Tuesday, June 14, 2005

el olor entre las piernas, cap. 33 Espiral uno: Miroku

El olor entre las piernas
Cap.
Espiral uno: Miroku


Hace unos días me encontraba yo vegetando frente al televisor, esperando ver si la caja del diablo emitía una de esas ondas masivas que me arrollara completamente dejándome impotente e insensible ante cualquier otra cosa que no sea “mindless entertainment”. Demás está decir que fue un ejercicio imposible. En esas me encontré con un anuncio de MTV2, en el cual un joven culto y educado, aunque muy extravagantemente vestido, criticaba el uso del lenguaje de tres típicos pospubertos estadounidenses. En una parte del diálogo, el joven británico les dice que el uso indiscriminado de ellos de la palabra “cool” renders it meaningless. El uso indiscriminado de una palabra le roba su fuerza semántica. La reflexión provocada por tan inteligente comercial, si acaso sólo por su exhaustivo análisis lingüístico, me lleva a pensar en el término “sangre” y cómo nosotros, los escritores del mundo, lo hemos usado tanto que ya carece no sólo de fuerza, sino de sentido y hasta de contexto. Que si lo hemos usado, más bien lo hemos exprimido hasta dejarlo sin vida. Y aquí yo preguntándome cómo usarlo de manera ingeniosa.

Miroku es mi perrito bebé. Lo ha sido ya por espacio de un año. Es un dashhound, o dashund, no lo sé con certeza, pues nunca he sido bueno para las razas de los perros, demás está decir que este es realmente mi primer perro de raza alemana, o americana, pues mis cachorros anteriores fueron chihuahuas y satos. Desde hace un tiempo, mi pariente y yo decidimos dejarlo suelto. Entiéndase que nuestra casa todavía no tiene verja, ni muro, ni cerca, ni picket fences, ni nada que se le parezca. Lo teníamos amarrado hasta que pudiéramos terminar de hacer el último muro que falta: el del lado izquierdo de la casa. Pero sus insoportables aullidos de pena por las noches se complicaron con la reaparición de las hormigas bravas, y entonces hubo que desamarrarlo. Se ha portado bien, para ser honesto. Se va por el vecindario, que realmente no me molesta, siempre y cuando regrese a casa sano y salvo. Eso no sucedió anoche.

Miroku jugaba conmigo en la sala de la casa. Mi pariente abrió la puerta del frente repentinamente, para irse a casa de unos amigos a ver la pelea de Miguel Cotto por HBO. Miroku aprovechó y se fue también. Pasaron sólo veinte minutos. Veinte minutos que son sólo casi un episodio de Inuyasha por Cartoon Network. Escuché unos gemidos animales por la marquesina. Cuando abrí la puerta lo vi. Miroku se mordía la punta de su rabo furiosamente, como si tuviera rabia con ella, como un cristiano sacándose un ojo que lo tienta y lo hace pecar. Chillaba mientras lo hacía. Entonces vi las hormigas en su comida. Las malditas hormigas hecho su regreso este año. Debía tener hormigas en la cola. En ese momento, pensé en cogerlo en brazos y darle un baño, pero Miroku no me dejó. Se fue debajo del carro, hasta desaparecer por el otro lado. Cuando fui a buscarlo, encontré los vómitos de comida. El asco me impidió ir en busca de mi perrito. En ese momento tuve que estirar la manguera y barrer los vómitos con agua de Dios.

Pasaron diez minutos más, y después de limpiar la marquesina llamé a mi perrito. Debieron haber sido varios gritos, pues la vecinita del lado me dijo que mi perrito estaba en la casa de atrás de la casa del lado de ella. Crucé por el patio trasero al patio trasero de la casa de ella, y el del vecino del lado. Allí estaba Miroku, acostado en la yerba mojada por la lluvia, mirándome con profundísima tristeza y gimiendo suavemente. Esto definitivamente no es “mindless entertainment”. Llamé a mi perrito, le pedí que viniera a mis manos, pero al final tuve que ir a cogerlo yo mismo, lo que me dio muy mala espina, porque usualmente no tengo que hacer más que tirarle un beso y él sale corriendo hacia mí. Lo tomé en brazos y comenzó a chillar. Lo llevé rápidamente a la luz de la marquesina, y ahí fue cuando vi el horror: Miroku tenía guindando de un tendón que parecía más un hilito de coser, las dos pulgadas de la punta de su cola. El se la mordía rabiosamente, como si quisiera quitársela él mismo. Y no paraba de botar sangre, muy roja y muy brillante.

