Monday, September 26, 2005

El olor entre las piernas, cap. 53, Filiberto

El olor entre las piernas
Cap. 53
Filiberto

No. No voy a escribir nada sobre esto, porque no tengo nada inteligente ni honesto que decir sobre ello que nadie sepa ya.

Sunday, September 25, 2005

El olor entre las piernas, cap. 52, El pequeño Lestat

El olor entre las piernas
cap. 52
El pequeño Lestat

Esto será corto y rápido, tal vez porque me obliga a cuestionarme si realmente tengo lo que se necesita para ser un maestro. Me doy cuenta de que no.

La semana pasada, lo que envejece este escrito, mi grupo de sexto grado estaba muy incordio. Entre ellos, uno de mis estudiantes favoritos, a quien llamaré "Little Lestat", no paraba de llamar la atención e interrumpir mi clase. En el momento preciso en el que me trancó los bolos y me sacó por techo, agarré una goma Lion y le tiré con ella. Sin quererlo, le di en la cara.

En eso momento toda la clase se quedó pasmada, incluyéndome. Hubo un silencio sepulcral, como el que debió haber desde el principio, para yo poder dar mi clase. Había cruzado una línea que no debí pasar nunca. El pequeño Lestat se levantó llorando (es uno de los mayores de la clase, porque vino de Estados Unidos y tuvo que repetir un grado), y se fue a la oficina del director. Quise detenerlo, retenerlo cobardemente en mi salón hasta que se le pasara, cosa de no meterme en líos mayores, pero no lo hice. Creo que en ese momento lo único que realmente quería hacer era autoflagelarme.

Lestat regresó con el director, quien me preguntó, muy de buenos humores y ánimos, qué había sucedido. Le dije muy tranquila y pacientemente que el pequeño Lestat no paraba de hablar e interrumpir mi clase, que me faltó el respeto y que le tiré con una inocente goma Lion, y que gracias a mi puntería tan pésima, le di en la cara. El director se limitó a decirme muy tranquilamente que eso no podía ocurrir nuevamente, que le pidiera disculpas al pequeño Lestat, cosa que hice al momento. A continuación, el director le dijo al niño que le tocaba a él pedirme disculpas, cosa que hizo inmediatamente. Luego de ello, el niño entró al salón de clases, y el director se quedó hablando conmigo TRANQUILAMENTE sobre otras cuestiones que no venían al caso, como si fuera intencional el no querer darle demasiada importancia al asunto. Yo me sentí muy mal, porque verdaderamente quería flagelarme hasta sangrar las culpas. Así que fui a la oficina de la orientadora. De seguro ella me castigaría con los crudos sarcasmos que necesitaba para expiar mis pecados.

Al llegar allí ella me esperaba, como una pitonisa que sabía ya de antemano lo ocurrido. Ni siquiera me dejó hablar. "Usted es un excelente maestro, y estas cosas suceden. No se preocupe por nada. Vaya con Dios." Y con esa me dejó, estupefacto, sin realmente saber cómo reaccionar.

Pasaron dos días antes que pudiera mirar al pequeño Lestat a la cara. El tampoco se atrevía mirarme. Cuando terminó la clase le dije que se quedara, que tenía que hablar con él. No me dijo nada, simplemente me abrazó y me dijo que yo era el mejor maestro que había tenido en su vida. No supe qué decir, y como todavía necesito autoflagelarme, y para que este escrito no parezca una mierda de esas de Paulo Coehlo, he decidido, con mucho pesar, que la Bárbara Ann Roessler, a.k.a. la bárbara Bárbara queda off limits de ahora en adelante. En este libro, una sombra oscura se la traga y la borra de la faz de San Juan, una sombra oscura que cobijará a aquéllos que merezcan ser cobijados, como mi pequeño Lestat, cobijados en el más dulce de los olvidos, para que se cumpla el ciclo de los flagelados y pueda yo dormir en paz.

Monday, September 12, 2005

El olor entre las piernas, cap. 51 Pequeña gran ciudad de mierda

El olor entre las piernas
Cap. 51
Pequeña gran ciudad de mierda

Escribir frente a una página en blanco es enfrentarse con Dios. Porque es enfretarse con algo mucho más fuerte e impermanente que uno mismo. Sólo los que tenemos las agallas de escupirle la cara al Verbo podemos escribir. Y yo digo esto en uno de los momentos en que más detesto a Dios, a Río Piedras, y a la humanidad entera.

Algo andaba mal desde que me dijo el conductor de la C-18 que si me dejaba a la entrada del Walgreens, por la Ave. Universidad, porque había unos guardias que no permitían el paso y tendría que dar la vuelta. Enseguida le dije que me dejara allí mismo. Iba tarde para mi clase de los lunes.

Al asomarme a la Ave. Universidad, inmediatamente me detuvo un gandul. "No puedes pasar, ha habido un accidente, cruza por la otra calle a mano derecha". Inmediatamente super con la mayor certeza que algo ominoso y realmente maligno había ocurrido.

Cuando di la vuelta y cruce a mano derecha por la calle esa cuyo nombre nunca me he podido aprender, la del Walgreens, justamente frente al restaurante Linda Sara había una sábana de flores azules en el piso sobre el cuerpo ensangrentado de una viejita, sus bolsas de Walgreens todas desparramadas por la calle.

Sí había visto algo así. Los describo en uno de mis poemas de Lo que soñó la almohada/ Dream Card in the Pillow. En aquella ocasión un viejito arrolló con su automóvil a un señor que cruzaba por la calle, y lo decapitó con una de las gomas del carro. Cuando le preguntaron al doñito si había visto al hombre, él contestó: "¿Cuál hombre?". Cuando le preguntaron al del camión, seguramente contestó: "¿Cuál viejita?". La que dejaste tirada, aplastada contra la brea, hijo de puta.

No logro entender por qué en estos momentos me viene la imagen de Yuna, la de Final Fantasy X, con su cetro de summoner, enviando las almas de los muertos al más allá, balanceando su cetro en medio de un hermoso baile que sólo conocen los summoners, algo conocido en el juego como the sending. En ese momento, al ver a la viejita, unas palabras me llegaron a la mente. Amasu Lébanon Telluria... y me llegó también la imagen de mí mismo llevando a cabo el sending.

Hace mucho tiempo, cuando todavía pertenecía a la religión Wicca, quise hacer mi propio váculo. Tomé una rama de una planta que considero muy especial, porque sólo florece en la época de lluvia: la petrea. Con hilo blanco, amarré un pedazo de cuarzo blanco que conservaba, aún cuando se me había caído al piso y roto en dos. Debo haberlo conservado a causa de su imperfección, porque yo mismo soy eso, una cosa incompleta que llena y vacía con muchas palabras. Al final, le amarré una pluma de un ave natural del Africa cuyo nombre desconozco. Al momento, la pluma era importante para mí, porque me la había regalado la única madrina santera que escuchaba de mi religión sin decirme que yo etaba mal, que había que creer en los orishas, o en los santos, o en los palo mayombe, o en cualquier otra estupidez de esas que se nos ocurren a nosotros los caribeños para amortiguar el sentimiento de colonia, o la minusvalía nacional. Es una pluma hermosa, dorada por un lado, roja por otro, cobalto de frente.

Cuando llegué a mi apartamento hice el baile con mi varita mágica, haciendo el sending de Yuna, imaginándome el alma de la pobre viejita llegando al cielo mientras su cadáver seguía esperando desde la 1:30pm (hora aproximadamente del accidente, según los curiosos de la escena; a las 4:25pm todavía estaba allí, gracias a la supereficiencia de los servicios básicos de este país tan ciudad); mientras en silencio le agradecía a todos aquellos que se detuvieron en silencio y permitieron que semejante atrocidad creara un lapso en sus maquinadas rutinas, me cuento entre ellos, para seguramente reflexionar sobre lo inefable y lo breve que es la vida en esta pequeña gran ciudad de mierda.

P. D. Asimismo alimenté mi fantasía de tener telekinésis para así borrarle la sonrisa a San Juan.

Thursday, September 01, 2005

El olor entre las piernas, Cap. 50, Tratados agripinos sobre la naturaleza mágica de la suerte

El olor entre las piernas
Cap. 50
Tratados agripinos sobre la naturaleza mágica de la suerte

Si hay algo en que la película The Matrix no falla en describir es que la ciudad es un conjunto de códigos binarios que pueden ser alterados por una mente mucho más fuerte que la ciudad misma. El ejemplo más clásico es los semáforos. Muchos no saben que las luces trabajan con programas basados en logaritmos estratégicos que van de acuerdo al área citadina. Yo siempre he pensado que los semáforos son entes mágicos hechos por gremlins que se esconden en el sistema de alcantarillado de San Juan, que jamás y nunca es como el de Nueva York, donde se jura y perjura que hay cocodrilos vivientes y prehistóricos, o como las alcantarillas genéricas de la serie Teenage Mutant Ninja Turtles. Sucede que es cierto, que sí son criaturas los semáforos, y que como todo en la ciudad, pueden ser alterados con un poco de suerte.

Conozco infinitud de personas que ante una luz verde lejana se inventan desde hechizos simples hasta complejísimos rituales para que la luz se mantenga verde. Tengo una amiga que jura que es telekinética, y hasta parpadea los ojos en rápida sucesión como la mujer telekinética de la desaparecida serie ochentosa The Misfits of Science, o como Prue, la bruja de la serie Charmed. Asimismo, tengo un amigo sordo parcial, que cada vez que va guiando en su carro por la calle, hace repetidamente la seña del color verde con su mano derecha. Yo, personalmente, lo hecho a la suerte.

Debería comenzar por establecer que la magia es un proceso muy kantiano, en el sentido subliminal del concepto. Porque es en lo sublime, la suspensión de los sentidos ante el terror y la fascinación que se siente por una belleza o fuerza superior al hombre, que la magia se da. Uno suspende los sentidos y entra en un espacio ajeno, pero muy íntimo, un trans-universo fluido donde el lenguaje de la magia, llamado en estos tratados, El Lenguaje del Origen, cobra una fuerza que actúa en el mundo regular.

