Plaza de Río Piedras y la playita de frente al Capitolio para poder completar mis pagos de la Universidad. Me parece que tú jamás tocarás fondo como he tocado yo.

Y mientras tanto, gente como tú sigue llamando a las emisoras a decir “salchicha, salchicha, salchicha”, o tal vez son los que siguen ilusa e inocentemente defendiendo la paz, una paz ciega, una paz incierta, con tantos adjetivos negativos como supuestamente negativa es la violencia misma. Yo me reinvindico: que sea lo que Dios quiera, si algún día de estos me da con convocar una guerra civil en serio. Que sea lo que Dios quiera porque el encojonado soy yo, y como tal voy a ser el primero en estar allí, porque son mis putas habichuelas con las que está jugando el gobierno, las putas habichuelas de mi marido, que es mi familia. Manuel: YO no tengo que excusar ni esconder mi odio gutural hacia los políticos de este país. Y by the way, esto no es un escrito defiende-balas como los catalogas tú. Esto es un escrito balístico. Punto.

El gobierno esto, el gobierno lo otro… ¿hasta cuándo vamos a seguir evadiendo la responsabilidad de nuestros actos? Tenemos mucha culpa nosotros, por haber elegido mixto pensando que era lo más inteligente, cuando en este país la gente vota íntegro porque la política es partidista, familiar, tradicional y genéticamente hereditaria. No hay nada más vergonzoso que sentir el revés de la estupidez ante el raciocinio. Vuelvo y pregunto: cuando estás jodido por culpa de los que tienen poder sobre ti, y tratas de hablar con ellos, y al tratar de racionalizar con ellos te topas con una pared de gente que no le importa que te quedes sin trabajo… ¿qué haces? ¿Sigues creyendo en esa paz pendeja e insípida que no vale la pena? ¿Qué carajo haces? ¿Te ríes de las estupideces de dos idiotas que dicen “salchicha, salchicha, salchicha” muchas veces, como parte de un chiste que sólo entienden unos locutores mediocres y ciertos trabajadores de la palabra que escriben poesía por el solo placer de escribirla? Pero no lloren los que lean esto, ni se tambaleen porque dije que fui puta por necesidad, porque esto no les afecta a ustedes. Lo que ustedes no sepan no les hace daño. Después de todo, no hay nada mejor que enajenarse de lo que a uno no le compete. Dios sabe que a mí me encantaría, pero no puedo hacerlo, ni por mí, ni por la gente que sólo tiene voz en esta trapo de columna que no es, ni será jamás lo que pretendí que fuera en un principio, porque soy un pésimo escritor, porque ya no tengo ni tiempo para leer, y por no leer, ya hasta se me olvidó escribir. Cuando comencé este libro lo que quería era describir la ciudad de San Juan, pero no sólo los lugares bonitos, sino los puelkos (y lo escribo así, bien puelkamente, porque yo mismo soy un puelko y no tengo problemas con ello), los bajos, los pobres. Y entiendo que si quiero seguir firme en mis convicciones para este libro, no puedo darme el lujo de enajenarme al dolor de la gente que como yo, toca fondo todos los días tratando de hacer algo con sus vidas en el sentido no figurativo de la frase. Mi gente tiene una voz en esta columna, porque ahora más que nunca, el compromiso con ellos está claro. Ahora es que tengo que ir a Trastalleres, a Fanguito, Barrio Obrero y Salsipuedes, a la Perla, que es como salir del país y entrar a otro mundo (recuerdo cuando fui a buscar coca con los españoles amigos míos, la Alba y el Andrés, que fuimos en mi carro, y allí, frente a las casas había doñitas jugando dominó en mesas, mientras los maridos tendían la droga en paquetitos en mesitas aledañas para la vista de los posibles clientes; no me olvido de cómo Alba se puso a regatear con uno de los señores que vendía droga allí, mientras los nenes de La Perla jugaban tranquilamente con bolas de playa y unos perritos bebés sarnosos de raza datschhund, que ya ni se notaba que eran datschhund; que es como otra dimensión dentro de Puerto Rico). Mi gente tiene una voz conmigo y ese, ahora más que nunca es el compromiso de El Olor entre las Piernas, Manuel. Coño, que esto no es San Juan fucking Ciudad putamente Soñada, libro donde el autor omite completamente los lugares donde viven los dominicanos en esta ciudad.

A lo mejor la gente pendeja de este pueblo tiene razón, me refiero a los que llaman a las emisoras y dicen “salchicha, salchicha, salchicha”. Ante el descalabro de este país tan chulo, tan bello, y tan mierda como éste, esa es la solución: Sal y chicha. Sé puta. Que Cristo te ama.

Sunday, March 19, 2006

el olor entre las piernas, cap. 72 Remember, remember the 5th of November


El olor entre las piernas, cap. 72
Remember, remember the 5th of November

Sucede que Guy Fawkes era un tipo común y corriente que hizo un acto de extrema locura y valentía: intentó volar el Parlamento británico en 1605 con mucha, mucha pólvora. No es de extrañarse que los ingleses, furiosos ante semejante acto de sedición, y sin detenerse a pensar en los motivos del individuo, lo tiladaran inmediatamente de traidor a la nación, para luego torturarlo y ejecutarlo en la horca. Sin embargo, todos los 5 de noviembre se reúnen a celebrar lo que llaman Bonfire Night. Así, como si fuera el día de San Patricio en Irlanda, en Bonfire Night la familia inglesa se reúne en el patio de atrás de la casa, hacen un barbecue, o lo que sea que hacen los ingleses cuando se reúnen, beben "ale" y contemplan su vida a través de los fuegos artificiales. Qué es lo que celebran, en realidad, sin darse cuenta? El intengo de Guy Fawkes por darle un frenazo a lo que él concebía como desastroso: los inicios e indicios de que el mundo estaba destinado a convertirse en la porquería que tenemos ahora.

A veces me pongo a pensar en qué momento del camino Puerto Rico se jodió. Acaso fue desde que Aníbal Acevedo Vilá ganó las elecciones como gobernador, ganando también la plataforma PNP para joderle la existencia y hacerle el reinado imposible? Tiene que ver con la trifulca por el poder entre Pedro Roselló y Kenneth McClintock? Se debe acaso a la pesquisa del video C-59? O es que lo que tenemos ahora es el resultado de años y décadas atrás en el que el cado se estaba cocinando?

A lo mejor alucino, pero dando marcha atrás a la historia, este país empezó a joderse desde que don Luis Muñoz Marín mandó a derribar el tren existente, para invitar a las compañías americanas y europeas a que invirtieran en traer más automóviles a Puerto Rico, obligando a los criollos a comprar los mismos. Qué tenemos ahora? Tapones que le sacan el más exacerbado road rage a gente que usualmente es pacíficamente vaga e imposiblemente pasiva. Compañías de arquitectos e ingenieros mediocres e imbéciles que destruyen casas históricas en Miramar y Santa Rita para vender los espacios como parkings multipisos (y uno se pregunta si la imbecibilidad la adquirieron antes o después de coger los cursos de Historia del Arte Contemporáneo, donde de seguro les tuvieron que haber hablado del Art Nouveau, el Art Deco y la arquitectura de su país; o si es que por irse a un colegio técnico y adelantar su carrera, traducción : "terminar más rápido", se perdieron la oportunidad de coger estos cursos). Desarrolladores que no entienden lo que es la zona del karso y los manglares, o peor, que no les importa un coño que son éstos, no lo que representan a nivel ambiental. Y sobretodo, políticos que sólo tienen en la mente el signo del $$$, y la palabra PROGRESO, sin preguntarse "progreso, hacia qué?".

A lo mejor me voy en brote, pero podría dar marcha aún más hacia atrás, al momento en que Emeterio Betances le vendió el alma al diablo (Estados Unidos) con tal de deshacerse y librar a Puerto Rico de España. Con eso, le enseñó a los políticos modernos a que todo es relativo, a que no hay constantes, y que como nada es duradero, no vale la pena defender nada, todo es vendible, nada es imprescindible. Ni siquiera la dignidad. Y de paso, le enseñó a los boricuas a que la dignidad precisamente porque no te da de comer, no te hace falta. En otras palabras, LOS PUERTORRIQUEÑOS SOMOS PERROS FALDEROS gracias a Betances. Gracias por bajarnos la autoestima colectiva y tirarnos al fango, porque gracias a ti, Betances, nunca entenderemos que la dignidad SI hace falta, que aunque no nos da de comer, nos da un norte, nos da aspiraciones, nos da equilibrio; que SI necesitamos el arte, que aunque no nos da de comer, y no sirva para nada, sirve para darnos belleza, porque al mundo entero no le viene mal más belleza, esta siempre hace falta, y deberíamos acostumbrarnos a pagar por ella, como lo hacen otros países, pero también a buscarla y crearla como Dios manda; que SI es necesario pensar en los demás a la hora de tomar decisiones, que no vivimos en un vacío, ni social ni cultural, y que por alguna razón no podemos vivir completamente solos, porque nos volvemos locos.

Anoche vi la película V FOR VENDETTA, basada en un cómic de Alan Moore que realizó en la época en que la Thatcher era Primera Ministro de inglaterra. Durante los ochenta, la política de la primera ministro se cconvirtió en lo que hoy se conoce como "thatcherismo", que implica, entre algunas cosas: oposición a las uniones obreras y sindicales, reducciones en programas dirigidos al público, privatización de industrias y servicios del estado. Sus políticas causaron desempleo masivo y una gran desindustrialización, razón por la cual, es una de las figuras inglesas más odiadas por el pueblo.

Me pregunto, hasta qué punto Puerto Rico ha caído en el thatcherismo. V FOR VENDETTA propone un mundo que se acerca terriblemente a esta isla, dominado por un partido conservador que gira alrededor de un político corrupto y extremadamente demagogo, que se parece demasiado a Hitler, pero que bien podría ser Roselló (quien es el IMBECIL más grande que ha parido este país, al atreverse a compararse con Ghandi y Martin Luther King, Jr.; de más está decir que ambas figuras se le quedan tan grandes como decir hormiga ante Vía Láctea). El mundo dentro del filme también nos habla de la prohibiciones del arte como vía hacia el pensamiento libre, de la política de oposición, de los movimientos sindicales, de la homosexualidad, de otras religiones que no son la oficial, de la variedad tal y como es variedad (y piensa un poco, lector, si no es cierto que la Inglaterra de la película es un reflejo del Puerto Rico de hoy, domingo, 19 de marzo de 2006).

Al igual que en la película, a mí me gustaría ser V, y buscar la forma de enviar una AMA llena de fertilizante, jabón y pólvora al Capitolio, con todo y senadores mientras se reúnen contentitos a deliberar nuevamente sobre el fucking video C-59, que NO TIENE RELEVANCIA ALGUNA PARA EL PUEBLO. O mejor aún, coger 12 latas de spaghettis Chef Boyardee, hacer una molotov con ellos, tirarle par de bombas a la casa de Roselló, a la de Rivera Schatz, y a la de Félix Plaud, así como a la de Rubén Berríos, Fernando Martín; explotarle las Explorers y las Caravans a los desgraciados del PPD, por hacerse los que hacen algo y no hacen un carajo; pero más que nada, organizar un ejército de enmascarados que saquen a toda esta basofia de gente vaga, quienes se ganan un sueldazo por hacer nada, y que insisten en que es importante que el presidente del partido ocupe el escaño de Presidente del Senado, cuando nosotros los parceleros, los pueblerinos, los perros falderos sin niguna dignidad escogimos a un representante que SI nos pareció digno. Insisten es decirnos que es importante la pesquisa por el jodido video C-59, cuando NO LO ES. E insisten en demostrarnos que hacen algo en su tiempo, cuando NO HACEN NADA DE VALOR CON EL DINERO QUE LES PAGAMOS.

Yo haría un Guy-Fawkes-Act, por qué no. Claro que lo haría! Este país está jodido porque le hace falta una guerra civil y nadie se atreve a aceptarlo. Nadie se atreve a darle cara. Yo quiero un guerra civil para este país. La necesito y la necesitamos, porque es mucho el coraje, y la rabia ya opaca nuestra razón. Lo predigo, alguien está a punto de cometer una gran estupidez, y este país se va a ir al coño.