Mi horror dio paso al shock, del cual tuve que obligarme a salir rápidamente. Corrí a buscar el tape médico, las gasas, el alcohol, la tijera, el pomo de triple antibiótico y un hechizo que recordé inmediatamente de mis días de Wiccan, o tal vez de mucho más tiempo atrás, de cuando me crié en Hartford y Miss Danvers me hablaba de cuando era joven y tenía que cuidar a sus gatos. En aquellos días no había dinero para veterinarios, lo cual no ha cambiado mucho. Ella me enseñó el encantamiento:
“A powerful voice arise
Sad Boy calls thee
My puppy is hurt
Please heal him!

Imel lenian dante!

Siempre me ha resultado fascinante el hecho de que yo vine a esta gran ciudad llamada Puerto Rico huyendo del garfio de la fe que profesa mi familia: Testigos de Jehová, sólo para darme cuenta que realmente no hay forma de zafarse de ella. Cuando la desesperación hunde su uña en nuestros corazones, recuperamos las viejas y desusadas oraciones, los rezos, los ritos, las velas y hechizos, los rosarios católicos o budistas, recuperamos hasta la cursilería soez de las telenovelas mexicanas que siempre nos enganchan una y otra vez con cada nueva novela.

En fin, Miroku sigue sangrando, mientras escribo esta columna. Tuve que cortarle el tendón del cual pendían las dos pulgadas de su cola, y eso es una imagen que acompañará durante las ya largas noches de insomnio. Imel lenian dante! Envolví el pedazo de cola, mientras morbosamente me preguntaba si acaso al pisarlo, chillaría Miroku de dolor, aún después de separados. Imel lenian dante! Deposité el esperpento en el zafacón y me quedé allí con él, acariciando su cabecita, mientras me llenaba de su sangre. Imel lenian dante!

Lo dejé durmiendo, para darme una ducha. Cuando salí del baño escuché sonidos de gagueo. Miroku estaba devolviendo. En su primer vómito había finos rastros de sangre. Pero a medida continuó vomitando se aclaró completamente. Entonces me asaltó la idea de que a lo mejor lo habían envenenado por el vecindario. Recordé que mi papá me dijo que a los perritos cuando los envenenan hay que darles aceite para beber, porque eso los hace vomitar todo lo que tienen adentro y les limpia el sistema. Le di aceita de oliva, que era el que tenía. Debió haber vomitado toda la noche.

Esta mañana lo noté mejor. Mientras escribo esta columna a tiempos distintos, lo reviso por rastros de fiebre, porque le dio fiebre durante el mediodía. Mi pariente fue a comprarle Pedialyte y Tylenol en líquido para niños, y una inyección a la que le quité la aguja para utilizar el resto como un gotero medido en “cc”. Ya le ha bajado la fiebre, y a mí se me ha ido la desesperación. Imel lenian dante! Es fascinante que cuando se trata de una mascota, siempre nos ponemos mucho más nerviosos que cuando se trata de un niño. Y es que conocemos tan poco de la constitución de los animales, de cómo están hechos, de cómo responden a distintos estímulos, de cuál es su “drive”, que en este tipo de situaciones no podemos hacer más que meternos hacia adentro, cultivar ese espíritu espiritual al que no le hemos hecho caso en todos estos años, comunicarnos con los dieciocho elementos del universo (que son, a saber y según este servidor: tierra, fuego, viento, agua, espíritu, luz, oscuridad, sonido, energía, materia, caos, orden, destino, correspondencia, vida, tiempo, espacio y entropía), y esperar a que por arte de magia, la magia que hilvanamos o que, mejor dicho, tratamos de hilvanar, haga sentido como lo hace en Charmed y Buffy. Juramos que hacemos algo, pero yo personalmente no lo sé ya. Juraría que aún cuando la ciudad nos arropa, algo de magia queda en estos tiempos. Es un hilo muy fino, como el tendón que sostenía la punta de la cola de Miroku. Pero a lo mejor sigue ahí.

1 comment:

Ariana said...

Como sigue tu perrito? Esta mejor? Estoy aflijida con tu historia. Me la encontré al goglear donde encontrar un bebe dashund para regalarme a mi hija en su cumple. No se si esta historia es de hoy, ayer o hace rato.