Mi hechizo favorito para la buena suerte es, como ya saben algunos, el Rama Luckiaga Fortuna Majora Sortílega Ramiaga. Pero hay que hacerse de cuenta que la suerte es una criatura muy caprichosa, y que no hay que andar retándola. Asimismo, es una criatura a la que hay que coger siempre por sorpresa. Por eso, es siempre conveniente cambiar de hechizos, para siempre coger a la Suerte fuera de base. Se me ocurren varios encantamientos que podría compartir con mis lectores, aunque bajo la pena de la maldición contra el plagio mágico. Los otros días me llegó a la mente Luckia Ixxia Faccíla! Estaba en la parada de guagua y comenzaba a llover con algo de viento, lo cual no es nada raro en Cupey. Inmediatamente la brisa se aplacó, y la lluvia cesó toda actividad. Lo más suertudo no fue que el sol no salió, no cual hubiera subido drásticamente la temperatura de la tarde, sino que la C-18 apareció inmediatamente, regresando de Cupey de camino a Río Piedras, aún cuando la gente que estaba conmigo en la parada me había dicho que no la habían visto subir.

De camino a mi apartamento, pronuncié nuevas y exitosas palabras élficas y silvanas que hicieron que los semáforos se mantuvieran verdes para mí: Ghinean Ilia Ghanesha... Víllean Llena Absorta... Chánceaga Alluria Méllenas...

Se me ocurre que asimismo el amor es una criatura aún mucho más viciosa que la suerte, y que ambas están emparentadas. Pero en el amor, yo no meto la magia. Creo que no es ético, aparte de que nunca funciona, porque es una magia muy traicionera. Pero la suerte es otro campo, creo que en una ciudad como San Juan, no sólo vale la pena intentarlo, sino que hay que hacerlo. Pero ojo, los días deben ser oscuros y lluviosas para muchos, para que en el día de una sola persona en esta ciudad, las nubes tengan bordes de plata.

Tuesday, August 30, 2005

El olor entre las piernas, cap. 49 Bichotes

El olor entre las piernas
Cap. 49
Bichotes

Mientras yo renovaba mi plan médico, en Río Piedras enterraban a uno de los “bichotes” más grandes de Coamo y Santa Isabel. Sucede que el bichote murió escudando a quien realmente iban a matar a tiros los “otros cacos”. El otro tipo resultó ileso. El entierro se dio de la siguiente forma.

El cementerio Santa Catalina de Coamo fue rodeado por guardias con armas largas, helicópteros y patrullas con perros, mientras desde la funeraria, el féretro del bichote era cargado por otros bichotes que eran sus panas, a pie, hasta el cementerio. Detengámonos un momento en la descripción del féretro. Me dice mi pariente que el mismo había costado más de $10,000 y que era en madera de cerezo con detalles en oro. Más del mismo bling bling si me preguntan. Dicen que los bichotes, hombretones machos de muy varonil calaña se arrojaban sobre el féretro, llorando como “niñas” (que me perdonen las feministas, por favor), gritando su nombre y diciendo que “esto no se va a quedar así”. Dicen que más de la mitad de Coamo dijo presente en el entierro, y cuando me dijeron esto, no pude más que pensar que la oscuridad se apodera del cielo, y que las fuerzas del mal se desatan para traernos los escalofríos que vienen cuando un pueblo de gente buena cae en las garras de los maleantes y las balas perdidas. A lo mejor esto es demasiado bíblico, y no tan profético, pero a mi me da grima que este pueblo se vaya a convertir en dominio de Al Capone’s wannabes, y de que pronto tengamos que buscar mejores empleos para rendir tributo a maleantes que supuestamente estarán dando rondas para proteger nuestros hogares y nuestros negocios. Pinta mal la cosa.

De vuelta al entierro, lo más genial de todo esto, si acaso lo único, fue el discurso del bichote que estaba supuesto a morir.

-Yo lo único que quiero decir es que el bien y el mal son relativos. No importa la que usted haga, a nadie le importa si es bueno o malo, mientras uno lo haga bien. El bien y el mal no existen, sólo las cosas que se hacen bien o se hacen mal. Y que todo el mundo sepa que esto no se queda así. El que hizo esto, que sepa que las va a pagar.

Yo me imagino que nadie entonó Oh Happy Day después de eso. ¿Cómo hacerlo? Si cuando le dije a mi pariente que quería escribir algo sobre lo sucedido me preguntó para qué, que con qué propósito, que por favor no pusiera nombres, que la calle está mala, que los otros días soltaron a uno de los Martínez de Santa Isabela, que las cosas se están poniendo malas, que no hay por qué agitar más la mierda. A lo mejor tiene razón mi pariente. El verano está demasiado caliente. Especialmente en este solsticio tan ridículo e inmisericorde.

Monday, August 29, 2005

El olor entre las piernas Cap. 48 Espiral tres: Wanda o nuevo ensayo sobre la ceguera

El olor entre las piernas
Cap. 48
Espiral Tres: Wanda, o nuevo ensayo sobre la ceguera

El día de hoy, un 29 de agosto que bien podría ser del año 2005, dada la peculiar luz del sol y la posición de los planetas invisibles al simple ojo humano, me mantuve presa de uno de mis tan afamados ataques de migraña. Tuve la inquietud de que a lo mejor me quedaría ciego el día de hoy. Las sienes me palpitaban, y asimismo, cada ruido, cada murmullo de cada estudiante de la bárbara Bárbara lo sentía en el cerebelo y en la pituitaria; esta última la sentía segregando hormonas a cuentagotas. Tal era mi dolor.

No podía abrir los ojos, y eso es lo peor en una ciudad como San Juan, no poder ver. Por eso, aunque tal vez no debería hacerlo, siempre me he compadecido de los ciegos, porque en San Juan lo que cuenta es la vista, aunque se pueda pensar que en mejor condición están aquéllos que no padecen de ella. Tiene que ver con el hecho de que en esta ciudad es fácil perderse, entre multitudes, entre corrientes de pensamiento, entre ataques cristianos y frecuencias de reggaetón a todo fuete. La desorientación, en San Juan, es un regalo de Dios. No puedo todavía imaginarme el mundo de un ciego, y no quiero hacerlo, por razones que mencionaré a continuación.

A Wandita la conocí en el año 2000, cuando trabajaba en la Línea de Maltrato de Menores y Emergencias Sociales 9-1-1. Ella era una telecomunicadora con mucho más experiencia, que laboraba para la línea, mientras hacía su maestría en astrofísica en la UPR de Río Piedras. Yo sabía que ella era diabética, perteneciente al grupo de pacientes que pierden con mucha facilidad el control sobre la insulina en sus cuerpos, a causa de la condición. Recuerdo que todos los días que decía que se sentía EXCELENTE, aunque todos sabíamos lo jodida que estaba. Me acuerdo de todo lo que hablábamos sobre budismo, y cómo comparábamos notas (en aquel momento yo era budista zen, y ella pertenecía al budismo tibetano), mientras ella se inyectaba insulina en alguna de sus tan finitas venas. Cada tres meses la veía con una nueva receta de espejuelos, cada vez más gordos y pesados.

Hace un año y medio exacto que me la encontré y sus ojos todavía eran negros. En aquel entonces me dijo que su salud no andaba muy bien, pero enseguida corrigió sus palabras y me dijo que se sentía EXCELENTE. siempre he admirado la fuerza que recibe de Buda y sus cuatro nobles verdades, porque si hay alguien que verdaderamente ha aprendido a llevar el Nirvana en su corazón es ella. Prueba de esto es lo que sucedió hoy.

De camino a la universidad, alcancé a ver a una mujer extrañamente conocida, caminando con un bastón de ciegos, rojo y blanco. La reconocí por su rostro, pero no por sus ojos, pues los tenía muy poco abiertos, más en lo poco que se veía de ellos todo era blanco. Fue una impresión demasiado fuerte para mí, y por un momento me vi en la tentación de dejarla ir sin saludarla. Pero Buda, siempre en su noble misericordia me dio las fuerzas necesarias para decirle: Wandita, ¿cómo estás? Es David, de Emergencias sociales, ¿te acuerdas de mí? Enseguida me dio un abrazo y me saludó cariñosamente, para compensar por mi torpeza ante semejante momento. Hace falta ser tán estúpido como yo para haberle hecho semejante pregunta como ese tonito que tanto desprecio de pueblerino alarmista. Pero Wandita lo entendió. Claro que sí.

Me despedí de ella como nos despedimos los budistas, haciendo reverencia (bowing down), consciente de que no me podía ver, aunque estoy seguro de que supo que hice el gesto, porque sonrió como sólo ella ha sabido siempre hacerlo: con una de esas sonrisas guturales infantiles, que por ser guturales e infantiles son genuinas, una de esas sonrisas que no se aprenden jamás, porque hay que nacer con ellas. De hecho, mientras escribo esta columna, me prometo a mí mismo que nunca olvidaré esa sonrisa. Más me vale, porque yo no tengo una de esas, mucho menos ahora, después de ver a Wandita, con los ojos finalmente blancos.

Friday, August 19, 2005

El olor entre las piernas, cap. 47 Sistema de Nomenclatura Binomial para magos y escritores empedernidos

El olor entre las piernas
Cap. 47
Sistema de Nomenclatura Binomial para magos y escritores empedernidos

Dedicado a Mara Pastor
por aquellas múltiples horas frente a los flower sticks
y sus malabares
a Guillermo Rebollo-Gil
por compartir el Language of the Making
y a todos aquéllos que creen en lo inservible
de la filosofía, de la religión
y de la magia

Se supone que éste no sea binomial, como el sistema que se usa para describir todos los seres vivos de esta Tierra. Y es que en el Lenguage del Orígen, como le llamo yo a la magia de tradición oral-oral, hay más palabras que dos para cada encantamiento.