Thursday, March 09, 2006

El olor entre las piernas, cap.71 La cancha de la Comunidad Figueroa

El olor entre las piernas
Cap. 71
La cancha de la Comunidad Figueroa

Hoy parecía un buen día para montarse en el carro, buscar alguna forma de evadir el tapón de las 5:30pm, y tirarse por ahí a buscar algo más que urbanizaciones a las que la AEE les corta los árboles hasta dejarlos en tucos con tal de no tener que venir a podarlos dentro de 6 meses. Esta columna bien podría prestarse para criticar masivamente esa acción, y de paso, darle una bofetada a los ingenieros que habitan en el cénit de esta ciudad. Asimismo podría prestarse para destruir a mi gente por lo vaga que es, pues qué rayos es eso, de no querer volver dentro de 6 meses a realizar una labor que les toca? Adónde se ha ido el placer por un trabajo bien hecho, la satisfacción de realizar la labor que a uno le toca, como parte de un todo social? Pues eso, en este país se perdió hace más de diez años atrás, y estoy siendo compasivo. Pienso que debemos asumirlo como grupo, que somos vagos, aunque no lo seamos, para así tener por lo menos, un punto de partida. Es como el conserge del piso 5 de Torre del Norte, mi piso. El tipo no hace nada, viene a chulear con las chicas del piso 4 y no limpia ni hace nada. Están locos por despedirlo, pero no pueden hacerlo porque está unionado. Que no puede usar químicos fuertes porque le da asma. Pues que renuncie y abra la plaza para otro que sí quiera trabajar, coño! Esta semana, otros tres muchachos de mi piso y yo le sacamos fotos a los baños de nuestro piso. Una costra marrón-púrpura creció en los azulejos del piso de las duchas, mientras que se podía leer claramente CONSERJES PUERCOS! en las losetas de las paredes de las duchas, pues alguien escarvó las letras de entre la costra blanca que deja el jabón después de más de un semestre sin echarle lejía, o raspar las losetas con una esponja de BRILLO. Hicimos unos fliers en forma de protesta que pegamos por todos los pisos, por el sótano (que funje como oficina del equipo de mantenimiento) y la oficina de la directora de la Residencia, todo esto a las 4:30am. Los fliers leían consignas como: "Así de puerco debes ser en tu casa...", "Si no quieres trabajar, dale tu plaza a otro", y "Si no limpias hoy este chiquero, mañana te pediremos la renuncia e iremos al periódico Diálogo con estas fotos".

Pero esta columna no es para eso. Este escrito es mucho más compasivo que una simple diatriba contra un país negligente que atraviesa por un período de negación.

Como dije, hoy era un buen día para perderse por algún resquicio de San Juan. Paseaba por la calle Cerra y decidí meterme por lo que resultó ser la Barriada Figueroa. Me pareció interesante ver las casas apiñadas unas casi encima de las otras, dejando poco espacio en sus calles, claro con automóviles estacionados a ambos lados de ésta. Los niõs y jóvenes llegaban caminando de las escuelas, con distintos uniformes: unos de camisa amarillas, otros de camisa color vino, faldas azules, y verdes. Entre las calles Villamil y Las Palmas, se erige una gran caldera circular, que me pareció la cisterna de la urbanización. Pero me impresionaron dos cosas, más allá de la cisterna. Un poco más arriba, en la distancia, dos perros machos hacían el amor entre la basura, sin que nadie los interrumpiera, sin que a nadie le diera asco, un acto muy natural entre ellos. A la vuelta de la esquina, corriendo un poco más en el Buga, mi auto, me topé con la cancha. Tenía un letrero que leía: CENTRO RECREACIONAL COMUNIDAD FIGUEROA. La cancha estaba circundada por una verja perfectamente labrada, refungiando en su vientre a unos muchachos descamisados que ostentaban cuerpos perfectos a fuerza de trabajo duro, hambre y baloncesto, de esos cuerpos fibrosos que el sudor sólo puede acentuar más. Jugaban tranquilamente, sin preocupaciones, enseñando la mitad de sus calzoncillos, mientras algunos adultos hablaban en la calle amenamente, guardándoles el juego, asegurándose de que no se perdiera la cancha entre adictos y tiradores de drogas migratorios. Me pareció tan familiar que enseguida me entristeció saber que a esta comunidad le queda poco tiempo, antes de que el aire general de Puerto Rico la contamine con su violencia, y se interponga la vagancia y nadie quiera luego hacer nada.

Thursday, February 23, 2006

El olor entre las piernas, cap. 70 Trastalleres

El olor entre las piernas, cap. 70
Trastalleres

Son dos torres que se erigen cerca del CDT Hoare, en dirección al parque central. Son exactamente iguales, salvo por el hecho de que una está completamente abandonada, sirviendo de hospitalillo/refugio para deambulantes, próxima para demolerse; mientras la otra alberga todo tipo de quehaceres: desde oficinillas de profesionales humildes, hasta un laundromat y un gimnasio lleno de hombres pompeados, sudados y apetecibles, con la piel roja e hinchada por el ejercicio duro y honrado.
Me da vergüenza admitir que fue hoy que de veras me di cuenta de que ambos edificios rosados existían. Lo cierto es que sí lo sabía, pero no conocía su nombre. Aparte, "Trastalleres" me sonaba a Barrio Obrero, que se me figura como una parte de San Juan a la que siempre trato de llegar, pero se me oculta, porque siempre se me pierde la salida correcta, como el jardín secreto de Mogador, o como la biblioteca Akáshica del Plano Astral.

Me detuve a observarlas por un buen rato, tratando de entender el ímpetu con el que el segundo edificio se esforzaba con tal de no caer en la sombra del primero. Los apartamentos reflejaban una decoración casi barroca, como si sus dueños estuvieran tratando demasiado de mostrar signos de actividad en el edificio, como si estos signos pudieran de alguna forma retrasar la eventual entropía, y muy posible demolición, si nos acordamos de que estamos en San Juan y de que últimamente los edificios no gozan de abogados, ni mecenas, basta con pasear por la calle Peregrina de Santa Rita.

Caminé un poco por sus aceras, tratando de aspirar hacía adentro ese pedacito de ciudad, taking it all in as much as possible. Pero fue cuando vi a los dos muchachitos en bicicleta que se me conmovió la caja toráxica. Eran puramente negros, lo que llamamos en Puerto Rico violetas, y se acercaron sonrientes a un hombre blanco (tan blanco como se puede ser en esta isla siendo puertorriqueño), y se le echaron encima para abrazarlo.

-Míster! Míster Rodríguez! Se acuerda de nosotros?

El hombre, muy guapo y que no debía pasar de los 43 años, se acordó de ellos, y los abrazó fuertemente. Los tres comenzaron a llorar y a hablar muy amistosamente, mientras el maestro llamaba a su esposa, que se preparaba para cruzar la calle.

-María, corre ven aca! Mira quiénes están aquí!

La señora se acercó, y cuando los reconoció, a ella también se le aguaron los ojos, por lo que deduje que también había sido maestra de los jóvenes. Los abrazó muy cándidamente, y cuando se despidieron, les dijo que los quería mucho y "que no se perdieran", lo cual puede significar, 1: que mantuvieran contacto, o 2: que no se perdieran en el mundo de las drogas, la pobreza, o tal vez el mismo Trastalleres, aunque me da la espina de que tratándose de esta comunidad, es más el mal de la pobreza lo que impera, que cualquier lío de drogas. Me da la espina el segundo edificio, que sigue tratando de vivir lo que el primero no pudo, de llegar a una eternidad que ninguna falta de planificación urbana de los gobiernos venideros de este país pueda demoler como casas históricas de art deco en Santa Rita.

Wednesday, February 15, 2006

El Olor entr las pierncas, cap. 69 Death Cab for Cutie

El Olor entre las piernas
Cap. 69
Death Cab for Cutie

Me levanto por la mañana, azorado como gato pegado al techo, porque la alarma no sonó, porque en la Resi se fue la luz y nunca me di cuenta. Eran casi las 7:00am, y comenzaba a trabajar a las 8:00am. Seguramente cogería tapón, y estaría molesto todo el día porque no me daba tiempo a masturbarme antes de ir a trabajar. Era día de San Valentín.

Al meterme en el carro, prendo el radio en la 105.7fm. Lounge by the moon… es un cachondeo tremendo… recita una voz masculina clichosamente sexy, muy campy. Me doy cuenta de que se trata de Pedro Dávila, y su statemente me parece tan cursi que me provoca ganas de vomitar. Apago el radio, me pongo los headphones, y prendo el CD player en la canción #2 del CD nuevo que me había comprado el día anterior. ‘Cause in my head, there’s a Greyhound Station… where I send my thoughts to far-off destinations… so they may have a chance of finding a place where they are far more suited than here…

Me doy cuenta de que estoy harto de Tori Amos y de que necesito ya un nuevo album suyo, ya no puedo esperar más. Medito sobre la verdad bíblica que hablan los murciélagos, y cómo en el guano está la solución de la vida. Reflexiono sobre lo difícil que se me hace encontrar buena música últimamente. Words… I need words... eso me lo dijo Zisa cuando estuvimos hablando sobre el asunto. Yo pienso lo mismo. Me hace falta la palabra, me digo a mí mismo, mientras mis dedos bailan tap sobre el guía al ritmo de una música que sólo escucho yo. And I cannot guess what we’ll discover… when we turn the dirt with our palms cupped like shovels… but I know our filthy hands can wash one another’s… and not one speck will remain…

Ya en el tapón, observo cómo una muchacha joven le da por detrás al carro de una mujer mayor. Se bajan ambas. Comienzan a insultarse. La muchacha saca la mano desde atrás y se la pega a la señora mayor, que no debe ser menor de 49 años. La señora le responde. Se lanzan la una sobre la otra a arrancarse el cabello. La señora, más vieja y más experta, decide que es mejor idea arrancarle la blusa amarilla fosforescente a la muchacha. Se la hace cantos. La muchacha se queda en brassiere. Pero entonces comienza a golpear a la señora mayor con más furia, con más fuerza, sacándole sangre por la nariz y la comisura de los labios, arrodillándola en la brea, pelándole las rodillas. Un guardia estatal pasa en la patrulla. Sigue su camino sin importarle nada. Otra muchacha se apea del carro. Coge su cartera. Se nota pesada. Se le para por detrás a la muchacha. Le hala el pelo hacia atrás de golpe. La voltea hacia sí y comienza a darle carterazos fuertes en la cara, hasta tirarla al piso. Todos nos quedamos boquiabiertos en nuestros autos. Hubiera sido genial ver la escena con un pitillo de pasto. O con la garganta anestesiada de perico. Me volteo hacia la derecha. Al tipo del vecino del carro se le salen los ojos, pues a la muchacha de la camisa rota se le salió una teta. Abro la ventana un poco. Me quito los audífonos. –¡Pa que no seas cabrona, so puta! ¡A que no te paras y me das a mí, so pendeja! J-le gritaba la segunda muchacha a la primera, mientras ayudaba a la señora mayor a pararse. Un buen día de San Valentín es un día de justicia social para todos.And I ddo believe it’s true that there are roads left in both are shoes… but if the silence thakes you then I hope it takes me too…

En un coro de bocinas logramos seguir nuestro camino, veinte minutos después, mientras yo seguía con mi canción en REPEAT MODE. Llegué a tiempo a mi trabajo. No pude masturbarme ni desayunar, así que fue un día asqueroso. Me consolaron los millones de chocolates que me regalaron lso estudiantes, los cuales boté todos, por miedo a una diarrea de proporciones planetarias. So Brown Eyes I’ll hold you near, ‘cause you’re the only song I want to hear… a melody softly soaring through my atmosphere…

Al salir de mi trabajo, decido que sería una buena idea enfrentarme a la calle Peregrina de Santa Rita, porque no lo había hecho hasta entonces, y de alguna forma tenía que enfrentarme a mi odio hacia la humanidad que me provoca tanto road rage. Ya no había demasiado rastro de las casa fulminadas. Me sorprendí pensando que no me sorprende para nada la imbecilidad de los ingerieros y arquitectos de esta ciudad. Ya no me interesa preguntarme si en sus mentes, aparte del signo del dólar les cabe algo de sentido común a la hora de planificar la ciudad, o si simplemente tienen algo de conciencia cívica, o si fue que se saltaron los cursos de historia de Puerto Rico por querer salir más rápido de la universidad, acabarla en dos o tres años, o si simplemente no fueron a una universidad, sino a un trapo de colegio tecnólogico que lo que les enseñan es a hacer chavos, como en Estados Unidos, que a la población sólo se le enseña que son todos piezas de un gran reloj, that you should always fit, not only attempt to, but to actually fit, bucause if not, you are out of the clock. Yo no soy diferente, y me sorprendo alegrándome de que destruyeran las casas. Sólo Dios sabe el gran oddio que albergo hacia la cabrona de Alejita Firpi, que por culpa suya yo perdí mi empleo en lo que antes era Kinky Zone, en la Ave. Universidad (sucede que ella metió ilegalmente la mano en ARPE para que a mi jefe no le bajaran los permisos de uso y venta). Sólo Yo sé cuánto deseo verla bajo 6 pies de tierra, con cuántas ganas me gustaría que la próxima en irse a pique fuera su casa. Por más dolor que me provoquen esos pensamientos, porque esta urbanización también es mi Santa Rita. Es mía, como lo es y ha sido de medio Puerto Rico desde los 50 o 60 para acá. When soul meets body…

Creo que no me falta furia en el cuero, que me sobra y por eso se me hace tan difícil escribir, y sobretodo escribir sin juzgar, aunque de plano sepa que yo no soy mejor que la gente que tanto me encojona y a la que tanto critico. Yo mismo soy una ciudad en conflicto, llena de células literarias, células envirusadas, y sobretodo células de amor y de odio.

Este San Valentín lo pasé sólo, peleando conmigo mismo, en medio de una catequésis de road rage personal. Solamente me llegaron ideas sin ganas de desarrollarse. Millones de ideass de cosas que odio y de las cuales quiero escribir para mantenerme vivo, o para por lo menos decirme a mí mismo que estoy vivo. Hasta que coja un taxi, un “cab” y me vaya al otro lado. Un “death cab for cutie”.

