Thursday, October 13, 2005

El olor entre las piernas, Epílogo Parte I

El olor entre las piernas
Epílogo Parte I

Después de varias consideraciones serias sobre todo lo que le falta a este libro, he decidido continuarlo. Sólo que si a algo pienso atenerme es que la ciudad ya no tiene culpa de mis desventuras.

Al día siguiente de mi perreta con el mundo, hablé con Rosalina. Era un sábado por la mañana. Fue difícil decirle que todo comenzó cuando se fue para España, recriminarle el haberse ido, para después pedirle disculpas por haberle dicho semejante burrada. Pero lo que más le dolió fue decirle que me hirió el que me dijera que yo quiero y amo a la gente mucho más de lo que me quieren a mí. Dolió por la veracidad de esas palabras.

Decidimos espantar el fantasma del drama yéndonos de compras por el Paseo de Diego de Río Piedras. Aprovechamos nuestro ataque dual de banalidad para recordar aquella vez que Loretta Collins nos llevó a la Plaza del Mercado como parte de su taller de escritura creativa, en busca de personajes y situaciones que narrar. De hecho, decidimos ir allí, al kioskito de Mrs. Batida, donde habíamos compartido una batida de guineo y fresa aquella vez, para darnos otra y meditar sobre la cualidad satánica de las patitas de cerdo y otras muchas consideraciones bestialísticas.

-Entonces mi madre es una bruja, -me dijo de repente. -Es que ella cocina mucho con patitas de cerdo.

Y es que de la manera en que colgaban las patitas de cerdo de los estantes salumeros, parecían yerbajos embrujados con aires de botánica. El hecho de que hubieran tantas botánicas y tiendas de cosas vintage cerca no ayudaba en nada a disipar la diabólica imagen.

Decidimos sentarnos en una de las mesas, yo a comerme un pedazo de bizcocho de limón de Sam's que no sé cómo dio a parar a la Plaza del Mercado, tierra de nadie congelada en el tiempo del siglo pasado. Ella se dedicó a beberse su batida.

-¿Te acuerdas de cuando comenzaste a escribir tu novela? Todo lo sacaste de aquí... ¿Te acuerdas de los personajes? ¿De cuando decías que iba a ser una trilogía?
-Rosa, todavía va a ser una trilogía.
-Yo me acuerdo cuando la comenzaste, que dijiste que la ibas a terminar en un mes y así lo hiciste.
-No hubiera podido hacerlo sin ti.
-Cierto es, que prácticamente la parimos juntos...

Nos referíamos a mi novela Celtic Knots, la cual eventualmente traduje como El Nudo Celta, y que está próxima a publicarse.

Revivimos el espacio verde en la Plaza del Mercado, ese espacio donde están las mesas que posee una luz verde gracias a un techo de vidrio que nadie se da cuenta que está allí, pero que le da una cierta magia de cómic al lugar. Fue ese verdor realmente lo que me hizo parir El Nudo Celta. Fue ese espacio también el que hizo que Rosa pariera Los Invisibles, su novela que comenzó conmigo y que estamos editando, el mismo espacio que me pidió continuar El olor entre las piernas.

Así que el espacio verde me llama para hablar un poco más de esta infame ciudad. De tan bella, chula y terrible que es. Y de lo mucho que la amo y a su gente. Si hay algo que he aprendido de todo este proceso es que a veces cuando pensamos que un libro está terminado, en realidad no lo está. No es que esto sea una lección tan profunda, creo que es lo más básico y tonto que se puede decir del proceso de escritura. Pero por básico y tonto, y tal vez clichoso, no deja de perder vigencia. Creo que la ciudad soy yo, que me habita como en el libro de la García Ramis, que me fluyen guaguas enteras y carnavales exagerados de dominicanos en Santurce por las venas, que tengo las paradas anuales de Halloween de patos y locas frente a Eros en el corazón, que queda mucho más por decir de la parada 15 que simplemente mencionar su pasado remoto de putas y ladrones, y que sobretodo San Juan es muchísimo más que una ciudad soñada, como en el libro auspiciado por el ICP, San Juan es un corazón latiente donde se concentra la vida. San Juan también es esa llaguita en el cielo de tu boca que sanaría si tan sólo dejaras de lamerla, pero simplemente no puedes. Y como no puedo dejar de lamerla, tengo que seguir escribiéndola.

4 comments:

ojitos said...

:) que bueno q has decidido continuar :):) diez chocolates para ti..por cierto, el area verde de la plaza se llama el platanal, es obra del arquitecto imel sierra..segundo, si t gusta el tema de san juan y la ciudad, hay un libro muy bueno q ayuda a ver ese otro san juan que vive en esta ciudad, se llama "detras de la fachada" y es del dr edwin quiles..si no lo has leido, te recomiendo q le eches un vistazo..
como siempre, un placer leerte.
beso,
jocelyn

Awilda Caez said...

Cuando leí la primera línea de tu despedida, me sentí triste al pensar que dejarías de escribir; luego leí la despedida y me sentí feliz de que el desgarre que producen todos los adioses te haya hecho escribir tan bien. En ese momento me di cuenta que ya no iba a leer más tus columnas y me volví a sentir triste. Ahora veo que regresas y otra vez estoy feliz. Y me tienes así, como carrito de montaña rusa, como precio de gasolina, de la risa a la no-risa en menos de 10 segundos. Gracias por quedarte. Siempre fiel, Awi

Yolanda Arroyo Pizarro said...

Pues me uno a la alfombra roja del regreso mi nene lindo. Muas, muas.

Manuel Armando Clavell said...

La ciudad nunca puede más que uno o es que uno puede más que la ciudad, mientras decidimos: una batida y un lemon pie de Sams... o buena escritura, que no es lo mismo pero se escribe igual. Llegué aquí por casualidá, pensé que regresaba a un cementerio a dejar flores, por eso es que no me gustan las falsas despedidas, después nos damos cuenta que en esta cuidad llena de ingratos que viene y van pero siempre están ahí.