Una advertencia: Melagus Inna Animadverto! (Hechizo contra el plagio y maldición contra la repetición). Este es mi Grimorium. Haz el tuyo propio.

A continuación, las fórmulas que he inventado hasta ahora:

Immel Lenian Dante - para la curación física.
Immel Lenian Dantega - para curaciones más fuertes.
Immel Lenian Dante Diluvia - para prevenir el catarro acaecido por la lluvia en pacientes de HIV.
Rama Secu Sura - para hacer caer la lluvia.
Rama Secu Diluvia - para hacer caer un diluvio.
Rama Diluvia Ultima - para llamar huracanes.
Rama Vinda Tornádaga - para llamar tornados (sólo funciona el Kansas, y los tornados son portales que conducen a Oz o a tierras parecidas, debe usarse con cuidado).
Sakura Endea Brillaga - para un día feliz.
Hágura Medea Normaga - para imponer disciplina, respeto y silencio en los estudiantes, y niños en general.
Mentalis Obscura Kensha - para provocar pesadillas en niños (como castigo y disciplina cuando fastidian demasiado).
Sama Kayo Sama - para que los mosquitos y las cucarachas trasciendan al Nirvana cuando se les mata.
Rama Luckiaga Fortuna Majora Sortílega Rameaga - para la buena suerte y un día en que todo salga bien (debe usarse solamente tres o cuatro veces en la vida, o sino no hay chiste).
Axelus Descendum Castiga Biblica - maldición para editores cobardes que gustan de la censura.
Límodin Ghélean Taliesin - para invocar al dios celta Taliesin, dios de la inspiración. Sólo debe usarse en tiempos de writer's blocks extremos y con sumo cuidado.
Símbelmine Necru Adesha - para controlar los viajes de ADD a nuestro antojo.
Porta Me Diva Poppins! - para invocar el espíritu de Mary Poppins.
Nírvana Illyria Samsara - para conciliar el sueño.
Irum Natie Gaila - para formar barreras mentales contra invasiones y ataques de filosofía cristiana.

Las palabras seguirán llegando y así seguirá creciendo este pequeño libro dentro del más grande, que es y sigue siendo, a pesar de los espirales, El olor entre las piernas.

El olor entre las piernas, Cap. 46 Musas infernales

El olor entre las piernas
Cap. 46
Musas infernales

Sucede que es cierto lo que dije hace par de columnas atrás sobre la magia. Hay que tener mucho cuidado con ella.

Recuerdo que cuando tomé el taller de ficción narrativa de Mayra, al principio fui con dudas y muchas trabas. Me sentía que no daría pie con bola, que no iba a poder escribir un solo cuento y que iba a terminar dándome de baja de la clase. Yo ya había cogido el equivalente en inglés de ese curso con Loretta Collins y me había ido muy bien. Decidí que era tiempo de someterme a una autoridad más grande que yo, a una fuerza de la naturaleza no controlable con palabras suspiradas en idiomas foráneos, una fuerza llamada Mayra.

A mitad de semestre, todavía no iba por la mitad de mi cuento "Intagible", y ya la cosa se ponía color de hormiga brasilera. Así que pedí.

Hay un dios celta que se llama Taliesin. Eso me lo dijo mi amigo Neil Gaiman, en una de nuestras fabulosas conversaciones, que siempre comienzan, dada mi condición de puertorriqueño paralanchín y la de él, de británico ultrapaciente, en monólogos en los que sólo se escucha mi voz. Un dios celta que se llama Taliesin, a quien hay que tener mucho cuidado de invocar, porque con él, la posibilidad de un backfire está bien latente.

Recuerdo que una noche, frente a la laptop, las palabras llegaron a mí como llegan siempre: Límodin Ghélean Taliesin... y comencé a repetirlas como un suicida desesperado. Inmediatamente quedé dormido. Al despertar, me bañé, me pude ropa y camino a la universidad comenzaron a llegar millones de historias, cuentos, líneas geniales para poemas, poemas enteros... por la tarde ya había compilado los esquemas de los cuentos de mi libro Pandaemonium de doble hélice. No podía creerlo, pero el susto comenzó esa misma noche, cuando no pude dormir nada, porque tuve que seguir escribiendo. Fue una fuerza que casi movía mis dedos por sí sola, como si cientos y cientos de miles de extraterrestres me estuvieran usando como taquígrafo para enviar mensajes de gran importancia, no para la humanidad, sino para mí.

Recuerdo que para ese entonces, Mayra estaba con la cantaleta de que escribir es un oficio, que la inspiración no otra cosa que un mito, etc, etc, etc... Yo todavía le creo, pero el hechizo funciona. Solo que hay que ver que no nos pase como al tipo del volúmen tres de The Sandman, de Neil Gaiman (Dream Nation), que esclaviza a una de las musas griegas que todavía sobreviven, y es castigado por Sandman a tener inspiración perpetua. Al tipo le llegaban tantas ideas a la misma vez que se volvió loco y comenzó a escribirlas en las llemas de sus dedos en una pared, cuando se le acabó la tienta. finalmente, la carne de sus dedos cedió, y con su sangre y el estilo de sus huesos siguió escribiendo hasta que lo internaron, porque las ideas nunca pararon de llegar.

Se me ocurre que hay par de gente así en Río Piedras. A lo mejor los que piden en las luces comenzaron así. O los que duermen en la placita frente a la estación del Tren. Se me ocurre que si no me cuido, me puede pasar a mí, aunque he estado guardando el hechizo para diciembre, porque las energías de fin de año siempre anulan todo hechizo, para que la vida pueda comenzar nuevamente. Supongo que por dos semanas, no puede hacerme demasiado daño. Límodin Ghélean Taliesin... Suenan a que hay tener cuidado.

Wednesday, August 17, 2005

El olor entre las piernas, cap. 45 Espiral dos: We're gonna burn this city o por qué duele tanto ver a mi madre después de un año y medio

El olor entre las piernas,
cap. 45
Espiral dos: We're gonna burn this city o por qué duele tanto ver a mi madre después de un año y medio

Después de la fatídica conclusión de Justice League of America de Cartoon Network, he estado sintiendo el mismo vacío que me dejó la cancelación de la serie Carnivale de HBO. Y es que aunque han comenzado las clases en la Universidad, y gracias a ello, poco a poco Río Piedras vuelve a coger vida (para perdela nuevamente en navidades, porque esto sí que es un círculo vicioso), el vacío se siente con las amistades que se van y los familiares que regresan a la isla por algunso días, para causarle profundo dolor en alguna indefinida parte del corazón a uno. Case in point: mi madre hoy me dio la sorpresa de que había llegado de vacaciones a Puerto Rico, que me quería ver, abrazarme y apretarme los cachetes.

No sé por qué tuve que prepararme tanto mentalmente, debió ser el hecho de que cada vez que la veo su cabello está más blanco. Es eso, llevo 9 años viviendo en Puerto Rico, solo e independiente, sin ella; y aún así, si mañana se muere, no sé cómo podría vivir sin ella. Es un vacío mayor dentro de todos los vacíos que vienen iniciándome en esto de ser adulto desde hace diez años, con la muerte de mi padre, el Sr. Francisco Charles Acevedo Birgingham, a.k.a. "Big Frank". Es, diría yo, la culminación del vacío y los días oscuros en los que mi depresión me deja el efecto de literal oscuridad ocular, porque no es la lluvia, ni la amenaza de un otoño que no trae dominio ni reforma a esta isla, más bien es una tristeza manca, que te deja cojo, mudo sordo y por qué no, manco.

Anoche traté de ponerle algo de música a mi noche (hacía ya casi un mes que no escuchaba música por las mañanas, algo que se había tornado en ley antes de irme a trabajar a Santillana; de hecho siempre era con una buena dosis de Tori Amos). Lo único que tuve a la mana fue el disco de Franz Ferdinand. Tuve un episodio de extrema depresión cuando la banda comenzó con this fire is out of control, we're gonna burn this city, burn this city... Supongo que no estaba realmente en el mood para nada británico. Hay que ser más fuerte de carácter para ello. Supongo que es eso, realmente lo que me pasa, que me hace falta par de notas estridentes en la sangre, que creo fielmente que es, hasta ahora, lo único que ha mantenido al virus en check.

Mi madre me escudriñaba con sus grandes ojos, grandes no por tamaño, sino por jamás imaginé que tuvieran la fuerza de carácter que me faltaba, aunque debí siempre imaginarlo; mi madre, la blanca esclava, como ella solía referirse a sí misma, la que limpiaba baños de hospitales con guantes rojos, y bolsas rojas con ese extraño símbolo de biohazard; mi madre, la que me daba a comer de su cucharada si no había más comida para nosotros que la de ella; mi madre, cuyas lágrimas cuando chocó el carro una vez se grabaron para siempre en mí, porque eran lágrimas de qué bruta soy, choqué el carro y esto es lo único que tengo para ir y venir y poder trabajar, y qué voy a hacer ahora, no tengo con qué ir a trabajar, no puedo dejar a estos nenes sin comer. Mi madre, mi heroína.

Todavía no sabe que soy HIV+. Y prefiere no hablar sobre mi pariente. Ahora mis noches y días de oscuridad extrema los paso solo, porque la rutina de la bárbara Bárbara no me permite compartir más tiempo con él, tampoco me deja dedicarme más tiempo a mí mismo y a mis novelas. Deseo tanto, de alguna manera terminar con esto, pero entonces me llega el recuerdo de Michael, su vivo recuerdo con cabellos rubios con gel azul-violeta iridiscente, hablando con todos los que pasaran por el lobby de la Resi.