Thursday, February 09, 2006

El Olor entre las piernas, cap. 68 Esta es una ciudad de nosotros

El olor entre las piernas
Cap. 68
Esta es una ciudad de nosotros

Mi amigo Eddie de la Tertulia, el que siempre me aconseja cuando caigo en tumbes de oscuridad gótica-medieval, me dijo que hay una frase célebre de Epicuro que dice: “pasa por tu vida desapercibido”. Según Eddie, existen dos tipos de personas, y estoy completamente de acuerdo: la gente exitosa y los underdogs. La gente exitosa alcanza una cierta felicidad, pero no viven la vida realmente, porque lo que viven es una fábula. Nosotros los underdogs a lo mejor nunca alcanzaremos la felicidad, pero nadie sabe vivir la vida más que nosotros, que la vivimos desde el golpe, la paliza y el sufrimiento.

En estos últimos meses, esta columna ha sufrido mis cambios temperamentales, mi falta de ganas de vivir, mi falta de ánimos para escribir. Aún así me mantuve escribiendo, porque para mí, escribir es un acto de sanguijuela, el producto de un hambre de la vida que se me escapa, la simbiósis parasítica entre el prana de los hindúes y este templo que se desbarata y se vuelve a montar cada tres días, como si estuviera hecho de piezas de los LEGO que tanto me gustaba coleccionar cuando era pequeño. Mi amigo Eddie se sorprendió cuando me escuchó decir que no tenía ganas de vivir. Y es que, según sus propias palabras, no había conocido a alguien tan parecido a él mismo, que viviera como chupándose la vida, robándosela gota a gota de éter, alguien con tanta habre de vida. Sé que lo he dicho muchas veces, pero decía Gore Vidal sobre Liman Frank Baum, creador de la afamada novela The Wonderful Wizard of Oz, que jamás autor alguno había mostrado so much wanting so as to create a whole new world for himself and others. Tanta querencia…

He descubierto que no sé nada de San Juan, a pesar de esta ser la columna número 68 de esta blogonovelacolumnaliterariamemoriademividacrónicadelaciudad. Y me gusta no saber nada. Me gusta sentirme como nene chiquito cuando llega abril, comprar una chiringa de las pocas que quedan en tiendillas del Paseo de Diego en Río Piedras, provenientes de la desaparecida Suárez Toy House, e irme al Morro a volarla. Me gusta caminar hacia Capetillo y maravillarme del vocabulario de los estudiantes de la escuela Vila Mayo, en su mayoría dominicanos, y el lenguaje tan profundamente distinto al que usamos nosotros (mucho más rico en palabras, para la edad de estos niños). Me gusta darme la vuelta por Carolina y escuchar el rumor de esa ciudad, tan similar y tan distinta a San Juan, un rumor que sabe y huele a puro reggaeton, pero con raíces muchísimo más viejas que en cualquier otro lugar de la isla. Me encanta cuando sale el Maratón de San Blas, y cuando uno de nosotros llega en sexto lugar, aunque sea un sexto lugar, de entre rusos y kenianos. Pero sobretodo, adoro esas ínfimas veces en que, entre sueños de marihuana, mi conciencia se une al dolor colectivo de la ciudad.

Tanta querencia… Me doy cuenta de que amo a Puerto Rico como pequeña gran ciudad de mierda y esmeraldas, a San Juan como pequeño viejo vestigio de una época esplendorosa que se nos fue y no nos hemos dado cuenta todavía. Y sobretodo me amo como un ser humano underdog que vive al filo de la katana, chupándose la vida desde la sombrita, sin que nadie lo sepa, sin sospecha alguna.

Después de todo, San Juan me vio crecido ya, y fue San Juan quien me consoló de no saber nada de mi familia. Porque no conozco la historia de mi sangre. No sé porqué cuando hablo inglés me sale en acento británico-irlandés, porque desde pequeño, siempre que preguntaba que pasó antes de nacer, mi mamá me contestaba con evasivas o me cambiaba el tema. –Tú eres muy chiquito para saber esas cosas. No preguntes, -era siempre su respuesta. He decidido que tal como la novela Everything is Illuminated de Johnathan Safran Foer, voy a contar la historia de mis genes a mi manera, inventándome lo que no sé, aunque resulte ser más un libro de fantasía que una autobiografía de corte de árbol genealógico.

Esta es una ciudad de nosotros, los que aún podemos sufrirla cada vez que renovamos el plan médico y perdemos el día sin poder lograrlo; cada vez que queremos llegar temprano al trabajo y el tapón de Bayamón a San Juan nos parte por medio; cada vez que llegamos veinte minutos tarde al cine por no encontrar parking en el multipisos; cada vez que un profesor se luce dándonos trabajo con cojones como si la suya fuera la única clase que cogemos; cada día que un cabrón mata a uno de tus amigos; cada vez que chingamos sin condón solamente para saber cómo se siente la leche caliente dentro de nosotros… Esta es una ciudad de nosotros, donde la dignidad es decir “que se joda, la última la paga el diablo”. Yo digo que la última la paga San Juan misma.

Monday, February 06, 2006

El olor entre las piernas, cap. 67 Palaberinto Malfunctions

El olor entre las piernas,
cap. 67 Palaberinto Malfunctions
(celebrando los dos años de edad que tiene este blog
y el hecho de que se les olvidó a los del Nuevo Día
que esto también es un blog literario.
Muchas gracias por no mencionarme)

Tengo una molestia que espina los pulmones. Pero no es interna. Los otros días discutía con mis estudiantes los elementos de un cuento. Nos detuvimos un buen rato en el conflicto. El hombre vs. su entorno. Creo que esa es la molestia que llevo por dentro, que el país se me cae encima, y no toco fondo.

Ayer sábado encontré, en la página 35 del periódico El Nuevo Día, un error inperdonable en el palaberinto. Una de las palabras a buscar “Solar” estaba circulada ya, pero en el elipse que la encerraba, se leía “Olarar”. Siempre he pensado que los crucigramas y los palaberintos deben ser perfectos, que son el reflejo de las bases de un lenguaje que aún tan cambiante como es el español puertorriqueño, deben ser perfectos para que la fachada de un país culto y progresista se mantenga. Sólo cuando me di cuenta del error, y luego de buscar el término “Olarar” en el diccionario y no encontrar su significado, fue que entendí cuán jodido está este país.

La semana pasada asesinaron a un viejo amigo mío. Se llamaba el Jadmmal Luis Torres y era supervisor general en el Hospital Metropolitano. Conocí a Jadmmal por el nombre de Luis, porque a él no le gustaba su nombre que parecía árabe, mucho menos luego de los ataques del 9/11. Lo leí en el periódico, que lo encontraron desnudo en su bañera, en la que una vez yo me bañé, acuchillado siete veces, derramando sangre por el piso de su cuarto, cerca de la cama en la que alguna vez Luis y yo tuvimos sexo, porque Luis fue la primera persona que me hizo fistfucking, y sé que es un poco delicada la situación, pero hay que hablar de esto.

Luis no eyaculaba como el resto de nosotros, porque por alguna razón, según él mismo me dijo una vez, porque se había hecho una vasectomía, por razones que nunca me contó. Lo más que me impresionó fue su colección de arte, que enriqueció, o quiero pensar que así lo hizo, con dos de mi pinturas, que me compró hace tres o cuatro años atrás. Me dijo que las pondría en su oficina. Perdí contacto con él y nunca pude ver su oficina, ni mis pinturas en ella. Nunca más lo volví a ver, hasta anteayer en el periódico.

Gran parte de mi molestia con este país de mierda es el periodismo. Hace mucho tiempo quería escribir algo sobre ello, pero nada me inspiraba hacerlo. Me molesta que sea el asesinato de alguien cercano, y la cubierta de las noticias de ello, lo que me mueva a reaccionar. Me molestó que en las noticias del canal dos, cuatro y once, no tocaran el tema con delicadeza. Prácticamente le dejaron ver a todo Puerto Rico que Luis era maricón y que su asesino era un bugarrón amante suyo que acostumbraba ir a su casa. No tuvieron la diplomacia y el tacto que se hubiera tenido hacia ese tipo de sucesos once o doce años atrás. Y yo me imagino por qué. Y es que con la prensa amarillista y sensacional del mundo haciéndole la competencia al periodismo de verdad con revistitas como VEA, ¡HOLA! o programas como la basura de LA COMAY o EL GORDO Y LA FLACA, me imagino que el periodismo serio tuvo que ajustarse los pantalones y hacerle la competencia. Y entonces es cuando nos encontramos con un José Esteves haciendo chistes por la mañana en un programa que se supone que sea informativo, no comedia; o a un Jorge Rivera Nieves haciendo comentarios pueblerino fuera de lugar en vez de continuar siendo el respetable hombre ancla que siempre ha sido. O a lo mejor esto sólo me molesta porque me tocó cerca, porque me parece una “linda” manera de volver a ver a un viejo amigo con el que uno perdió contacto hace tan sólo tres o cuatro años. Aunque si así men sentí yo, no quiero imaginar cómo se sintieron sus familiares, sus exnovios, si alguna vez se permitió tener parejas, y sobretodo, sus amistades meas allegadas, de las cuales, yo no formaba parte.

El día de hoy leí que piensan quitar lass salas de emergencia de todos los hospitales del país, y me di cuenta de que el ese error mínimo en el palaberinto es un reflejo de todas cosas mínimas que están rotas y jodidas en este país, porque creo que de eso se trata, de cosas mínimas, millones de ellas como estrellas en el domo del cielo nocturno, muchas pequeñas cositas fallando y trabajando mal. Por eso es que es imposible arreglar este país. Lo macro está jodido porque lo micro está mal completamente, y no hay forma de arreglarlo.

Friday, January 27, 2006

el olor entre las piernas, cap. 66 Morderse la cola

el olor entre las piernas, cap. 66 Morderse la cola

Anoche Zisa me dijo que su madre tenía una gran capacidad para comenzar un cuento, seguir hablando de cosas que no vienen al caso, y retomar el cuento al final, no sin antes dejar a su audiencia impactada, porque todo lo que parecía no venir al caso, era crucial para su discurso. Me quedé boquiabierto, porque siempre he querido lograr algo así, desde que vi por primera a Abe Simpson, en la popular serie.

Sucede que hoy cai, por casualidad, en uno de esos edificios abandonados de Río Piedras. Me pareció extraño ver a un guardia municipal de los que va en bicicleta, entrando, y después a un chico que lo seguía. Cuando entré a investigar, me di cuenta de que el edificio era en realidad un hospitalillo y refugio de deambulantes. Había ropa usada, pero en buenas condiciones, tirada por todos lados, junto con jeringuillas, y bolsitas de plás tico vacías, cucharas quemadas y mucha basura. Pensé que mis pasos sonarían al pasar por encima de todo lo que era papel, y que rechinarían al subir las escaleras de madera barnizada, que en su tiempo debieron haber sido muy hermosas. Nada de eso, el silencio pareció consumirme enteramente. Muy sigiloso subí los escalones, hasta que los vi. El guardia tenía sus pantalones cortos en los tobillos, los calzoncillos blancos también, doblado y mirando hacia al otro lado del edificio, mientras el muchacho, un atleta de la universidad que reconocí inmediatamente, desnudo lo clavaba por detrás. No pude creer mi suerte, y deseé haber tenido mi cámara, que siempre llevo conmigo, y hoy la dejé. De repente, el atleta comenzó a rugir. Intuí que se estaba viniendo. Cuando sacó su miembro del culo del guardia, me di cuenta de que no tenía condón. A continuación, el atleta se “asumió la posición”, y el guardia lo clavó, también sin condón. Me avisó que estaba a punto de venirse, cuando sus gruñidos se unieron a los del atleta. Decidí que el espectáculo se había terminado para mí, y que era buena idea irme.

Río Piedras nunca deja de descepcionarme, me dije, recordando varios días atrás, cuando vi a una deambulante pidiendo en una luz cercana a la UPR. Vestía un brassiere deportivo blanco que acentuaba sus pezones y un mameluco de mahón azul. Lo más impresionante fue que estaba casi calva. Sólo portaba tres moñitos esporádicos de pelo. El resto de su cabeza tenía la piel desnuda, no afeitada, sino simplemente calva. El shock me obligó a darle el único $1.50 que me quedaba. Me lo agradeció diciéndome que porque yo era hombre era un cabrón, que todos los hombres son unos cabrones, y que ella se merecía más de $1.50, que me cagara en mi madre, y me los estrujara en el pecho. Pero no me devolvió el dinero.

Hace tiempo que no escribía. Se lo atribuyo al hecho de que me compré un carro, y no estoy viajando por transporte público. Ya no tengo muchas historias que contar. San Juan se me queda grande, Río Piedras se me infla, para dejarme solo, como si tuviera estrías en la piel que quedan cuando se pierde demasiado peso demasiado rápido. Aunque puedo escribir mi historia con los carros, que siempre ha sido una mezcla de ciencia ficción con realismo cruel teatral. Mi primer carro, cuando llegué a Puerto Rico, me costó $500 y era un Mazda 323 del 87’ gris. Siempre me dio problemas. Una vez por poco choco, porque fui a dar una curva y me quedé con el guía en la mano. Desde entonces, siempre le he tenido fobia a los carros, pero me da con nombrarlos. Aquel se llamaba “ El Buga”, abreviación de bugarrón, como el guardia municipal y el atleta (el último de estos sé, de hecho, que tiene novia). Al carro que tengo ahora no le he puesto nombre. Es un Nissán Sentra del 97’, de un color que todavía no lo gro identificar. Se parece mucho al color de las ixias, unas flores que crecen sólo en Lyon, Francia, que son tan pálidas que parecen transparentes, aunque portan una coloración azul acqua opaco. Lo que me recuerda, que esas flores las descubrí porque tenía una amiga en escuela superior en Hartford que se llamaba así mismo, Ixia. Tenía el cabello negro, largo hasta las rodillas, ojos achinados, o más bien, hawaiianos, y una cara muy hermosa. Solía estar enamorado de ella, aunque ya para ese entonces, sabía que era gay. Supongo que era uno de esos crushes que nacen del peer pressure. A Ixia le gustaba mucho ver pornografía gay.

La señora que me vendió el carro, sucede que es compañera de trabajo, maestra en la academia desaparecida de la cual jamás volveré a hablar, porque esa parte de San Juan se la comió mis oscuridad en uno de mis últimos espirales. Me dijo que el carrito estaba bueno, que sólo tenía 44,000 millas, que ella lo había comprado y que lo utilizaba para cruzar la avenidad Doña Felisa Rincón, esa que baja hasta Los Paseos, porque aunque ella vivía al otro lado de la avenida, no podía cruzar a pie para trabajar en la Academia, porque padecía de la rodilla. Lo que me acuerda que mi rodilla todavía duele, y que se acerca un espiral lleno de pesadillas de pierna rota, como se acerca otro espiral de sueños con estudiantes a los que he herido y hecho llorar, porque me he dado cuenta de que no sirvo para maestro, porque aunque tengo el don, no tengo la paciencia para bregar con niños. En fin, que la maestra quiere retirarse, y pensó en mí para que ocupe su posición. No sé qué decirle, porque me entusiasma la idea de cambiar de ambiente, dejar a 4to, 5to y 6to, para enseñar a 10mo, 11 y 12.

Al carro no le había puesto nombre, pero he pensado en varias opciones. Me vino a la mente “Pato Lindo”, en honor a Alex Trujillo, un traficante de drogas que anda prófugo, dueño de uno de los puntos en un residencial del que no me acuerdo, y que se viste de mujer. No sé, pero me seduce mucho la idea de que el dueño de un punto se vista de mujer, lo que me acuerda que mi amigo Daniel Álvarez me contó que una vez se tiró a un caco en una playa, que le dijo que quería que se lo metiera, pero que le diera un break en lo que se cambiaba de ropa, poniéndose un trajecito de mujer corto, de mahón, mientras Jamie Sunflowers, una draga muy conocida en la ciudad, lo ayudaba a vestirse. Me dijo mi amigo, que se lo metió así, porque qué diablos, aunque no le tripeaba la idea, estaba un poco ebrio y muy bellaco.

Pero creo que Pato Lindo es un nombre demasiado fuerte para un carro tan grande. He pensado mejor ponerle “Vampi”, en honor al atacante de mujeres que anda suelto por el país que se la pasa chupándole la sangre a la gente. Si yo fuera mujer y me atacara un salvaje de esos, le entraría a carterazo limpio, y le gritaría algo así como: “¡Estás cabrón! Te toleraría más que trataras de violarme, ¿pero esto? ¡No Señor! ¡Mi cuello me lo dejas quieto, so cabrón!”

En fin, creo que Vampi no es tampoco el nombre que busco para el carrito nuevo. Debo decir que mi malísima experiencia con los autos, ahora porque mi carrito nuevo está botando aceite por una de las juntas del motor, me ha inspirado dos cuentos, ambos rechazados durante años consecutivos en el ventiúnico certamen literario que vale la pena del país: el de El Nuevo Día. Los cuentos se llaman “Bleeding Hummingbird” y “Salem Lights”, curiosamente ambos ostentan títulos en inglés aunque son en español. Creo que si me da mucho problema este carro, haré lo que el personaje de “Salem Lights” durante el metapuff (como le llamo a la última halada de cigarrillo): tirarle la cherry en el charco de gasolina que botó por debajo y verlo estallar desde la distancia.

Me alegra el saber que siempre puedo contar con gente imaginaria como la mamá de Zisa, y sus cuentos que se muerden la cola. Creo que le llamaré a mi carrito, BUGA JR., en honor al guardia municipal, al atleta y a mi querido BUGA I por haberme servido fielmente durante 5 hermosos años de mi vida en esta magnífica ciudad.

Monday, January 09, 2006

el olor entre las piernas, cap. 65 Queenbee Chinese Rose Soap, 3x$1

El olor entre las piernas, cap. 64, Queen Bee Chinese Rose Soap, 3 x $1

La única alternativa que me deja la ciudad durante la Navidad es huir de ella. Me refugié en casa de mi pariente, en Coamo, y me prometí sobrevivir este invierno haciendo turismo interno. Hacia tiempo que quería ir a Barranquitas a ver la nueva bioblioteca de la plaza del pueblo, así que hoy fuimos mi pariente y yo.

Sucede que el camino de Coamo a Barranquitas está plagado de curvas que más bien son U-turns, y después de pegarle par de gritos a mi pariente por no estar pendiente de la carretera, llegamos a un punto en la carretera desde el cual se veía perfectamente el Cañón de San Cristóbal. Nunca había visto algo tan majestuoso. Tiene que ver con tanta tierra abriéndose para tragarse el mundo. Creo que mi ánima general en invierno es eso, tirarme de cabeza al cañón y dejar que la tierra se abra y me trague.

Un poco más adelante había una tienda a mano izquierda cuyo nombre estaba cubierto por pinturas enmarcadas, soles y lunas en cereamica y muñecas de porcelana. Me pareció genial la mezcla tan distintiva de productos a vender que ofrecí ala tienda. Seguimos nuestro camino a Barranquitas, y no se nos hizo difícil encontrar la tan pequeña plaza. Era un paraíso en medio de tanto verde, tan arriba cerca del cielo. Eso es la plaza de Barranquitas: un pedazo de cielo, muy decorado, en algo se me parecía a los griegos, debió haber sido el mármol en las escaleras y el piso, el granito, o el precioso gazebo que pusieron en el medio ataviado de cuatro estatuas romanas. Con los adornos de Navidad se veía regia. Con la bioblioteca nueva, se veía magnífica.

La biobliteca se erige justo al lado del Centro Cultural. Su fachada externa es de cristal, sus sillas azules con lámparas azuels en mesas blancas, una bella escultura colgante de varias capas de cristal de colores y diseños atrevidos para una biblioteca, la cual parecía realmente una obra de arte en sí misma. En la fachada exterior, cae un frontón magnánimo, con magnánimas palabras escritas en él, que por haber sido dichas por don Luis Muñoz Marín, no les presté atención alguna. Tuve que acordarme varias veces de que estaba en el pueblo natal del póstumo, para no meter la pata como lo hago siempre y decir alguna estupidez en su contra. Después de todo, el museo de Luis Muños Marín estaba exactamente detreas del Centro Cultural, que junto con la bioblioteca nueva, permanecían cerrados, porque son administrados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, que está de vacaciones en estos días, hasta el 10 de enero. Fui a la alcaldía a ver si alguien me abría la bioblioteca y me daba un tour. Después de todo, estaba haciendo turismo interno. Les dije que había venido de San Juan, que soy maestro en una academia negrera y que no tenía demasiados días de vacaciones para malgastar dándome semejante viaje desde la capital.

-¿De veras? ¿Desde San Juan? –me preguntó la dependiente de la alcaldía muy entusiasmada, demasiado diría yo, pues se reía muy pervertidamente, mientras le decía a su compañera de trabajo, -¡Mira! ¡Vienen desde San Juan!

No me abrieron la bioblioteca. Así que nos fuimos a caminar por las tiendas de alrededor de la plaza. Entramos a una que se llama SUPER GANGAS, que es como un 1,2,3 pero más isleño, más de campo, relleno de todos esos juguetes trilili bien baratos que los niños odian y a los adultos les resuelve, especialmente en épocas como ésta. Tenía un rack completo de figuras de acción de 8” de Spiderman, mal pintadas, sin nada de realismo… bueno yo no estaba esperando encontrarme con alguna que otra colleción de MacFarlane, pero inclusive, en la entrepierna de los Spidermans se notaba claro el mecanismo de rotación. Spiderman action figure: 3 X $2.50. Me imagino que las abuelitas del pueblo hicieron su agosto en diciembre.

Allí había un hombre que me imagino que era el ventiúnico maricón del pueblo. Tenía preciosos ojos azules, un rostro bastante hermoso, y un cuerpo descojonado, que no se sabía donde terminaba el cuello y comenzaba la barriga. Se nos quedó mirando a los ojos a mí y a mi pariente, hasta que decidimos irnos de la tienda. De salida fue que los vi. Un paquete de jabones Queenbee Chinese Soap. 3 X $1.00.Los había de eucaplito, rosas, pachoulí y sándalo. Como las últimas dos no me gustan para nada, me decidí por los primeros, los cuales estaban envueltos en precioso papel chino verde y magenta respectivamente. Se me ocurrió que podría tratar de desenvolverlos cuidadosamente y coger el papel para hacer origami, hasta que me acordé de que nunca me ha salido bien, tan siquiera un avioncito de papel.

el olor entre las piernas, cap. 64 fireworks

el olor entre las piernas,
cap. 64
fireworks

FIREWORKS Twenty-two points, plus triple-word-score, plus fifty points for using all my letters. Game's over. I'm outta here.

El día de despedida de año, como parte de su proyecto de asimilarme a la Navidad, mi pariente me llevó al K-mart de Juana Díaz. Para sacarle partido a la expedición, le pedí que me llevara por la carretera vieja de Coamo a Juana Díaz. Me complació a regañadientes, pues la carretera está llena de hoyos.

Un poco antes del puente español, hay un bar a mano izquierda a cuya gente les tengo el mal de ojo puesto.

INSTRUCCIONES PARA LLEVAR A CABO UN MAL DE OJO EFECTIVO Y EXITOSO:

El mal de ojo no es otra cosa, según Migene González-Wippler, respetada escritora puertorriqueña de libros de esoterismo, que una concentración del poder personal de la bruja, o el mago, cargado de emociones y deseos negativos, y lanzados hacia una persona o grupo de personas en particular, sin necesidad de tener a la persona de frente.

La última vez que pasé frente a ese bar, un auto atropeyó a un perrito chihuahua. El perrito era adulto, pero aún así era diminuto, y como lo vi con mis propios ojos, le dije a mi pariente que detuviera el auto. Fui corriendo hacia donde él, a tratar de sacarlo de la carretera, para que no viniera otro carro y lo atropeyara más todavía, pues aún estaba vivo. Tenía par de colmillos rotos, que me dolieron meas a mí, pues me acordaron el cuento de Mara Pastor “A 3 dientes”. También me acordaron a Miroku, mi perrito dashund que me cuenta cuentos y me da ideas para mis novelas. Miroku, que siempre ha estado tan obsesionado con las historias que se muerden el rabo, que literalmente se mordió la cola y se la arrancó. Estuvo hospitalizado en Salinas por cuatro días. Anyway, la gente que estaba bebiendo en el bar ni se dignó a venir a socorrer al chihuahua herido, que por cierto, me mordió cuando traté de moverlo de la carretera. Me gritaron que lo dejara ahí, que ese perro se pasaba ladrando y jodiendo de noche.

De camino al K-mart, por la carretera vieja de Coamo a Juana Díaz, justo después del puente español, mi pariente me dice que a mano izquierda siempre hay un viejito sentado que le dice adiós a todo el mundo. Lo llamaré Don Hermenegildo, porque me tripea el nombre. Ese día Don Hermenegildo no estaba allí, y mi pariente me expresó su preocupación de que hubiera muerto.

Seguimos nuestro camino. Un poco más adelante, a mano izquierda hay un letrero verde que dice EL DESCALABRADO. Me pregunto quién se descalabró allí, y cuál fue su historia, porque con los nombres en español, y sobretodo, en Puerto Rico, hay que tener en cuenta que siempre tienen una historia detrás, o millones de ellas. Le pregunté a mi pariente, y me dijo que eso debía ser nuevo, porque no sabía qué era.

Finalmente, me dijo que aunque la carretera estaba jodida, le gustaba pasar por aquí porque le acordaba la época en que su padre los llevaba a todos ellos (a mi pariente y sus cinco hermanos, y a la madre de todos ellos) por esa carretera. Buscaban un lugar a la orilla, ponían una sábana, que me imagino que no era blanca de cuadritos rojos, y pasaban la tarde de los domingos comiendo pollo asado que compraba el papá y bebiendo Coca-Cola, refresco que para aquel tiempo ya había cambiado su composición química a lo que es el deia de hoy.

Ya no se ven familias enteras haciendo picnics a la orilla de la carretera. Ni se ven viejitos alegres diciéndole adiós a todo el que pasa frente a sus casas. Solamente están los realengos atropellados, descomponiéndose ante la vista de todo aquel que tiene ojos para ver, como mismo se descompone el país.

En K-mart, le compré una camisita para el frío a Miroku. Es azul y verde y dice BONE SNATCHER. Creo que pensará que es una camisita muy cool. Conociéndolo, estoy seguro de que le va a gustar. Probablemente me regale un cuento, esta Navidad. Me encantaría que fuera una novela.