Esta ciudad está llena de fantasmas. Cada vez son más los amigos que se van, y la gente que no está realmente interesada en amistad de uno. Los amigos que se van son como superheor cartoon cancelados muy repentinamente, o como series televisivas sobrenaturales que entusiasman solamente hasta el orgasmo. En esta ciudad nada vale la pena leerse dos veces. Yo mismo soy un fantasma. Y nadie me leerá más de una vez.

Thursday, August 11, 2005

El Olor entre las piernas, cap. 44 Mary Poppins

El olor entre las piernas,
cap. 44
Mary Poppins Revisited

Sucede que de hoy en adelante, todos los jueves de este semestre, y posiblemente el próximo (porque todavía no he decidido si me quedo a trabajar en la ácida bárbara), a las 2:30pm, tengo una cita con el Rev. y Presidente fundador de la Academia, el Sr. X, para hablar de algo nuevo y revolucionario que hay en el ambiente llamado "higiene mental". Sucede que este señor, antes de ser pastor, era un neurólogo psiquiátrico, para allá cuando la psiquiatría comenzaba a coger auge en la isla. Si digo que la reunión de hoy fue tediosa, pueden estar seguros de que es un understatement.

El hombre comenzó hablando de que cuando él ejercía esa profesión (ya no la ejerce, pues por supuesto ser ministro teleevangelista deja aún muchísimo más dinero, pero eso es acá entre ustedes y yo) él se encontró con dos mujeres a quienes a causa de la diabetes, le habían cortado una pierna (a cada una). A ambas les habían comendado el uso de prótesis. Pero había una que no daba pie con bola con la piernecita de pirata. Cuenta el Sr. X que él le preguntó si ella tenía a Cristo en su corazón. La mujer le respondió que no (quiero imaginarme que la mujer lo hizo con justificada ira ante semejante estupidez, yo así lo hubiera hecho). A continuación, el reverendo, perdón, neurólogo psiquiátrico oró por ella. La historia termina ahí, porque en la reunión nunca nos enteramos cuál fue el paradero de la mujer, y yo, aunque me moría de morbosa curiosidad (mis síntomas de ADD y tintes de autismo comenzaban a hacer efecto), no sentí ganas de preguntarle, porque ya me imaginaba que ésta, como muchas otras, era una historia inventada para ganar fieles entre aquéllos que, mientras el reverendo hablaba, musitaban un "sí, Señor, alabado sea tu espíritu).

Anoche vi la película de Mary Poppins. En uno de mis viajes de metadona depresiva me imaginé que yo era ella, y que cantaba alegremente un supercalifragilisticus, mientras lo alternaba con mis hechizos en extrañas lenguas extrangeras, haciendo que pequeñas escobas con brazos y mapos con brazos (esto ya es de Fantasia) hicieran toda la limpieza de mi apartamento. Desperté de mal humor y fue un pésimo día, que gracias a Buda terminó en la Barbarie.

Pero hay que tener cuidado con los sueños y la magia. Especialmente cuando uno padece de ADD. Por estar protegiendo mi mente de semejantes invasiones de espiritualidad santurrona cristiana, me fui en un exquisito viaje puberto mientras el pastor hablaba de los siete efectos de las tensiones neuróticas en la gente. Sólo recuerdo que musité un Símbelmine Necru Adesha, palabras que vinieron a mi mente solas, y ahi fue cuando El aquelarre de Goya comenzó.

"La primera tensión se manifiesta con la inhabilidad de hacerle frente a las demandas de la vida", palabras muy ciertas que yo escribía mientras la escena se desdibujaba ante mis ojos, y de repente las maestras comenzaban a quitarse la ropa y a gritar "¡Oh, Jesús, tú eres mi Señor!". Unas a otras se tocaban los pechos y se lamían los pezones en éxtasis, ante mis ojos incrédulos.

"La segunda es le deseo de alejarse de las dificultades que produce la tensión. A esto llamamos 'escapismo' y el escapismo produce culpa". Esas palabras me dolieron, y por un momento la orgía se disipó. Pero entonces, y ahora con un poco de resentimiento porque me cayó algo de agua encima, la orgía volvió, y en ella, el hijo del Reverendo, el Sr. Y le daba por el culo a su padre. Sonreí bastante divertido y satisfecho por el momento. Mientras los gritos y los gemidos pastorales se daban en el background, me dediqué a meditar en mis culpas. ¿Qué culpa tiene uno de escapar, si escapar a veces es la única salida? Si de escapar se trata, entonces todos los artistas somos escapistas, porque de alguna u otra forma, creamos mundos aparte, mundos distintos donde sincreamente nos gustaría mudarnos y vivir como dioses, porque después de todo, somos dioses de los mundos que creamos al hacer pinturas o escribir cuentos. Porque asimismo el mundo real es un asco, porque su escritor dice que está vivo cuando fue crucificado hace casi dos mil años, y aún hoy día lo siguen crucificando, una y otra vez.

"El tercer efecto de la tensión es el miedo a la muerte", dijo sonriendo el muy cabrón, en parte porque tenía razón, en parte porque en mi reinvención de la escena, su hijo le había dado un lechazo adentro. "La Biblia no habla de ello. Por eso, el miedo a la muerte es un temor adquirido". ¿Y qué? -me pregunté yo, mientras una de las maestras le metía la mano completa hasta el codo al maestro de educación física, quien a su vez se corría en la cara de la señorita maestra de kinder. Por supuesto que le tememos a la muerte, preo creo que eso es algo sano. Por ejemplo, mi temor a la muerte es lo que me motiva a escribir, a dejar algo hecho, una huella, que mi alma budista tenga como ancla en este mundo, que sí es terrible, muy terrible, pero muy bello. Pero por supuesto, el temor a la muerte es el castigo que pagamos los que cuestionamos a Dios, porque realmente Dios no es un dios de amor, sino una estrella que se apaga justo cuando estás a punto de tocarla con la yema de tu dedo, dejándote en la oscuridad de un infierno muy íntimo, producto de tu propia creación, lo cual está bien, porque es tuyo.

"Lo que sigue es un pavor al fracaso". Aquí tuve que hacer un alto en la orgía, dejar que la escenografía volviera a lo que es una reunión normal de maestros de un jueves a las 2:30pm, casi 3:00pm. Me permití una sonrisa. Luego volví a invocar el aquelarre. Mientras se clavaba a su hijo ahora y le apretaba las tetas a la maestra de matemáticas de secundaria, criticaba los matrimonios por capitulaciones, diciendo que éstos eran la semilla del divorcio. "El peor error que uno puede cometer en un matrimonio es decir:m 'esto es mío'", decía mientras le daba par de nalgadas a su hijo. ¿Dónde entonces quedan esos espacios sagrados que uno tiene donde no debe entrar ni Dios, ni la madre de uno? A lo mejor exagero, quizás me estoy volviendo igual de alarmista que ellos, pero en sentido contrario, pero entonces sonrío, porque eso significa que ante tanta luz en la bárbara Bárbara, hay un resquicio de negrísima y gótica oscuridad llamado Caleb.

"Después de esto viene el miedo a la humanidad, la falta de confianza en Dios", mientras yo decía en mi mente que el miedo a los demás viene de la falta de confianza en uno mismo. "Luego, el miedo a la autoridad, que Dios ha puesto aquí para que se respete". En ese momento, al reverendo le había crecido un bigotito de Hitler y en mi viaje de ADD conjurado (porque desde hoy ya puedo decir que he ganado la habilidad de conjurarlos) hacía la seña de Hail Hitler! con el brazo, mientras con el otro le soplaba una nueva nalgada a su hijo que todavía se estaba clavando. El reverendo dice que no se le debe tener miedo a las autoridades, pero que sí hay que respetarlas en todo momento. Sí claro, que le digan eso al hijo de Agustín Lara, el cantante argentino que murió sin brazos y desaparecido durante la dictadura en Argentina. La autoridad siempre debe cuestionarse, pienso yo. Lo que pasa conmigo es que aquí en Puerto Rico, los estatutos van a la par conmigo, por eso yo no obedezco las leyes, simplemente ellas están del lado de lo que yo pienso. En el momento en que así no lo sea, haré mudanza permanente a mi mundo creado.

"La culminación de todo esto es la rebeldía, que no es otra cosa que la máxima expresión de los miedos." Ya en este punto, el tripeo sexual del aquelarre había terminado. De repente se abrió el techo, como con la gente que los extraterrestres se raptaban en la película The Forgotten con Julianne Moore, el cielo se abrió también y de éste, cayó una gigantezca espada SoulCalibur que rajó en dos al reverendo. "Jesús nunca reaccionó, él accionó". Sí claro, porque en la Biblia no dice que Jesús, en ningún momento entró al templo, y al ver a los mercaderes les tiró sus mesas al piso. O, ¿qué me dicen de cuando Jesús llamó a los fariseos "prole de víboras"? Alquien que me diga si me equivoco o no, pero eso me parece bastante reaccionario.

Todo esto se reduce a la soledad. El ser humano, decía el hermano reverendo, es un ser muy solo, y eso debe cambiar. Yo digo que no, a mí me aburre la soledad a veces, me deprime, pero he aprendido a amarla, y entiendo que el ser humano tiene que hacer lo mismo.

Cuando ya no pude más, unas palabras de alivio me llegaron a la mente: Porta Me Diva Poppins!. En eso llegó Mary con su paraguas y me llevó volando lejos, muy lejos de mi asqueroso presente.

Wednesday, August 10, 2005

el olor entre las piernas, cap. 43 another brick in the wall

El olor entre las piernas
Cap. 43
Another Brick in the Wall

Luego de perderle el miedo a las conversiones y convenciones de fe, esta semana tengo que decir que me ha ido muy bien en la bárbara Bárbara. Creo que tiene que ver con agosto, y cómo la ciudad vuelve en sí, después del bochornoso aburrimiento del verano. Todo cae en su lugar, se puede ver cómo la IUPI sigue siendo el mismo caos de siempre, sólo que esta vez los decanatos tuvieron la perspicacia de dividir la matrícula por facultades, y ahora en cada facultad hay un gran caos. Sonrisas. Muchas sonrisas.