Solamente quedaba algo por ver ese día. La despedida de año en Coamo. Mi pariente y yo arrancamos para cada de su hermana, mi cuñada. Estuvimos comiéndonos la mierda hasta las doce, viendo por TV los especiales de Navidad de los canales locales. En uno salió un listado de gente importante que falleció en el 2005, entre ellos Tony Croatto.

-¡Qué guapo era! –casi gritaron mi pariente, mi cuñada y la vecina de ésta al unísono.

Cuando enseñaron a Enrique Laguerre, todos gritaron “Uy, ¡qué cosa fea!”.

Supongo que ahora me doy cuenta de la importancia de Laguerre en nuestra literatura. Escribió unas novelas bajo el impulso de un movimiento literario al que le quedaba poco tiempo de vida, como a todos los movimientos artísticos de aquel tiempo tan lejano para mí. Supongo que eera el apocalipsis de los movimientos, porque ahora lo que tenemos es postmodernidad, que sinceramente todavía no encuentro con qué se come eso. Supongo que Laguerre tenía mucho que decir y pocos oídos, pocos ojos. Eso lo sé ahora, que ya no está. Sin embargo, me reafirmo en que una novela debe tener una misión, pero debe ser entretenida a la misma vez. Nunca se puede perder eso de vista, con nada que sea artístico. Aún así, me pregunto si a mí me pasará lo mismo cuando salgan mis libros, si la gente se hará de oídos y ojos sordos, si las palabras llegarán a su destino, o si todo este gran esfuerzo es en vano.

Una explosión me sacó de mis pensamientos. Salimos todos afuera de la casa, y los vimos. No sabía que esto es tradición en Coamo. A sólo dos minutos del conteo de medianoche, el árabe que vive cerca de casa de mi cuñada comenzó a disparar cohetes al aire. Fireworks dije para dentro de mí. En unos segundos comenzaron a salir cohetes de todas las casas de la urbanización y de todos lados adonde se podía observar en Coamo, cerca y a lo lejos, muchos, muchos cohetes llenando la noche de luciérnagas efímeras, como lo es todo en esta vida. En ese momento, mientras la gente me abrazaba y me decía “¡Felicidades!”, y yo les repetía lo mismo enmimismado y mecánicamente, me perdía en la belleza de los fireworks.

Monday, December 19, 2005

El olor entre las piernas, cap. 63 Puerta ancha

El olor entre las piernas,
Cap. 63 Puerta Ancha

En la calle Paraná, justo donde termina la Urb. Río Piedras Heights, a mano derecha, hay una gasolinera abandonada llena de fantasmas. No me di cuenta de cuánto tiempo hace que está abandonada. Debe llevar tres años la hiedra que se la va trepando, la hiedra la monta, y la gasolinera se deja montar, como una mambó en éxtasis de vèves, loas y gallinas muertas. Dije hace tiempo que quería escribir un ensayo bien Sci-fi. Creo que se me ha dado la oportunidad.

La gasolinera, que sé que era una ISLA, se presenta como uno de esos espacios en la ciudad que no ve todo el mundo, un lugar de esos ofuscados, escondidos por la velocidad misma de los animales de ciudad. Me detengo en esa parada, la que le queda justo de frente, y camino hasta sentarme cerca de lo que antes era una bomba. Ni siquiera hay ratas, ni cucarachas, ni hormigas bravas con sus frágiles hormigueros. Exceptuándome, solamente respira una nada fantástica, como la que amenazaba con comerse a la tierra de Fantasía, la que todavía se puede accesar via The Neverending Story de Michael Ende.

Me siento allí, en parte esperando ilusamente que me coma la nada. Sopla un poco de viento, y de repente, las nubes confabulan para ponerse todas grises y provocarme un momento sublime. Saco mi libreta. Esto lo tengo que escribir.

Reviso el letrero con el precio de la gasolina. Este establecimiento lleva no menos de 3 años abandonado, pues al momento de cerrar, el letrero leía 35 Premium, 32 Regular. Me viene una pregunta a la mente, que lugo desatará muchas preguntas más, porque mi momento sublime no terminará aquí, en este abandonado punto de la capital. ¿Cómo fue el último día de trabajo de esta gasolinera? ¿Qué diablos pasó que se fueron y dejaron las bombas y hasta el precio en el letrero? ¿Cómo la pasaron los que trabajaron allí por última vez?

Decidí entrar a la ferretería que le queda cerca pero más abajo. Le pregunté a un señor que parecía estar congelado en el tiempo, genéticamente. No tenía ni una sola arruga. Su piel era tersa. Era un hombre sumamente guapo de ojos claros, pero su cabello estaba lleno de canas. Me dijo que esa gasolinera había cerrado en el 2001 (¡tanto tiempo ha pasado y ni me había fijado! Debe ser la ofuscación, el mero despiste), que él mismo fue gerente y procedió a contarme el último día de la gasolinera.

Sucede que el dueño la vendió de la noche a la mañana, a un matrimonio joven que pereció en un accidente de tránsito la misma noche en que le pagaron al hombre en efectivo. El accidente fue aparatoso. Un conductor ebrio se comió una luz y los partió por medio. A la mujer la reconocieron por la caja de dientes. A los empleados no le dijeron nada, sino hasta el último minuto, cuando llegó el jefe a decirles que cerraran bien cuando terminaran su turno, que “estos son sus cheques de liquidación y buena suerte en sus vidas, desde mañana esto es de otra gente”. Abrió la caja registradora ante la mirada completamente sorprendida del hombre joven de pelo blanco que hablaba conmigo, sacó el dinero hecho, el petty, cuadró la ATH y se fue sin tan siquiera explicar por qué no le dio a los empleados un plazo de dos semanas para que se consiguieran otro empleo. La gasolinera jamás reabriría.

Cuando me dijo todo eso sentí como se me erizaban los pelos, producto de haber descubierto algo que nadie excepto yo podía saber. Lo cual no es cierto, porque nada de esta bochinche es cierto. No hay tal hombre de pelo blanco, y la gasolinera nadie sabe qué carajo pasó con ella. Esa es sólo mi teoría, aunque es cierto que para escribirla, tenía que bajarme de la guagua.

Volví a montarme en la C-18, mientras un millón de preguntas me asaltaban la mente: ¿Cuántos cuadrados verdes, blancos, amarillos y menta posee la fachada del edificio nuevo situado donde antes estaba el Fondo del Seguro del Estado, en la calle que antes era la Ave. Ponce de León en ruta hacia Cupey? Porque ambos, el edificio y la calle han quedado innombrados. El edificio tiene una bonita fuente siempre encendida, pero no tiene título, y nadie sabe qué carajo es y para qué sirve ahora. Sólo queda su pasado. Próxima pregunta: ¿en qué momento la Ave. Ponce de León se dividió entre ésta, la carreterra vieja de Caguas, y la “viejísima”? ¿Cuántas gotas de lluvia tienen que caerme en el pelo para enfermarme, y por qué cuando me ducho no me enfermo, si gua es agua dondequiera que esté? ¿Es que el agua de lluvia tiene una composición química significativamente distinta que me produzca grandes cantidades de flema? ¿Cuántas estudiantes de intercambio tiene que pasarme por el lado con sus paraguas en Río Piedras antes de que saquen un ojo?

En mi CD Player, Mima me mima hablándome de una puerta ancha. Santo camino furtivo. Eso es lo que es Río Piedras, un camino lleno de elementos furtivos, escondidos, la ciudad per sé es eso, una ciudad no apta para despistados, obtusa y ofuscada. Una ciudad de ciencia ficción para miopes psíquicos que ven más allá. Antes no era así, y me pregunto si en el futuro, y aquí entra el cuestionamiento Sci-fi, tan necesario para la Sci-fi, Río Piedras y San Juan seguirán destapando sus lugares íntimos como criaturas heridas enseñando las vísceras. Antes no era así. Recuerdo cuando tenía cuatro años, par de meses antes de irme de Puerto Rico. Mi mamá me llevaba en guagua al Paseo de Diego. Todas las tiendas estaban abiertas. Había mucha gente y daba gusto ir a comprar allí. Ahora la mayoría de las tiendas cierran al poco tiempo para vender sus espacios a gente que montará otras tiendas que cerrarán a los tres meses. En los ’80, San Juan era más funcional. Pero ahora, estando tan desnuda, tiene más sentido.

Monday, December 12, 2005

El olor entre las piernas, cap. 62 Dog of the King

El olor entre las piernas, Cap. 62 Dog of the King


Sucede que las pesadillas parecen no terminar. Mis estudiantes de 4to grado se transforman en guerrilleros al mando del comandante Marcos, buscándome para matarme. Me despierto 5, 9, 12 veces en la noche, como gato pegado al techo, erizado, azorado.

Ayer decidí romper el ciclo. Humedece el corazón, David Caleb, me decía una y otra vez mientras meditaba, buscando vaciar la demasiada luz de adentro. Necesito oscuridad.

Tan pronto llegué del trabajo me acosté a dormir, arrullándome con la fantasía sexual de turno, de esas estilo knight/squire, en donde rescato a un muchachito desnudo de las garras de una bruja maligna que se transforma en dragón, muchachito que en el mundo real podría llevar el rostro de cualquier estudiante bonito de grado doce. Me lo llevo a caballo, sentado en mi falda, mientras lo voy penetrando con cada galope, muy a lo Como agua para chocolate. Nos detenemos en mi castillo, lo llevo a mi alcoba, y le hago el amor más profundamente, mientras observo su rostro blano ponerse rojo de la vergüenza al decirle que será mío por siempre, mi putita. Me vengo dentro y le doy un par de nalgadas. Luego lo abrazo y le digo cosas bonitas al oído que lo hacen sonreír y abrazarse más a mí.

Carta de reglas y derechos para fantasiosos sexuales

1. Tus fantasías son tuyas. No hay límite de temas, siempre y cuando se tenga claro que es una FANTASÍA. Algunos leerán esto y querrán tener sexo con mi caballo, en vez de con mi muchachito. ¡Son unos pervertidos!
2. Las fantasías deben ser en tres actos, porque si no, es fácil perder la concentración en los diálogos.
3. Los uniformes en las fantasías sexuales deben estar planchados y debidamente almidonados.
4. Los animales que participen en las orgías mentales no deben ser aves de ningún tipo, con la salvedad de gallinas dedicadas a algún loa, y deben estar inscritas con el vève ccorrespondiente; los mamíferos deben estar cepillados, los peces deben ser de agua dulce, y por nada del mundo se deben comer insectos. Las cucarachas no son admisibles.

Luego de levantarme, fui a Walgreens a ver si había algo interesante que ver. En el camino me dediqué a pensar sobre las palabras IRELAND y PEDANTE. N se me había ocurrido IRELAND significa LAND of IRE, o tierra de la ira, lo cual explica mucho del carácter de la gente que vive allí. Tampoco se me había ocurrido antes que PEDANTE viene de PEDO, que es la forma pipirisnais de decir PEO en América Latina y España. Así que pedante es alguien que se tira muchos peos. En medio de tantas divagaciones, vi a Kalman Barsy caminando hacia el mega party que se estaba formando en el redondel de Santa Rita, el de la calle Humacao, que no es más que el hueco más grande y cozy de Río Piedras.

Una vez en Walgreens, encontré los mismos fantasma y espíritus de cemento de lo que era el CUE, que siempre encuentro cuando entro a ese lugar. En las películas, alcancé a ver una western de Anne Oakley, la pistolera más rápida del mundo, según the Bride en Kill Bill, vol. 2. Me vi en la tentación de comprar el DVD, pero los motivos me fueron insuficientes.

Salí de Walgreens con las manos vacías y dejando al espíritu chocarrero del viejo edificio gritándome a mis espaldas. Mientras subía la Av.e Universidad, me llamó el reggaetón que salía del hoyo. Mis ganass de meterme aumentaron. Allí estaba Kalman Barsy, sentado en el banquito de arriba, observando a la gente desde su punto panóptico. Probablemente estaba haciendo algún estudio antropomórfico de la sociedad puertorriqueña. Porque es que dondequiera que haya reggaetón hay cosas que ver y escuchar, como por ejemplo, la Glory debe estar millonaria, porque ella le hace el backvoice a todos los cantantes de reggaeton que he escuchado hasta ahora. Dame, dame más duro… Papi, fulletéame el tanque que estoy empty… Dame más gasolina… esas son sólo tres piezas donde sale la cabroncita cantando, con tres raperos distintos. Moisés me contó su experiencia antropomórfica en el más reciente concierto de Ednita. Había mujeres y patos que no se sentaron nunca, cantando y actuando las canciones. Y es que a Ednita la escucha en este país la gente despechada. Y sólo hay dos grupos que caen en esa categoría en esta ínsula tan extraña: los patos y las mujeres. Tengo amigos patos que viajaron en manada desde Hartford sólo para verla. Y Moisés tiene panas que vinieron desde Nueva York en bandada.

El reggaetón me seguía llamando y en las de acercarme me encontré con Karen, mi amiga escritora que estuvo en el último taller de Mayra, y Beatrice, nuestra amiga israelí de intercambio, cuyo nombre verdadero es Zisa. Estuvimos bailando durante dos horas, ffumando cigarrillos que nos proveía Karen y grajéandonos mientras nos pasábamos el humo de boca a boca. Hacíamos sandwiches, mientras yo le culeaba a Karen y Zisa me culeaba a mí.

-David, I wanna fuck your virgin ass. –me dijo Zisa.
-Whenever you want, lassy. – le dije en mi mejor inglés con acento irlandés. But you buy the strap-on, eh?. –le repliqué, mientras a mi mente venían las palabras land of ire! Land of ire! Land of ire!

Después de un rato le pregunté a Zisa que significaba su nombre. Me dijo que “sweet”. Y me dijo que David significa “King”, y que Caleb significa “dog”.

-So you are the King’s dog! –me dijo ella se fumaba el último cigarrillo.
-Oh, honey no, on the contrary, I am the DOG OF THE KING.

Tuesday, November 29, 2005

el olor entre las piernas, cap. 61 Pena, penita pena, o la noche en que Rosalina y yo fuimos Sherlock Holmes

El olor entre las piernas,
cap. 61
Pena penita pena, o la noche en que Rosalina y yo fuimos Sherlock Holmes

Ayer, 29 de noviembre de 2005, mi vida cobró sentido, aunque por tan sólo media hora. Rosalina se apareció por mi cuarto, luego de dos semanas sin verla. Creo que la había traído con el pensamiento, porque tenía planeado dejarle una nota suicida debajo de la puerta de su cuarto. Antes nos dejábamos cuentos. No se lo dije, y probablemente nunca lo haga, pero la nota decía algo así:

“Lo más triste de todo, es que nunca regresaste de España. Siempre te voy a querer, en este mundo o en Oz,
DC”

He decidido que esas serán mis últimas palabras si algún día, por la razón que fuera, me administrasen la pena de muerte.

Rose y yo nos fuimos a Burger King, porque no podía dilucidar el por qué llevaba desde el domingo sin dormir. He tenido pesadillas. Sueño con gente muerta. Dentro de esta clasificación hay tres grupos: los muertos que se me han muerto que he conocido en mi vida (Reynaldo, mi padre, Sandy…), los muertos futuros que todavía están vivos (Mayra, mi pariente, Moe, Juancarlos, mi hermana, mi madre…), y los muertos que nunca conocí, pero que se que están en el pasado de mi sangre (mi abuela británica que murió veinte años antes de yo nacer, mi tío gay que murió de SIDA…). Todos han estado apareciendo desde el domingo en la noche.

-¿Qué crees que sea esto? –me preguntó mi pariente por teléfono, inquiriendo seguramente sobre alguna explicación sobrenatural, ominosa y muy jugosa.
-No sé, honestamente NPI. Creo que necesito bajar presión por todos lados. Estoy en stress y ya se está viendo. No estoy escribiendo como antes, me cuesta trabajo leer y terminar un libro, cuando antes me leía cinco por semana. Me gusta mi trabajo de maestro, pero me chupa demasiado. Quisiera editar OZ y ponerme a traducirla al español. Hacerlo ya de una vez y dejar de estar posponiéndolo por vagancias mías. Pero no tengo ánimo. Creo que estoy pasando por la peor depresión de mi vida y creo que es hora de salir corriendo adonde un psiquiatra, qué sé yo, que me dé una pepa y enpastillarme por par de meses en lo que puedo bregar con mi vida.

Mientras se lo decía a Rosalina en Burger King, comenzaron a tocar canciones de los 80’s de fondo. Doy un puñetazo en la mesa y grito con ganas: PUÑETA, ¡ODIO LA MÚSICA DE LOS OCHENTA! Rosalina arqueó una de sus cejas, muy María Félix y me dijo que era todo un drama queen. Y le dije que sí, que con mucho orgullo. Nos fuimos de allí, y al caminar de regreso a la Resi, fue que las vimos: un montón de cruces blancas con paños negros y nombres escritos en rojo. Nos estuvo curioso, porque el primer nombre leía SPENCER GOODMAN. Rings a bell…

Me dio con sacar la libreta del bultito gris y negro con el que siempre ando, incluso a la escuela donde trabajo, por aquello de que me dé con escribir algo. En el próximo poste había otra cruz. Leía: DAVID HICKS. Rings too much bells…
A Rosalina le pareció una propuesta artística, especialmente cuando vimos que en cada poste de luz había una cruz con un nombre distinto: RANDALL HAFDAHL, TRACY HOUSEL, TUAN NGUYEN, DANIEL ZIRKLE, MARILYN PLANTZ, CHARLIE LIVINGSTON, WALTER WILLIAMS, JESSE DE LA ROSA, GARY LEE DAVIS… El último que verificamos, cuando llegamos desde la Resi hasta el puente que cruza la Ponce de León por encima de la Ave. Central fue el de MICHAEL EUGENE SHARP.

-David, esto debe ser algo en contra de los soldados muertos en Irak.
-O puede ser recordando a gente muerta. Es que Rose, tres o cuatro de estos nombres me suenan demasiado. Los tengo en la parte de atrás de la cabeza. Me suenan demasiado familiares.
-Ay, David. Me siento como Sherlock Holmes.
-Yo también y eso me asusta, pero está cool porque por lo menos por media hora, mi vida ha cobrado sentido.
-¿Los buscamos en Internet?
-Me leíste la mente, eso mismo.

Sucede que las últimas palabras de Randall Hefdahl fueron las siguientes: "All I want to say, I love you. Approximately 28 years ago, I remember looking down at a bassinet. I saw an angel. I am looking at her right now. I love you Colleen. Let's get going. The road goes on forever and the party never ends. Let's rock and roll. Let's go Warden. Me and you, all of us. Remember Wet Willie. Keep on smiling, keep smiling. I love you. It's on the way, I can feel it. It's OK baby, we have a party to go to." Luego de esto, le aplicaron la inyección letal el 31 de enero de 2002.

Se me heló la piel cuando hice semejante descubrimiento. No quedó allí. Su última cena consistió de "A Chef salad with ranch dressing, double meat cheese burger (all the way), French fries, ketchup, and a chocolate shake."
Las palabras de Spencer Goodman fueron las siguientes: “To my family, I love them. To Kami, I love you and will always be with you. That’s it Warden.” Spencer fue ejecutado el 18 de enero de 2000 por inyección letal.

David Hicks es un australiano, capturado en Afganistán, acusado de conspirar contra el gobierno americano como miembro convertido a un grupo Talibán. Hace tres años espera la llegada de su ejecución detenido en Guantánamo Bay. Sus últimos pensamientos antes de su captura pueden ser accesados en http://blogs.salon.com/0001186. El penúltimo es escalofriante.

Tracy Lee Housel sonrió y miró con intensidad al carcelero, para luego recitar el salmo 23, y 2da carta a los corintios, cap. 5 versículo 17, que dice: “se ha ido lo viejo y ha llegado lo nuevo”. También se disculpó con la familia de la mujer que había asesinado, Jean Drew. Luego lo inyectaron el 12 de marzo de 2002.

A Marilyn Kay Plantz la inyectaron el 1 de mayo de 2001, por haber conspirado con su ex novio de la infancia para matar a su marido cuando éste llegara de su trabajo a las tantas de la madrugada, mientras ella y sus hijos dormían; para luego ella despertarse y ayudar a su ex a cargar el cuerpo hasta un lugar apartado donde le prendieron fuego para deshacerse de la evidencia y cobrar el seguro de vida. No encontré sus últimas palabras.

El relato de Jeff Emery fue uno de los que más me estremeció: In a very brief statement, Emery expressed love to a female friend who watched through glass a few feet away.
"You know how I feel about you," he said. "Take care of yourself. That's all I have to say."
As the drugs took effect, Emery gasped twice and exhaled deeply before he stopped moving.

Casi me sentí como esa mujer de quien se despidió. Tuve la imagen y pude vivirla en piel y carne fría.

Charlie Livingston fue el que más me impresionó. Sus últimas palabras fueron, y traduzco: “Todos ustedes me han traído aquí para ejecutarme, no para dar un discurso. Eso es todo”. Todavía no sé por qué fueron las más impactantes para mí.

Entre site y site conseguí un blog de un tal Mookie. Dejó de escribir en julio del 2005, y en su blog aparece un poster del musical de Broadway WICKED, basado en la novela de Gregory McGuire, que curiosamente es una revisión genial de El Mago de Oz, desde el punto de vista de la Wicked Witch of the West. Es una historia que apesta a Holocausto y que curiosamente, desde el principio, se siente como una sentencia de muerte hacia ella.

En el blog, encontré cinco entries que no voy a compartir en este espacio. Los mismos pueden ser accesados a través de un search cualquiera. Es el único bloguero que se llama, o llamaba Mookie. En esos entries, Mookie discute los cinco tipos de ejecución a través de la historia: la horca, el paredón, la cámara de gas, la silla eléctrica y la más reciente invención: la inyección letal, que es la única legal en Texas y Oklahoma, estados donde la pena de muerte es alarmante y escandalosamente común (en lo que lleva de año, más de 14 personas han sido ejecutadas). No dudo que TODOS ELLOS, se lo merecían. Pero de repente, se me ocurre que en un país donde la taza de pena de muerte es tan alta, es un país con GRAVES problemas que su misma sociedad no quiere admitir. Por eso no quiero la pena de muerte en mi país, porque admito que en Río Piedras hay un violador suelto que ha atacado a más de 17 mujeres y que DEFINITIVAMENTE se merece la pena. Admito que en mi país hay maridos abusadores que se merecen algo peor que la muerte. Y precisamente porque admito que mi país tiene GRAVES problemas, por eso mismo, no quiero la pena de muerte. Invito a quien sea a que me diga en la cara que soy un idealista de mierda, y que luego me la escupa. A esa gente tengo unas palabras sacadas de boca de Gandalf, de The Lord of the Rings: “Many people alive deserve to die, and many dead people deserve to live… Can you give them that, Frodo?” Y después hay quienes se atreven a decir que el género de la fantasía es una pérdida de tiempo, que no es “high literature” lo que sea que eso es.

Lo más que me llamó la atención de Mookie fueron estas palabras, y cito: “I do have a set of beliefs that I hold firm. I have to have them, other wise there is no point in living. Among my beliefs is the belief that all Dead should be remembered. Maybe not with a kind heart, but remembered all the same. You see if there is such a thing as a Soul, as I believe, I don't think it can stay intact with out someone remembering them. For example, lets take one of my convicts. Saturdays will be a good one, Bridge. Bridge may very well be in hell, good. But he will only remain in hell for as long as someone remembers him, and his deeds. Once he is forgotten, his soul will dissipate, and the 'Particles' (lack of a good word) will be used, with other particles, to form a new soul. Therefore whatever divine being creates souls will never run out and no one will have to go through what Rosemary did.
That is one thing that I believe. Call it odd. Call it crazy. Call it whatever you like. But its me. Its my Riffic. My thoughts. With out my own thoughts I wouldn't deserve the title Mookie Riffic.”

Cuando Rose y yo nos encontramos con Luis, mi vecino del piso 5, nos enteramos de que las cruces son parte de una propuesta en contra de la pena de muerte en Puerto Rico, que llevará mil cruces con mil nombres de gente en death row, o que han sido ejecutados ya, que irá por toda la Ave. Luis Muñoz Marín y la Ave. Ponce de León hasta el Capitolio. Al enterarnos, me sentí bien conectado a Rose, porque fuimos Sherlock Holmes, y nuestras vidas cobraron vida por par de horas.

Eso fue anoche. Esto es hoy. Moe me llamó que estaba por el vecindario y que me esperaba en la Tertulia. Me dijo que quería ir al cine a ver CAPOTE. Le dije que sí, no sabiendo que la película debió llamarse EL SUICIDIO LITERARIO Y REAL DE TRUMAN CAPOTE.

La película cuenta el momento en que Capote recorta una noticia de periódico sobre un asesinato en Kansas City. Desde ese momento, Capote viaja para entrevistarse con todas las personas que de alguna u otra forma habían sido víctimas de semejante tragedia. Eventualmente se dio cuenta de que ESE era el libro que tenía que escribir, para el cual había nacido, el libro que cambiaría el curso de la escritura futura para siempre, ya que sería el inicio de la novela nonfiction, que le ganó el galardón del escritor más importante de la historia de Estados Unidos. Pero el libro no estaría completo hasta que él lograra convercer a Perry Edward Smith, uno de los autores de la masacre, de ascendencia nativo-americana, de que le contara qué fue lo que exactamente había sucedido ese día. Durante los casi cuatro años de insistencia de Capote en que Perry le contara el cuento, Capote desarrolló una amistad con el preso, y hasta le pagó abogados que hicieran lo posible por agotar los appeals y extender la vida del confinado hasta sacarle los sucedido. Cuando finalmente lo logra, el libro está completo, pero Truman queda destrozado para siempre, pues como precio a pagar por haber fingido ser amigo del condenado para sacarle la información, lo ve mientras es ahorcado. Truman Capote terminó su libro, cuyo título IN COLD BLOOD, se traduce al español como A SANGRE FRÍA, y que está publicada bajo Anagrama. Capote nunca volvió a escribir y terminar un libro después de ese. Murió a consecuencia del uso y abuso del alcohol, en 1984, cuando este servidor apenas tenía 4 años de edad.

Yo como Mookie, creo que a los ejecutados hay que recordarlos. Con todo lo que eso implica. Yo los tengo albergados en mi OZ. Así como tengo a Capote bien adentro. Especialmente a Capote, que por querer dejar una huella en la historia se suicidó literariamente.