Al otro lado de la ciudad, llegando al límite de la misma, compuesto por Cupey, he decidido, a lo mejor un poco muy apresuradamente, que tengo madera de maestro. Hay algo que se siente en el ambiente cuando uno tiene talento para algo. Debe ser el "crackle" de la electricidad en la nubes y cómo esta estática nos para los pelos de la parte de atrás del cuello. A mí me ha pasado, desde el lunes. Me siento Hitler, quien con su sola personalidad entraba en los coliseos llenos de arios nazis y mientras iba posando su mirada y su brazo en Hail! iban cayendo en una ola de silencio.

Bregar con niños es mucho más fácil y compensador que lidiar con adultos. La formación, y ahora lo entiendo como ahora entiendo tantas cosas, depende completa de mí. Hoy les di sus primeros informes orales y lo tomaron con mucha madurez. ¡Claro está, estoy bregando con nenes de escuela privada de riquitos y clase media asfixiada! Pero no deja de impresionarme que sólo tengo que mirarlos fijamente a los ojos, para aquietar sus compulsivos y jóvenes espíritus.

Hay dos niños en mi salón que ya siento que los quiero mucho. R. y L. R. tiene, al igual que yo, ADD. Lo adoro porque es ultra-mega-inteligente, como yo lo era cuando tenía su edad, pero se va en unos viajes cabrones, como hacía yo a su edad. Siempre estoy pendiente de él, y le doy ejercicios a hacer en la pizarra, para que se espabile. Pero coqueteo con la posibilidad casi latente de que este nene llegue a ser un artista o un escritor. Lo he sorprendido dos veces teniendo conversaciones enteras consigo mismo, o con un amigo imaginario, no lo sé. Contrario a las demás maestras, pienso dejarlo quieto, que las tenga. Sabrá Dios todos los personajes que debe tener por dentro...

L. es simplemente una chulería de nene. No sabe casi inglés, y a lo mejor por eso es que cae mejor que todos los demás. Lo veo como un "underdog", de esos que parecen pendejitos y que al final dan el 200% y se llevan a todo el mundo enredado. Yo también era así. Alo mejor por eso me gustan tanto estos nenes, me recuerdan mucho a mí cuando pequeño.

Anoche fue la tercera noche de esta semana en la cual he podido conciliar un sueño placentero, aunque para sonámbulos insomnes y narcolépticos como yo, cuando se acerca la noche sabemos si podremos dormir o no porque se siente una estática en el aire, como lo que se siente cuando está justo a punto de llover a cántaros en la ciudad, como el "crackle" que uno siente cuando tiene talento para algo. Anoche lo sentí un poco, me asusté, me tomé dos UNISOM, y comencé a rezar mi Hechizo Patentado Para Los Dulces Sueños: Nírvana Illyria Samsara... Para mi sorpresa, dormí muy bien, pero tuve una pesadilla.

Soñé que mis tres grupos estaban todos juntos en un mismo salón y que me cantaban la canción de Korn: We don't need no education... Hey teacher! Leave the kids alone! All in all your are just another brick in the wall... Ya está decidido. El CD de Korn se va para el zafacón.

Thursday, August 04, 2005

el olor entre las piernas, cap. 42 Reflexiones de un aprendiz de mago en la ciudad

No tengo, ni he tenido nunca guille de Harry Potter en San Juan. Pero me doy cuenta que a menudo, en situaciones de extremo stress, puedo manipular la probabilidad de que ciertos eventos se den. Esto sólo me ha pasado en Puerto Rico, aunque en Hartford había una señora que me enseñaba magia a escondidas. No era dominicana, ni negra. Era una mujer blanca, mayor, descendiente directa de irlandeses, que mi papá había ayudado a traer desde Dublin, cuando él vivía allá. Pero eso no viene al caso.

Esto de mis poderes, es lo mismo que le pasa a otra gente que dice que sueña con muertos, que ve los espíritus de gente muerta, u otros poderes especiales que se atribuyen los que vivimos en partes abandonadas y olvidadas de esta ciudad. Yo les creo, por supuesto, si sólo tengo que decir Rama Secu Sura para que comience a llover. No es que yo me atribuya las tormentas tropicales, pero me gusta darles el empuje que necesitan para romper el sistema de alta presión que siempre localiza el Doppler al norte de Puerto Rico.

Hoy, 4 de agosto de 2005, fue un día de suerte para mí. Lo había pedido libre en la bárbara Bárbara, para poder conseguir unos papeles que me habían pedido: una negativa de ASUME, una copia de la tarjeta de Seguro Social, y un certidicado de buena conducta. Sabía que no tendría problemas con el certificado y ya tenía una copia de la tarjeta de Seguro Social. Sin embargo, me daba miedo que no me diera el tiempo y no pudiera resolver el problema de la matrícula en la UPR. De repente, antes de salir de mi tan odiado apartamento (por el calor y otras situaciones inhóspitas de naturaleza roommate, eso es tema para otro entry), me llegaron unas palabras que solas no dicen nada, pero juntas tienen una vibración especial: Rama Luckiaga Fortuna Majora Sortílega...

De repente, como con la poción Felix Felicitas del último libro de Harry Potter, todo comenzó a salirme bien. Salí a las 9:00am, llegué caminando a la oficina de ASUME a las 9:18am, hice el número 12, iban por el 8, pero la oficinista se estaba tardando solamente y exactamente 2 minutos con cada persona. Salí de allí como a eso de las 9:30am. Caminé tranquilamente hasta la parada de la AMA que está frente a la Estación del TU al lado de la UPR. Cuando estaba llegando, la A-3 se estacionaba plácidamente frente a mí, abriendo sus puertas para que unos pasajeros desabordaran la AMA. Mi suerte me abofeteó la cara con el placentero aire acondicionado y muchos asientos para yo escoger. Mi suerte continuó fluyendo durante todo el tramo, pues las luces estaban todas verdes, y no había nadie en las paradas de guagua, ni pasajero alguno dentro de la AMA que quisiera bajarse ante que yo.

Llegué al Cuartel General de la Policía a eso de las 9:48am, en tiempo récord jamás visto. Cuando llego adonde el oficial que registrará mis cosas, antes de pasar por el detector de metales, el muy cabrón me dice queno puedo pasar con pantalones cortos porque eso no es vestimenta apropiada para una oficina de gobierno. Antes de comenzar a cagarme en su madre y la madre de ésta, y maldecirlo con palabras extrañas que llegaban a mi mente, una señora me dijo: M'hijo no te preocupues yo te busco el formulario adentro". Me quedé pasmado, pero más pasmado me quedé cuando volvió con el mismo y me dijo: "Dame $1.50. Yo te compro el sello mientras tú llenas eso". Asílo hice y ella llegó con el sello y me dijo: "Yo te lo busco ahora". No podía creer mis oídos, me dije "esto no puede ser, definitivamente estoy en el twilight zone"... pero ella sí llegó con mi certificado de buena conducta, me lo entregó y me dijo: "Chequea que toda la información esté bien". Yo la cotejé y le murmuré un gracias, a punto de llorar porque realmente había sacado el día para esto, y no era factible regresar en guagua a mi apartamento, cambiarme de ropa y volver al puto cuartel.

Mi suerte no se terminó ahí. No hago más que llegar a la parada de guaguas frente al cuartel, y la A-3 regresa, con el mismo conductor que me había recogido en Río Piedras. El tramo fue placentero mientras yo escribía celosamente las palabras mágicas en mi libreta: Rama Luckiaga Fortuna Majora Sortílega... porque no conviene olvidarse de ellas.

el olor entre las piernas, cap. 41 Los Limbers de Anita García

El olor entre las piernas
Cap. 41
Los Limbers de Anita García

Para compensarme, o recompensarme por los insufribles primeros tres días de trabajo en la bárbara Bárbara, ayer en la noche mi pariente me llevó a comer y al Viejo San Juan. Nos estacionamos frente al Tótem, donde unos niños pequeños jugaban y se bañaban en panties y calzoncillos en la fuente. Pensé dos cosas: Dios mío, que esto sería el paraíso para los pedófilos del patio, y, Díos mío, ¿qué es esto, un país tercermundista de esos que aparecen en los anuncios de UNICEF?". Fue doloroso darme cuenta inmediatamente que sí, Puerto Rico es de Tercer Mundo, aunque siempre me he preguntado qué es el Segundo Mundo, porque nadie habla de él.

Nos Fuimos a caminar, mi pariente y yo. Llegamos a la Escuela de Artes Plásticas, y cogimos por donde está el graffitti que lee así: SRA. RECTORA DE LA E.A.P. (ESCUELA DE ARTES PLÁSTICAS): ESTE SEMESTRE EL ALZA EN LA MATRÍCULA ¡¡NO VA!! Por allí, encontramos un callejón que conducía a La Fortaleza, y no smetimos, para ver si entre las sombras encontrábamos un lugar en el cuál grajearnos y estrujarnos un rato, como pareja de recién casados. Pero tuve que conformarme con que mi marido, que es mucho más pudoroso que yo, agarrara mi meñique con el suyo. Seguimos bajando por la calle oscura, y nos encontramos con una convención de ciclistas pasados de peso y muy sudados, un señor que paseaba su perro boxer, y un muchacho que paseaba su galgo esquimal. Antes de arribar al Hotel El Convento, vi un letrero que leía: LIMBERS DE FRAMBUESA, CREMA Y PARCHA ¡A 50 CENTAVOS! No pude creer mis ojos, y mi pariente, que tenía realmente muchas ganas de compalcerme esa noche, me dijo que fuéramos.

La casa de los limbers quedaba dentro de un pasillo, metida en uno de esos edificios del Viejo San Juan, tan bellos, tan viejos, tan ciudad. Cuando llegamos, había una puerta dividida en dos, con la parte de arriba abierta y un windchime, el cual soné. Mientras escuchaba un "¡Voy!" muy lejano, vi que en el buzón de correo, lo único que había era un tag con el nombre ANITA GARCÍA. No Ana, Anita, como si ella tratara con su nombre de hacer lo que mismo que yo vengo intentando desde hace dos o tres años: regresar a la niñez. Cuando se asomó, era todo lo contrario, una mujer con bolsas en los ojos, arrugas en la frente y raíces en brote. Pero no me importa. Cuando sea grande quiero ser como ella. Cuando sea grande, porque no quiero serlo. Así lo dejo claro en mi poema "Wishes of Peter Pan" (www.cursedwordsofthesamurai.blogspot.com).

Le dije que quería un limber de frambuesa. Mi marido pagó los 50 centavos con mucho entusiasmo. Juro que tardé poco menos de media hora en chuperme el limber, quería que me durara para siempre, que el momento no pasara nunca, y agradecí el que algo como esto no sufriera todavía los estragos del alza en el costo de vida, algo tan puro y tan de la niñez, porque después de todo, es refrescante que algo en tu vida te diga "Sí, no hay problema, sé niño otra vez", luego de llevar siendo adulto desde los 14 años de edad. y PRefiero que sea un limber a bañarme en calzoncillos frente a la fuente del Tótem.

Tuesday, August 02, 2005

el olor entre las piernas, cap. 40 La bárbara Bárbara

El olor entre piernas
Cap. 40
La bárbara Bárbara

En estos días, escribir se me hace una terapia que aleja los fantasmas oscuros del cristianismo y la falta de sueño. Estono es un rant de los míos usuales contra cruzados templarios contemporáneos.

Para comenzar debo decir que parami gran desdicha, me contrataron como maestro en la Academia Bárbara Ann Roessler. Y Odio mi trabajo. Todavíia no han comenzado las clases en el colegio, y ya odio al presidente, a mi director y a la mayoría de las maestras.

El día de ayer fue miprimer día de trabajo. Transcurrió en una lenta reunión desde las 8:00am hasta las 4:00pm, con dos intérvalos de receso. Fueron seis horas de estar sentado en una silla escuchando atentamente al presidente del colegio hablando pura MIERDA. De que si teníamos que ser firmes con los estudiantes, que esto es un colegio cristiano, que la razón por la cual él no acepta estudiantes nuevos para grados once y doce, es porque una vez un estudiante se alzóo la camisa y se le vio un tatuaje, y el se dijo a sí mismo "ese nene está en gangas, trafica drogas y armas" y que según él, era cierto, a lo que varias maestras asintieron con un musitado aleluya, o un alábalo señor... De veras que me he metido en la boca del infierno, porque no conozco a nadie, no tengo aliados anti-Cristo, y me siento verdaderamente solo, realmente fuera de mielemento.

El día de hoy transcurrió de manera un poco menos desagradable. Como ayer, la reunión comenzó con un "devocional" (que consiste en que una maestra, de las más apendejadas por el brainwashing selevanta, hace una oración a Dios, lee un texto bíblico, lo comenta, grita aleluya, o alabado sea Dios, según su predilección, y comienza a cantar uno de estos estridentes villancicos cristianos de procedencia, seguramente del sur de Estados Unidos, donde los blancos son tan blancos que comunidades enteras pertenecen al KKK, para terminar con otra aburrida oración a Dios, y muchos amenes y aleluyas). Tragué profundo, cerré los ojos, y pensé: David, bloquea, bloquea, bloquea... piensa en las verdades de Buda, y en el óctuple camino. Creo que hasta inventé un nuevo hechizo para ayudar mimente a bloquear semejantes sandeces: Irum Natie Gaila...

Pero lo más espeluznante fue el anuncio del viaje a Florida. Nos vamos por cinco días y cuatro noches a una convención de colegios cristianos en Orlando, que es mandatoria, y de la cual yo tengo que pagar $365, más gastos de almuerzo y entretenimiento. Quedé espantado, porque yo detesto a Florida con aínco, no entiendo cómo la gente puede vivir tan cuadradamente, con tantas pretensiones de perfección en la planificación de la ciudad, y donde todo es falso,porque el castillo de Disney es de plástico y cartón, y las casas de los ricos, son de cartón, y los múltiples estanques para patos son falsos (hasta los patos se dan cuenta y no van a nadar all), en fin, que no sé, ynunca he sabido qué le ve la gente a esa gran yerma. Y es que vivo, y aparentemente trabajaré este año dentro de una obra de Lorca, o peor aún, dentro de una novela de Balzac.

Sépanlo desde ahora, así me quede sin empleo, no voy para Florida. Punto. Esa tierra de nadie no la piso yo.

La reunión de hoy terminó a las 2:30pm. Como no podía irme temprano, decidí entrar a la librería (que se llama IMPACTO, para rematar el impacto emocional que estoy recibiendo en estos momentos). Busqué bien entre los anaqueles y lo único que encontré que valió la pena echarle un ojo, fueron dos libros: una novela de fantasí (la primera de una trilogía, no encontré las otras dos partes) y un pequeño folleto de no más de 16 páginas con letra 14 sobre los Testigos de Jehová. El segundo me molestó muchísimo, porque aunque yo ya no soy Testigo de Jehová, muchas de las cosas que decía ellibro sobre ellos no eran ciertas.El 70% dellibrito era falso, parecía más un rant de una persona que los observó desde lejos y escribió después, que un rant de los míos, que yo sí viví en la religión durante catorceaños. Tengo que decir que hasta me sentí ofendido.

Salí de la librería respirar aire fresco. Comenzaba a llover y yo ni siquiera había invoca mi Rama Secu Sura. Bloquear a Bárbara... esas fueron las palabras que llegaron a mi mente. Esas y "escribe de esto, para que no te coman vivo".

Wednesday, July 27, 2005

el olor entre las piernas, cap. 39: Paños mojados

El olor entre las piernas, cap. 39 Paños mojados

No hay nada más apropiado para estos calores que un buen cuento erótico. Pero primero debo comenzar por decir que los calores son inmisericordes, que lo horrible de los mismos, es no sólo el hecho de que te obliguen a vaciar un valde de agua en tu cama, las sábanas y la amohada, sino que el aire mismo parece estancado, no se mueve una sola hoja, haciendo que los abanicos de pedestal no funcionen. Esto lo descubrí anoche, mientras me levantaba por segunda vez en la noche a bañarme con agua fría. Estaba en mis calzoncillos blancos, mis old reliables, y así mismo me metí a bañar para aprovechar el "frío" del abanico sobre la tela húmeda, que seguramente me haría amanecer con síntomas de monga y escalofríos.

De todas formas no pude dormir, habrá sido algún castigo penitente de paños mojados, como las estatuas femeninas griegas, las kariátides y el resto del reguerete de diosas que plagan los panteones griegos como las iglesias pentecostales a este país. Me levanté, me ajusté la punzante erección bajo un par de calzoncillos secos, me puse un traje de baño estilo trunks, azul marino y blanco, y una camisilla blanca. Agarré las llaves y los espejuelos, y salí de aquel horrible apartamento en la calle Borinqueña de Santa Rita. Había recordado que los techos altísimos de las casas viejas no permiten que el aire circule. Había estado ensayando un nuevo hechizo para hacer caer la lluvia. Llevaba desde el lunes musitándolo durante las horas muertes Rama Secu Sura, Rama Secu Sura, y aún lo tarareaba de camino a Burger King, esperando que todavía estuviera abierto para coger algo de aire acondicionado. A mi llegada a la calle Amalia Marín, frente a la galería, en un apartamento que quedaba metido en la marquesina de una casa de las nuevas, un hombre con el pecho desnudo y pantalones crema llenos de pintura que deduje sería acrílica, pues pegada a la pared yacía sólida, una pintura que el hombre componía poco a poco: un gato persa abrazando otro gato menor que parecía fantasma, sobre un cojín rojo de felpa. El hombre parecía muy inspirado, más al verme observando desde la calle, se adentró en el apartamento y puso algo de música. El hombre era de piel trigueña, y mis sospechas sobre su procedencia dominicana se vieron confirmadas cuando puso bachata.

Me retiré un poco más hacia la calle, me senté en una esquina y noté que las hojas no se movían para nada. Rama Secu Sura...

El hombre salió del apartamento con su celular en mano. Hablaba con genuino acento del Cibao. Fue cuando salió que noté que el botón de su pantalón estaba suelto y que la mitad de la cremallera estaba abajo. Puro coqueteo, pensé, aunque de repente me asaltó la idea de que este hombre estaba terminando una pintura para simplemente acostarse a dormir. Estaba solo, y de repente, quise ir donde él y preguntarle algo, cualquier cosa, dónde estudió pintura, qué estilos le gustaban más, cualquier cosa para montar conversación. Sabía que al momento en que se diera conversación alguna, el tipo caería en mis redes. Pero no me atreví.

De momento, el hombre dejó de prestarme atención, volvió a su apartamento y a su pintura. Se quitó los pantalones, revelando un generoso y grandioso culo envuelto en calzoncillos negros. El hombre siguió pintando el cuadro del gato persa y el gato fantasma. Yo lo seguí con la mirada, no podía apartar mis ojos de lo que estaba viendo. La noche parecía haberse apaciguado por completo para permitirme ese segundo, ese momento tan prístino, y tan amenazantemente fugaz.

El hombre se volteó y me miró. Con un gesto muy natural, con la mano que no sostenía el pincel, se agarró el elástico de los calzoncillos y se los bajó, quedándose completamente desnudo, con una erección entre las piernas, y un pincel en su mano derecha. A continuación se volteó hacia la pintura, pero soltó el pincel. Con ambas manos se abrió las nalgas, revelándome, a mí solamente, el culo más precioso que había visto en toda mi vida. Una brisa casi quieta, sacudió de golpe la calle Amalia Marín. Cuando el viento mínimo se detuvo, me di cuenta de que el hombre había apagado la luz de su apartamento, pero había dejado la puerta y el portón abiertos.