Friday, November 18, 2005

El olor entre las piernas, cap. 60 Sueños de pierna rota

El olor entre las piernas,
Cap. 60
Sueños de pierna rota

Escribir ya no se trata de escribir, sino de cuántas conexiones puedes hacer por minuto. Moe, mi hermano mayor, se fue para Rwanda y me tiene preocupado. No hace mucho me dijo que la primera vez que fue a África le impresionó la miseria hasta el punto de determinar que el mundo entero literalmente se olvidó de África. Lo cual me acuerda que San Juan y Puerto Rico entero se olvidaron de Río Piedras, que cada día se parece más a Boston, que siempre está en construcción, ciudad inacabada.

Me caí en Río Piedras y me lastimé la rodilla. Todavía no se si sabe si es el menisco y hay que operar. Me lo dirán hoy, cuando cojee hasta el casco de Río Piedras, pequeña ciudad incompleta, para buscar las radiografías. Yo mismo soy una pequeña ciudad, inacabada, incompleta.

Río Piedras poco a poco vuelve a ser lo que era antes, en los tiempos en que nací. Ahora, con la reconstrucción del cine Paradise, imagino que tendrá la vida nocturna que se merece, la que tenía antes. Eso, si el violador errante lo permite.

Anoche Rosalina me dijo que no puede seguir escribiendo "El orgasmo de las orquídeas" conmigo. La tesina, su clase de CIFI, la de francés y la de literatura medieval la tienen seca. Hablando de literatura medieval, no puedo dejar de establecer un paralelo entre mi amiga la medievalista, y la relación entre Mayra Santos y su amiga Aurora Lauzardo, la medievalista. Volviendo a nosotros, yo mismo tengo la tinta seca, aunque poco a poco, como mi Río Piedras, humedezco mi corazón. Le dije a Rosalina que se fuera de vuelta a España. De todas formas ella sigue allá, aun después de regresar a Puerto Rico.

Cojeo por Río Piedras, pensando que caminar por estas calles es como acelerar detrás de un hombre que de lejos parece bello, acelerar para alcanzarlo y verlo, para darme cuenta de que es uno más del montón.

Anoche soñé que estaba tullido, que me faltaba la pierna derecha. Soñé con un deambulante que se pasa en la nueva placita de Río Piedras, la que queda justo frente al viejo cine Paradise. Le dicen Rafa-Sin-Piernas porque está en silla de ruedas. Si le preguntas te dirá que las perdió en la PRIMERA Guerra Mundial. Si le preguntas su edad, te dirá que tiene 24, aunque parece de 42. Esto me acuerda que Moe me dijo que cuando volvió de su primer viaje a África, no podía concebir que persona alguna se quejara de nada. Tiene razón. Pero me duele la pierna. Y por primera vez en mi vida, soy tábula rasa. Estoy en blanco, y soñando sueños de pierna rota, en los cuales me tiro al piso del dolor, a gritar y a hacer un show, mientras Rafa-Sin-Piernas me mira con una ceja arqueada.

En este momento no sé si realmente soy escritor. Aunque para ser honesto, no sé hacer otra cosa. Quizás escribo para acabar lo que tengo inacabado, para darle barniz a lo estrujado, para sanar mi pierna, para devolver el estado de VIH- a mi templo, para darme el gustazo de la niñez que no tuve, para completar a todos mis amigos que sienta incompletos, para completar y reinventar mi Río Piedras... para darle un final, aunque no sea feliz, a mi mundo.

Thursday, November 17, 2005

El olor entre las piernas, cap. 59 En la guagua fantasma

El olor entre las piernas
Cap. 59
En la guagua fantasma

95-095. Esa guagua, que a veces es C-18, otras tantas B-28, es una AMA fantasma en una cudad con demasiados límites. Te montas en ella, y no importa si es a las 6:14 o a las 7:24am, si llueve o está soleado, las gotas caen a chorros del techo por ambos lados. Tienes que sentarte siempre en el medio.

Un nene de 7 años con una camisa y peinado de Chicken Little comienza a gritar "todavía!". Es que la guagua está llena, y los que estamos de pie (yo, con una rodilla rota), esperamos alertas y ávidos por un asiento, mientras esquivamos los chorros de agua; el nene grita "todavía!", mientras se escurre por el gentío de pie, y escurre también a su abuelita, tratando de llegar a tiempo a la puerta trasera, porque con tanta gente el conductor no puede verlos, a él por mico, a ella por la osteoporosis. "Todavía!" sigue gritando mientras yo me pregunto si puedo seguir escribiendo este libro. "Todavía!", vuelve a gritar, ya casi en la puerta. "YA!" vocifera finalmente, justo al salir, antes de que le caiga una gota en la frente, provocando la risa de los presentes.

Logro sentarme y descansar la rodilla. Abro mi pequeña sombrilla para desviar el chorro que me cae inmisericorde. La gente me mira mal. Es de mala suerte. Sobretodo en una guagua fantasma.

Espejuelos nuevos. Rodilla rota. Ayer me compré unos lentes nuevos. La receta me mareó. De 125 a 250, ambos ojos. La miopía ha progresado. No quiero terminar como Wandita la budista. Esa suena a la nueva novela de Ángel Lozada. Conmigo sería "No quiero terminar ciega y vacía".

Ayer me mareé y me caí de culo. No me di en la rodilla, pero me la jodí de todas formas. Espejuelos nuevos y todavía estoy mareado. Los chorros cayendo y todavía me pregunto si puedo terminar este libro. 30 días en lo que me ajusto a la receta. 30 días a ver si se me pasa el mareo. 30 días de guaguas fantasmas y chorros cayendo. Más personas abren sus sombrillas dentro de la guagua. 95-095, ese es su número.

Wednesday, November 02, 2005

El olor entre las piernas, Cap. 58 Con la pesetita haces magia

El olor entre las piernas
cap. 58
Con la pesetita haces magia

Esperaba la B4, mientras la Ave. Ponce de León se pintaba de turquesa ante el reflejo del sol rebotando del ventanal de cristal del nuevo complejo Plaza Universidad. La AMA llegó y me pregunté si recordaría el camino antes andado hacia Santillana.

Al montarme y como de costumbre en todo lugar, me senté en la parte de atrás, la que siempre está reservada para los elementos extraños y oscuros de la ciudad. En ella, tres tecatos y una tecata limpios (recién bañados y acicalados según ellos mismos) hablaban libremente sobre los beneficios del programa de metadona; y compartían muy amigablemente con una joven madre, su hija mayor (que vestía falda a cuadros y polo blanca: uniforme de 6to grado), una nena menor que jugaba con una botella de Powerade Fruit Punch congelado, y un varoncito de no más de tres años, a quien la hermana mayor tenía en su falda y a quien le enseñaba a leer de su propia libreta, mientras la madre atendía una llamada al celular.

La niñita abrió la botella de Powerade Fruit Punch y el nene se antojó del jugo.

-Chica, yo me endiablo! Tenías que abrir el jugo frente a éste? Ahora se va antojar. Hazme el favor y guárdala!

A continuación, la hermanita menor le devuelve la botella a la hermana mayor, quien gaurda la libreta en su bulto, abre la botella y le da un poco de jugo a su hermanito.

-Ya! Más nada. - le dice mientras le da un besito.

La madre sigue hablando por el celular. Una llamada importante. Pero no le quita el ojo a su hija mayor, mientras dibuja en su viso una sonrisa de profunddo orgullo. Uno de los tecatos le dice a la niña que ella ya es toda una madre, mientras abre una cajita de Dentine Strawberry Fiesta y comienza a repartilos sentr los tecatos, la tecata, la niña mayor, los dos hermanitos, la madre, y este servidor. Y los niños toman el chicle sin miedo a que fueron entregados por un extraño. El viejo proverbio de "no aceptes dulces de un extraño" no aplica nunca en la AMA, y muy bien, porque los refranes y proverbios traen más problemas que sabiduría popular.

Al fin llegamos a Centro Médico. La hija le dice a la madre que quiere unas tostadas. La madre le dice que no tiene dinero. La tecata (que había estado leyendo un libro de Vargas Llosa) le da una peseta y le dice: "Toma. Con la pesetita haces magia". Y en ese momento, cuando todos se bajaron, comencé a reírme ante esta situación tan demente.

Monday, October 17, 2005

El olor entre las piernas, Parte II, 57 Se busca violador en río Piedras

El olor entre las piernas
Parte II
Cap. 57
Se busca violador en Río Piedras

A todos aquellos que vivan eternamente preocupados por sus pájaras hermosas, atención. Hay un violador suelto por Río Piedras que ya ha atacado a 17 mujeres. Aunque lo cierto es que, si miran el dibujo que anda pegado por ahí en las tiendas del Paseo de Diego y en la Ave. Universidad, resultaría casi imposible identificarlo. Y es en esto que estriba esta columna.

Nunca he entendido bien la dinámica del bocetista que trabaja para la policía. Según innumerables episodios de Law and Order, la víctima va identificando características mientras el dibujante va haciendo su labor. "No, la frente es más ancha", deberá decir la víctima interrumpiendo la labor del artista, mientras éste se impacienta y comienza a borrar, preocupándose por la acidez del mismo, y cuántas dudas puede aguantar el papel. Me parecería un fastidio esa profesión. Yo terminaría mandando al carajo a la víctima, diciéndole algo así como: "¿Que no le viste la cara bien en 20 minutos que estuvo encima de ti? ¡No jodas!".

Pero creo que eso es de la boca para afuera. Yo mismo fui víctima de violación cuando pequeño. Creo que termino escribiendo esto, porque no sé quiénes fueron las desafortunadas 17 mujeres que cayeron presa de este desgraciado. Porque como no sé quiénes son, me parece que no tienen una voz que las represente, aunque sea una voz literaria. Porque sueño con un mundo en el que por lo menos, podamos hablar de esto sin que nos duela, sin tapujos, y sin murallas entre unos y otros. Porque hablando claro, las víctimas de crímenes sexuales deberíamos estar unidos, y nolo estamos.

En este tipo de casos, aconsejo a todos (as) aquéllos (as) que sean víctimas de ataques que le muerdan la ingle al agresor. Bash back! ¡Ojo por ojo, diente por diente! Cojan lo primero que encuentren, una piedra un palo, un bate, y súbanle un cuágulo de sangre al cerebro al que se atreva a agredirlos (as). Muerdan, escupan, hablen malo, amenacen, griten, arañen, pataleen, pero no se dejen bajar las faldas ni los pantalones, en cambio, sáquenle los ojos al muy cabrón violador. Hagan lo quepueda por no ser víctimas, porque una vez lo son, no hay forma de no serlo más.

Thursday, October 13, 2005

El olor entre las piernas, Epílogo Parte I

El olor entre las piernas
Epílogo Parte I

Después de varias consideraciones serias sobre todo lo que le falta a este libro, he decidido continuarlo. Sólo que si a algo pienso atenerme es que la ciudad ya no tiene culpa de mis desventuras.

Al día siguiente de mi perreta con el mundo, hablé con Rosalina. Era un sábado por la mañana. Fue difícil decirle que todo comenzó cuando se fue para España, recriminarle el haberse ido, para después pedirle disculpas por haberle dicho semejante burrada. Pero lo que más le dolió fue decirle que me hirió el que me dijera que yo quiero y amo a la gente mucho más de lo que me quieren a mí. Dolió por la veracidad de esas palabras.

Decidimos espantar el fantasma del drama yéndonos de compras por el Paseo de Diego de Río Piedras. Aprovechamos nuestro ataque dual de banalidad para recordar aquella vez que Loretta Collins nos llevó a la Plaza del Mercado como parte de su taller de escritura creativa, en busca de personajes y situaciones que narrar. De hecho, decidimos ir allí, al kioskito de Mrs. Batida, donde habíamos compartido una batida de guineo y fresa aquella vez, para darnos otra y meditar sobre la cualidad satánica de las patitas de cerdo y otras muchas consideraciones bestialísticas.

-Entonces mi madre es una bruja, -me dijo de repente. -Es que ella cocina mucho con patitas de cerdo.

Y es que de la manera en que colgaban las patitas de cerdo de los estantes salumeros, parecían yerbajos embrujados con aires de botánica. El hecho de que hubieran tantas botánicas y tiendas de cosas vintage cerca no ayudaba en nada a disipar la diabólica imagen.

Decidimos sentarnos en una de las mesas, yo a comerme un pedazo de bizcocho de limón de Sam's que no sé cómo dio a parar a la Plaza del Mercado, tierra de nadie congelada en el tiempo del siglo pasado. Ella se dedicó a beberse su batida.

-¿Te acuerdas de cuando comenzaste a escribir tu novela? Todo lo sacaste de aquí... ¿Te acuerdas de los personajes? ¿De cuando decías que iba a ser una trilogía?
-Rosa, todavía va a ser una trilogía.
-Yo me acuerdo cuando la comenzaste, que dijiste que la ibas a terminar en un mes y así lo hiciste.
-No hubiera podido hacerlo sin ti.
-Cierto es, que prácticamente la parimos juntos...

Nos referíamos a mi novela Celtic Knots, la cual eventualmente traduje como El Nudo Celta, y que está próxima a publicarse.

Revivimos el espacio verde en la Plaza del Mercado, ese espacio donde están las mesas que posee una luz verde gracias a un techo de vidrio que nadie se da cuenta que está allí, pero que le da una cierta magia de cómic al lugar. Fue ese verdor realmente lo que me hizo parir El Nudo Celta. Fue ese espacio también el que hizo que Rosa pariera Los Invisibles, su novela que comenzó conmigo y que estamos editando, el mismo espacio que me pidió continuar El olor entre las piernas.

Así que el espacio verde me llama para hablar un poco más de esta infame ciudad. De tan bella, chula y terrible que es. Y de lo mucho que la amo y a su gente. Si hay algo que he aprendido de todo este proceso es que a veces cuando pensamos que un libro está terminado, en realidad no lo está. No es que esto sea una lección tan profunda, creo que es lo más básico y tonto que se puede decir del proceso de escritura. Pero por básico y tonto, y tal vez clichoso, no deja de perder vigencia. Creo que la ciudad soy yo, que me habita como en el libro de la García Ramis, que me fluyen guaguas enteras y carnavales exagerados de dominicanos en Santurce por las venas, que tengo las paradas anuales de Halloween de patos y locas frente a Eros en el corazón, que queda mucho más por decir de la parada 15 que simplemente mencionar su pasado remoto de putas y ladrones, y que sobretodo San Juan es muchísimo más que una ciudad soñada, como en el libro auspiciado por el ICP, San Juan es un corazón latiente donde se concentra la vida. San Juan también es esa llaguita en el cielo de tu boca que sanaría si tan sólo dejaras de lamerla, pero simplemente no puedes. Y como no puedo dejar de lamerla, tengo que seguir escribiéndola.

Friday, October 07, 2005

El olor entre las piernas, Capítulo final de la Primera Parte, El olor entre las piernas

El olor entre las piernas
Cap. Final de la Primera Parte
El olor entre las piernas

A mi hermano Moisés Agosto


Este final me ha dolido demasiado. Lo he escrito ya cuatro veces y todavía no creo que me salga. “Escribe desde ese dolor, David Caleb, y serás un gran escritor”, palabras de Moe, mi querido Moe, mi amigo Moe, mi amante hermanito mayor Moe.

He decidido terminar este libro por tres razones. Primero, que estoy harto de culpar a la ciudad y al país, con todo lo jodidos que están, de la soledad que tengo pegada a la piel como alquitrán, como brea caliente que me come la epidermis lentamente, para que después un pendejo me vacíe un almohadón de plumas encima. Segundo, que este tratado, como todo libro de búsqueda, y éste no es la excepción, debe terminar frente a un espejo. Tercero, que ese espejo tiene nombre y se llama Moe.

A Moe lo conocí cuando se mudó para Puerto Rico hace mes y medio. Estaba muy ilusionado porque me había encantado uno de sus cuentos que aparece en una antología en la que salgo yo. Mis panas del taller de Mayra me lo presentaron en la librería. Y enseguida congeniamos. No diré los pormenores de mi relación con Moe, porque no vienen al caso. Lo único realmente importante, es que Moe y yo encontramos tanto terreno en común, desde el diagnóstico de VIH, hasta el de shingles; tantas experiencias compartidas, tanta similitud inmediata, que rápidamente nos dimos cuenta de que éramos un reflejo el uno del otro. Moe es lo que yo seguramente seré cuando tenga 37 años, y él me ve, y se ve a sí mismo cuando tenía 25, aunque siga pensando, por alguna razón que me evade, que tengo 22.

Para poder hablar de Moe, tengo que finalmente hacer lo que he estado posponiendo por tantos capítulos: ser honesto y hablar de mi familia. Los que me conocen saben que soy de Hartford, los que me han oído hablar inglés saben que tengo acento quasi británico (todo en mí es secondhand, ya deberían saberlo), pero pocos saben por qué. Mi padre era mitad puertorriqueño, mitad inglés, pero era un completo padre ausente. Él estaba allí solamente para decirme que no a todo lo que yo pedía. No puedes salir al parque porque es peligroso. No puedes jugar con el vecino porque tiene malas mañas. No por esto. No por aquello. No. No. No. Mi madre me amaba muchísimo hasta que finalmente me preguntó si yo era gay. Y es que no tuve un proceso de salir del clóset porque realmente nunca estuve allí. Yo era de esos niños precoces que siempre hacía dibujos de penes erectos detrás de la Biblia, del Cántico de Alabanzas a Jehová, en las paredes de los cubículos del baño, en las libretas que sabía que mis maestras iban a corregir, en especial la de ciencias, que era la de Mr. Jules, mi maestro de 6to grado. Tuvo que preguntármelo la buena de mi madre. Y tuve que decirle que sí porque siempre lo supe, aunque era Testigo de Jehová, me habían enseñado a querer a Jehová, y nunca había creído realmente en él. Era una doble vida que sé, ahora que lo pienso bien, que llegué a conciliar magistralmente en algún momento, aunque ahora mismo no sé, ni me acuerdo cómo.

Mi hermano mayor, Oliver, me rompió la nariz por ello. Y dos costillas. Eso fue a mis 14 años de edad. Ese mismo año me gradué de escuela superior, bien estofonamente. Durante ese largo verano cumplí los quince, y mientras pasaba el rito de hacerme hombre, curando heridas físicas y hemorragias internas, y a lo que esperaba que me pudieran remover los puntos de sutura, mi mamá me ayudó a hacer los trámites para venir a Puerto Rico a estudiar, tener beca y hospedarme. Fue lo último que hizo por mí antes de que ambos nos sumiéramos en un mutis que duró 4 años. Fue bueno que mi padre hubiera muerto el año anterior a todo esto. No creo que lo hubiera soportado.

Vine a Puerto Rico a estudiar y a terminar de hacerme hombre. Vine a ser libre y la libertad me hizo puta. Se me subió a la cabeza como se le sube la sidra a un bebé. Estaba solo y podía sacarle partido a la situación, así que hice de mi misión en la vida tirarme cuanto macho encontrara en los baños de la UPR de Humacao, y las duchas del Complejo Deportivo. Pero eso no fue suficiente, porque en Humacao casi no había ambiente gay. Así que por dos años completos comencé a autoflagelarme con la soledad, porque sabía que estaba solo en un país que me había visto nacer y crecer hasta los 4 años de edad, pero que se me antojaba foráneo, extraño y muy hostil. Humacao era hostil con el poco flujo de cultura que tiene la universidad, que en aquellos momentos era más una atalaya de pentecostales que un centro de estudios universales.

Hice lo increíble por mudarme a Rio Piedras. Para aquel momento ya tenía el “Buga”, mi carcachita gris (Mazda 323 1984) que me llevaba a todos lados. Junté la poca ropa y los muchos libros y me largué a la capital, haciendo el mismo pendejo recorrido que un siglo antes había comenzado la gente tan pobre como yo, que no tenía nada de culpa de terminar como personajes de una literatura tan estancada, insípida e infértil como la que dominaba en el país antes de la generación del 80.

No me mudé de inmediato a la Resi de adentro de la IUPI. En vez de ello, me mudé con un novio que no me quería para nada, justo al lado del pub El Ladrillo, al otro lado de la Ave. Universidad, cruzando la Ave. Muñoz Rivera. Se llamaba Héctor y era Wicca. Nunca olvidaré sus ojos azules. Bollocks! I’ve always been a bloody sucker for blue eyes. Y las orgías a las que me inició. Y todos los machos que nos tiramos juntos. Y todos los que se tiró sin consultarme, en nuestra maldita cama, que no era otra cosa que un trapo de caucho viejo lleno de cangrejitos de scabbies. Y todos los que me tiré yo en la Universidad a escondidas, porque es que siempre he sido una puta, y ya reza el dicho “once a whore always a whore”. Nunca olvidaré que el concepto entero del olor entre las piernas se lo debo a él, porque su sudor apestaba literalmente a vómito de perro y ropa de deambulante. Y se me hizo un olor demasiado familiar en Río Piedras, un olor que me perseguiría por siempre.

Luego de ello, sobreviví gracias a un amigo, que por cierto me tiré una noche, y nunca volvimos a hablarnos luego de ello. Después de aquella noche dormí en el piso hasta que conseguí un cupo en la Resi de adentro de la universidad.

Ese semestre me hice amigo de un muchacho que hoy odio con todas mis fuerzas, no tanto como a Héctor, pero Armando me gustaba mucho y soy tan puta que estuve ahí jodiéndolo hasta que me lo tiré. Entonces, me mandó al diablo, porque lo había hecho bajo presión y esa había sido su primera experiencia sexual. Entonces, me maldije a mí mismo una y otra vez, con malaspalabras puertorriqueñas, británicas, irlandesas y otras que venían a la mente en lenguajes extraños que todavía me acosan y me engañan diciéndome que son palabras en la Lengua del Origen. Me odié mucho ese semestre, y para demostrarme cuánto me tiré a más de ciento cincuenta hombres en los baños de la Universidad, porque como buena puta no me importaba si eran viejos, nenitos o gente de mi edad. A veces les pedía alguna aportación monetaria, cuando estaba bien arrancao. A veces pedía comida. No era fácil compartir un cuarto con cinco roommates, que muchas veces te comían la comida, te vaciaban la compra del clóset, que siempre dejabas con candado y lo encontrabas roto, tirado en el piso. Tan pronto pude, solicité cambio para Torre del Norte.

Entonces me odié más por querer hacer una familia de mis amistades. Si funcionaba en Queer as folk, ¿por qué no podía funcionar conmigo? Si después de todo, la verdadera familia es la que uno hace con las buenas amistades. La razón es simple: porque tanto karma acaecido por ser tan puta, me tenía que joder tarde o temprano. Y me refiero a que siempre he sido y todavía soy un buen pendejo. Todos, hasta mi pariente, me dicen que en una relación afectiva siempre hay alguien que ama más que el otro, y que en todas mis relaciones ese alguien soy yo. Pero, ¿qué culpa tengo yo de estar tan solo? Es ese maldito olor entre las piernas, que me equivoco al decir que me lo dejó Héctor, porque me lo dejó mi madre cuando nos despedimos en el aeropuerto de Hartford a finales del verano del 95’. Era un olor a viejo, a podredumbre asimilada, a alquitrán hirviendo cuando quema piel y carne humanas. Y a almohadón de plumas.

Moe me ha ayudado a verme en el espejo de sí mismo. ¡Qué mucho nos han jodido la mente con esto de las religiones! Él con su trasfondo Mita, y yo con el mío Testigo de Jehová. No es justo. Me enseñaron que las amistades son sagradas, que son algo místico que trasciende, y yo creo que él y yo somos los únicos que verdaderamente nos damos cuenta de ello. Nos enseñaron que el amor era divino, que era sacrosanto y que había que honrarlo, cuando fue el amor precisamente lo que me llevó a ser puta, porque el que se cree que puede tirarse más de dos mil hombres en diez años (puedo asegurar que por ahí va la cifra sin exagerar) sin dejarles algo de sí a cada uno de ellos está muy equivocado. Porque ahí está el verdadero pecado de ser puta: el alma se divide, y la gente se lleva hilos de ti que no puedes halar de vuelta más nunca, porque San Juan no es Grecia, y Río Piedras no es el laberinto del Minotauro, aunque parezca a veces que sí. Nos han jodido a mí y a Moe. Nos han abusado sexualmente de pequeños (cuando nuestros cuerpos aún no podían aguantar un bicho adulto en el culo), nos han metido el cuento de que nuestro VIH es castigo de un Dios mezquino del cual no podemos escapar, y sobretodo nos han dicho que no tenemos adónde ir y que estamos solos en esta maldita ciudad, que es tan linda y tan bella, tan chulita y tan tierna cuando puede serlo, llena de gente tan hermosa que no sabe que lo es, porque si lo supieran de nada valdría el concepto de ciudad. Nos ha sodomizado la ciudad a mí y a mi Moe. ¡Y puñeta no es justo!

Moe me hizo ver que doy más cariño del que me dan a mí, esperando más cariño en retorno, porque he estado tratando de tejer mi tribu con hilos de lana, mientras por otro lado la apatía de la ciudad se los come como la llama de un lighter. Como las garras de un gato que le gusta jugar con las bolas de hilo de lana, deshaciéndolas con coraje.

Estoy muy molesto conmigo mismo por ser tan estúpido. Por no entender que estoy solo y que la base de mi noble religión budista es dejarme el dedo en la llaga hasta morir; por no entender que el cariño hay que darlo y olvidarse de recibirlo, porque ese es el destino mío y el de Moe, aunque parezca ridículo. Porque los amigos se te van para España, para Texa,. Minessota, Princeton, y en el caso de Mara y Awilda, para quién sabe dónde. Y te quedas con tu propia mierda, con el olor entre tus piernas, preguntándote en qué momento del camino se volvió tan rancio, tan asquerosamente semejante a vómito de perro y ropa de deambulante.

Ya no hay rewind que valga. Ya tengo VIH, culebrilla, ya me dio tuberculosis y me di cuenta de que peor que esas tres está mi solo infierno solo. Once a whore always a whore. Eso es lo que te hace esta ciudad, o lo que te haces a ti mismo por sobrevivir en ella. Y eso es lo que seguiré siendo, la puta de esta ciudad, porque no pienso cambiar, ni hacer una diferencia al respecto. Mi camino está planteado hacia el látigo propio y la propia destrucción. Yo mismo así lo quise. Ya me encargaré de llevarlo a cabo.