Tuesday, July 19, 2005

el olor entre las piernas, cap. 38 Michael "Blue-Violet" (1978-2005)

El olor entre las piernas
Cap. 38
Michael "Blue-Violet" (1978-2005)

Ayer me dijeron que hace dos dias Michael se suicidó. Se tiró de un quinto piso en algún lugar privado de Río Piedras. Como era de esperarse, mir eacción fue muy sobria y tranquila. se lo atribuí al calor, ambas cosas, eso es, mi reacción y su suicidio.

En momentos como éstos es fácil escrbir. O tal vez no. Las palabras no son suficientes para tratar de entender por qué este gringuito amigo mío, que había llegado desde Wisconsin hacía ya mucho tiempo, con planes para quedarse, porque según me dijo una vez "I won't ever go back to Wisconsin", con un mucho mejor dominio del español que yo, y cuatro idiomas más, con un bachillerato y una maestría de la UPR de Río Piedras a cuestas, decidió suicidarse. Y es que Michael era uno de esos gringos extremadamente raros que vienen a la isla buscando lo que nosostros buscamos cuando nos vamos a allá. Tenía el ritmo por dentro, todos los sabíamos, él lo sabía, bailaba salsa mejor que muchos oriundos del patio.

El nicknamee se lo di yo, "Blue-Violet", porque una muchacha de promociones lo vio, y debo decir que Michael era guapísimo, y decidió tratar con él un gel de cabello de color azul-violeta-iridiscente. Con su piel blanquísima hasta decir basta, y el trasfondo rubio de su cabello, Michael parecía un arcángel, cuando lo vi sentado aquella tarde frente a la Resi, donde le gustaba estar para hablar con los que entraban, los que salían, o con el guardia de turno, que muchas veces era Santiago.

No puedo dejar de pensar que Michael tenía demasiado por delante, demasiado porvenir para tirarlo todo al vacío, lanzándose él primero. Y es que Michael era también alcohólico. Todavía no he conocido a un borracho que se haya suicidado por borracho, pero tengo entendido que las cifras están como para callarme la boca. Pero según recuerdo, Michael era algo así como un alcohólico funcional. Nunca lo vi ebrio, y yo lo veía con bastante frecuencia. Él iba a sus clases, nunca faltaba al trabajo, y sí, es cierto, siempre me lo encontraba de pasada en el Ocho de Blanco, pero qué diablos, a cuánta gente no se encuentra uno allí siempre, de pasada, que son todos una sarda de borrachones amigables, que no son suicidas en potencia.

Anoche en Burger King me encontré con mi amigo de pasadas, el jamaiquino "Pantera", que fue quien me contó el cuento. Los padres de Michael llegan hoy a la isla, a velar a su hijo a la manera boricua, porque así lo dejó él manifiesto. Como así también dejó por escrito que lo enterraran aquí. No sé cuán fieles terminen siendo los arreglos, en este tipo de situaciones nunca puede realmente saberse. Pero me imagino a sus padres, que salen de un estado tan frío y energúmeno como Wisconsin para llegar a esta "ínsula tan extraña" y tener que velar a su hijo, muerto de suicidio, en una funeraria tan ridículamente solemne como la que queda al lado del Boricua. "Pantera" me dijo que Michael estaba enamorado de una mujer que no lo quiso de vuelta. Por eso es que hace tiempo me dije a mí mismo que no valía la pena sufrir tanto por un hombre o una mujer, después de todo, no es cierto que la vida es un teatro, y mcuho menos es cierto que la vida es una telenovela venezolana.

No sé qué más decir. Creo que ahora es que me ha alcanzado la estupefacción. Anoche no dormí nada pensando en Michael, y en que tenía que correr a escribir de él, dejarlo inmortalizado en la tinta, porque si alguien se lo merece es un buen amigo, que puedo decir, sin riesgos a sentimentalismos clichosos, que siempre estará en mi corazón, porque ¿cómo olvidar a un tipo que era todo un personaje en Río Piedras, sin caer en lo "freak"?

Todo esto me lleva a pensar que en cada esquina, en cada rincón solitario de esta ciudad tan no soñada, que es lo que realmente es San Juan, hay un suicida esperando a que una gota colme su copa. Ni más, ni menos.

Tuesday, July 05, 2005

el olor entre las piernas, cap. 37 AVON CALLING!

el olor entre las piernas
cap. 37
Avon Calling

La mejor forma de saber cuando es ya parte de un equipo de trabajo es cuando te enseñan el libro de Avon. Me sucedió el día de hoy, mi segundo día de trabajo como Data Entrist en Santillana. Trabajo con mujeres y soy el único varón. Nada más con el testigo. Lo que me lleva a Edward Scissorhands y lo carnavalesco en Tim Burton. ¿Cómo no me van a gustar sus películas, sobretodo cuando el carnaval es aquí y ahora, el carnaval lo hacemos nosotros, la aburrida gente normal, común y corriente, de colores pastel?

Sucede que cogí 6 desodorantes de a dólar, por aquello de cooperar, pero también con una mezcla de sentimientos extraños, como por ejemplo, si yo fuera una Barbie, en momentos como este, sería Barbie Corporativa. Sucede que así son las cosas en este gran país, que es una gran ciudad, realmente.

Hace casi un año que le compré un arbolito a mi pariente para sembrarlo en la casa. Es necesario ver la falta de observación por parte de ciertos individuos. ¡Que no es un flamboyán, hostia! –terminé gritándole a muchos.

Se trata de una “retama San José”. Hace falta ser más cuidadoso a la hora de comparar ambas plantas. Primero, el flamboyán y la retama son, obviamente, dos especies distintas. El flamboyán es un árbol. La retama es un arbusto. El flamboyán crece en forma de sombrilla, asimismo sus raíces, siendo esta la razón primordial por la cual rompe las aceras. La retama crece en forma de copo/columna, lo mismo su sistema de raíces, que por ser arbusto, no rompen las aceras. El flamboyán produce flores rojas o anaranjadas. La retama produce pequeñas florecitas de color violeta/blanco.

Sucede que estoy harto de que a mi pariente venga gente que supuestamente “sabe de plantas”, a decirle que ese flamboyán le va a tumbar la acera, que ¿cómo se le ocurrió sembrarlo al frente de la casa?, que ese palo se le va a quedar con todo. Nadie, sin embargo, se detiene a fijarse en que el arbustito que yo compré en la Estación Experimental de Río Piedras, luego de una larga charla con el dependiente, tiene hasta las hojas distintas. Las del flamboyán son diminutos, mas no realmente, porque cada hoja de un flamboyán es realmente miles de hojitas conectadas por un filamento. Son grandísimos los filamentos de un flamboyán, mas no es ese el caso de la retama, que sí tiene filamentos, pero sus hojitas se pueden contar, de tan pequeños sus filamentos. El colmo de la situación fue ver a mi pariente arrancarlo de donde yo, con tanto amor, lo había sembrado. Porque mi hermana me dijo que eso es un flamboyán. Porque el vecino que es agricultor, me dijo que es un flamboyán. ¡Pues todos los cabrones que piensan lo mismo me la sudan! Porque después de todo, vivimos en una gran ciudad donde sólo eres parte de ella si coges productos Avon; una maldita ciudad donde nadie sabe la diferencia entre un flamboyán rojo y uno azul (el azul no es realmente flamboyán, es otra especie llamada Jacaranda [su nombre científico], y el rojo se llama Delonix regia; el rojo, como ya dije crece en sombrilla, el azul en forma de columna, las hojas no son iguales, etc.), y sobretodo, en un maldito país donde todo el mundo conoce sobre cualquier tema a medias sin realmente saber un carajo.

Tuesday, June 28, 2005

el olor entre las piernas, cap. 36 huelga de tetas

El olor entre las piernas
Cap. 36
Huelga de tetas

En uno de esos momentos de ocio oscurantista, me dedique a buscar paginas de blog al azar, y encontre un blog de una chica cuyo "entry" dice asi y cito: "I know this sounds a little stupid but I have found a bikini that fits me.". Imaginen mi sorpresa cuando al seguir leyendo termine identificandome con ella. Que puedo decir? Son raras las veces en las que yo tambien encuentro un bikini que no solamente me sirve, sino que tambien acentua mis mejores "assets".

No solia preocuparme tanto por mi figura, nunca he pasado de las 170 libras. Especialmente desde los 22 anos de edad, cuando comence a recibir cumplidos exacerbados sobre mi culo. O mis nalgas. O ambos. Recuerdo que comenzo cuando fui por primera vez a la playita de las uvas, la que queda frente al Capitolio en el Viejo San Juan. En aquel momento tenia un g-string gris, no un bikini. Pero a medida fui ampliando mi repertorio mental de imagenes pornograficas, me di cuenta de que la marca blanca que dejan el sol y el bikini en las nalgas es mas apetecible que la que dejan los g-strings. Cuestiones de gustos y estesticas variables, a mi me da igual. En aquel momento, acabe sodomizado por tres hombres a la misma vez entre los arbustos de Coccoloba uvifera que cubren la playa como vellos pubicos de una ciudad que se rehusa a afeitarse, por miedo a que desaparezca el olor entre sus piernas.

Pienso que lo mismo no sucede con las mujeres. Entiendo que el bikini de una mujer no debe llevar un top. La sombra blanca que el mismo deja en sus tetas me parece abominable, me remite mas a los huevos fritos que a lo que debe ser la imagen de una teta. Lo que me lleva a la razon de ser de esta columna: la huelga de las tetas frente a JCPenney de Plaza las Americas.

El domingo 26 de junio de 2005, a las 11:00am, comenzo a llegar la gente con pancartas. No eran tantos como en un conflicto huelgario de la IUPI. Pero no solo habian mujeres y sus bebes, o ninos, sino tambien sus maridos. Iban en circulo empujando los cochecitos y gritando consignas como: "Gracias mami! Viva la lactancia!". Luego de media hora o 45 minutos, se sentaron todas, sacaron a sus tetas como escopetas, y amamantaron a sus ninos. Y yo me quede impactado, porque por primera vez desde que estoy en Puerto Rico me enorgullezco de este pais, y de cuan tercermundista es, porque sinceramente, I wouldn't want it any other way. En Estados Unidos no creo que se le haya ocurrido a nadie hacer esto.

Me alegro que las madres de este pais hayan decidido frenar la perversion y la sexualidad de los medios, antes de que la susodicha alcanzara con sus tentaculos el acto mas hermoso de la maternidad inmediata: el darle la teta a un nino. Me parece ridiculo que la administracion de JCPenney haya permitido que su departamento de fotografia no le entregara las fotos maternales a la madre que reclamaba sus derechos amamantando a las 11:45am, por declararlas "pornograficas". Me parece perverso y muy incomodo, por las implicaciones que eso tiene en el arte, en el desnudo y en el desnudo artistico. Pero tambien me alegro de que lo hayan hecho, porque de otra manera jamas hubiera presenciado esto. Ahora que lo vi me puedo morir en paz.

Todo esto me lleva a concluir que esta ciudad no tiene limites, en cuanto a resistencia pacifica confiere. Todavia hay esperanza para nosotros los inconformes. Y me alegro de no perder la capacidad de sorprenderme. Porque esta ciudad esta siempre llena de sorpresas.

Thursday, June 23, 2005

el olor entre las piernas, cap. 35 la pajara hermosa

el olor entre las piernas
cap. 35
la pajara hermosa

Dice mi amiga Fela que una vez fue al Boricua, al pub que queda yendo para el casco de Río Piedras. Luego de varias horas bebiendo hasta la demencia, se excusó para ir al baño. Cuenta Fela que en los baños para señoritas recatadas del pub, los cubículos están tapados solamente por cortinas de saco. Aquella noche fatídica, una mujer abrió la cortina del cubículo de Fela y se disculpó cuando la vio. Pero luego le dijo:

-Te diría que tienes la pájara más hermosa que he visto en toda mi vida, pero no he tenido la dicha de vértela.

Fela escuchó esto y no pudo hacer más que comenzar a reírse, porque después de todas las “pick-up lines” que había escuchado por parte de mamíferos machos caminantes en dos patas, ésta, que venía de parte de una mujer, le pareció mucho más original. Cuando salió del cubículo, la mujer le soltó otra más:

-Pero ahora que te veo, tengo que decir que es cierto. Tienes una pájara muy hermosa.

Cuando Fela volvió donde sus amigas, y les contó lo sucedido por poco escupen sus cervezas en risería histérica colectiva. Esa noche fue una noche de pájaras. Bellas y hermosas.

Dice mi amiga Fela, entre jugos de frutas y cervezas de a dólar en Vidy’s, que eso no fue lo único que pasó en ese baño del Boricua. Que en otra ocasión distinta, ella fue a orinar y había unas tipas riéndose frente a los cubículos. Era obvio que estaban completamente ebrias.

-¿Están haciendo fila para usar el baño? –preguntó la Fela muy inocentemente. Ebria también, pero inocente.

Las mujeres le dijeron que no, sin parar reírse. Cuando Fela cerró la cortina de saco y se sentó en la bacineta, se dio cuenta de qué se reían las mujeres. De ella. Porque la cortina no cerraba el cubículo por completo, y se veían de las esquinas para adentro. Y las tipas se estaban riendo de todas las que entraban a orinar. A lo mejor les parecía curioso ver las indefensas compañeras en género, en su momento más vulnerable. Yo todavía no entiendo el chiste lésbico-sád[f]ico-ebrio de las tipas. Lo que me lleva a pensar que esa noche también fue una noche pájaras intensas. Bellas y hermosas.

Dice mi amiga Fela que en otra ocasión, hace como semana y media o dos semanas atrás, habían dos mujeres en el Boricua, que cuando vieron a Fela, a Vero y a Tania llegar, gritaron “¡Cinco patas en contra del alza!”. Fela quedó espantada, Tania no podía creer sus oídos y Vero, la única lesbiana del trío, se hizo la desentendida. Esa también fue, verdaderamente, una noche para las pájaras desentendidas y desalentadas. Bellas y hermosas.

Después de reírme como anormal en el Vidy’s llegué a mi cuarto para encontrarme una gran pájara sobre mi cama. Era una alevilla, por su traducción del inglés moth, que no es lo mismo que una mariposa, con las alas desplegadas, que fácilmente pudo medir de diez a doce pulgadas. Sus alas eran de color gris carbón, con maravillosos diseños en color beige y unos atisbos de azul violáceo. Casi acabo por sonar a diseñador de modas. Creo que su belleza y majestad fueron lo que me impidió matarla. Encendí el abanico de pedestal en HIGH, lo volteé hacia ella, y se la llevó el viento, hacia la oscuridad más allá de la ventana. Era una pájara real, de esas otras a las que hay que decirle usted y tenga. Una pájara perdida en su rumbo. Bella y hermosa.

el olor entre las piernas, cap. 34 Updates

el olor entre las piernas
cap. 34
UPDATES

A mi pariente lo llamó Luis Daniel Todavía no han podido operarlo del tumor que le apareció en la cabeza. Hace ya más de un año que se fue para Chicago, y todavía no me acostumbro a su ausencia. Como no me acostumbro a la ausencia de Rosalina, que ya hace casi un año que se fue para España.

Cuando me despedí de Danny, por alguna razón, lo hice para siempre. Debe ser que siempre supe que nunca podrían operarlo, y que, debido a su condición de salud progresiva, moriría en poco tiempo. Hasta ahora me he equivocado, excepto en el precepto de que es posible que no nos volvamos a ver. Mi depresión sigue mordiéndome los talones, dándome días de lluvia y oscuridad, cuando el resto de la humanidad tiene sol con pajaritos. Sigo engañándome con la idea de que me disfruto la depresión, y sigo engañando con esto mismo a la gente que me pregunta por qué no estoy en medicamentos. Yo sólo quiero que la muerte me dé un poco más de tiempo, para dejar todos los asuntos terminados, en términos de literatura y pintura. Y quiero ir a Japón. Siempre quise ir a Japón. Lo que me lleva nuevamente a Luis Daniel, que aprendió japonés en su universidad y lo olvidó. Como yo lo he olvidado a él.

Rosalina no me ha escrito. Me veo tentado a dedicarle todo un capítulo de este libro, donde se reproduzcan los e-mails entre nosotros desde que se fue. A lo mejor lo haga. Irse fue lo mejor que pudo haber hecho. Es lo que yo debería hacer. Irme de este maldito país que va en picada, donde los senadores no saben comportarse, cuya economía ya está corroída más allá del moho al punto donde el metal se vuelve aire de sangre. Este es el precio que pagamos todos, cuando un país se vuelve una gran ciudad. Los amigos se van, unos e queda solo, y con la sentencia del desempleo y el hambre a cuestas, con sólo las ganas de sobrevivir como única compañía.

Miroku está algo mejor. Mi pariente lo llevó ayer al veterinario. Lo dejaron “hospitalizado”. Mi pariente fue a visitarlo hoy, y me contó que estaba de mejor ánimo, que comenzó a gemir tan pronto vio a mi pariente, que quería que lo sacaran de su jaula, y que mi pariente tuvo que irse llorando del sitio. Lo que me recuerda que los enfermos de gravedad siempre se recuperan algo antes de morir. Lo que me lleva a la noche de ayer, que fue una noche de esas de espiral en picada.

Pensando en Miroku comencé a llorar porque supo que no podía aguantar más, que esto ya no se podía seguir posponiendo. Me acosté a llorar en mi cama, pero me asaltó el recuerdo de aquellas palabras, que de momento me parecían tan lejanas... ¡Imel lenian dante! Comencé a pronunciarlas absorto en lo vacío del concepto de Dios y su gran misericordia. Las palabras se iban de mi boca sin sentido alguno. Decidí darme una ducha, como parte del ritual, para presentarme limpio y puro ante Gaia. Me llevé una botellita pequeña de cristal en cuyo interior hay muchas sodalitas, piedras semipreciosas usadas en la curación, la misma botellita de cristal que he usado durante nueve años (desde que llegué de Hartford) para curarme. Algo pasó en mis manos que no llegué a la ducha, porque la botellita se me resbaló y fue a dar contra el piso, haciéndose miles de pedazos de cristal y sodalitas azules regadas como el espanto de un recién nacido, transmitido por el aire vía difusión y osmosis, cuando se da cuenta de que le dijeron que esto era Tierra Prometida, y en realidad es una trampa de las peores. Entonces me di cuenta de que si mi perrito se salva será por verdadera misericordia de Buda y Gaia, porque yo ya no tengo poder mágico alguno sobre la situación. Lo perdí al romperse la botella. De todas formas me bañé, para estar puro. Me acosté en mi cama y traté de pronunciar las palabras. Pero con sentido o no, ni siquiera escapaban ya de mis labios. Tenía una piedra de molino en el cuello, y me dolía, literalmente, el corazón. Lloré nuevamente, por Miroku, por Sandy y Reynaldo, por todos los muertos que me acompañan dándome su sombra, y sobretodo, por mí mismo, por ser tan débil. Las lágrimas, los quejidos, y el llanto compungido me fueron llevando al sueño poco a poco.

Me despertó la luz suave del sol oculto entre nubes blancas, filtrándose por mi ventana. Todo era vanidad. Y el suicidio me estaba llamando con su dulce voz.

-Siempre tendré lista una cucaracha para ti... –me decía.

El suicidio me huele a campos de trigos y lavanda seca, a sábanas de hospital recién cambiadas. Debe ser por eso que han llegado los espirales. Para darme el toque final.