Monday, October 15, 2007

El olor entre las piernas, cap. 93 El Favor

El olor entre las piernas, Cap. 93 El Favor

Estaba yo en la plaza de Coamo, en las escaleras de la alcaldía bajando la pornografía de rigor en mi laptop cuando llegó ella. Estaba yo a pie, porque mi carro lo había dejado en la gomera, alineando, balanceando, verificando los chichones en las gomas, quitándome el temor sabio del commuter que viene con el temblar del guía, el saber que en cualquier momento una goma se te puede explotar en el trayecto de Coamo a Caguas, de Caguas a Coamo, el temblor de la isla flotante en Lucía y el sexo, saber que en cualquier momento puedes dejar de ser amado, en un mundo tan miserable como éste. Ella se acercó quejándose de la presión alta: una viejita gorda y baja de estatura, con la piel curtida por los achaques simultáneos.

-Ay, mijo, bendito, ¿tú estás trabajando ahora?
-No, pero estoy haciendo un trabajo en mi computadora, -mentí yo.
-Ay, es que tengo la presión alta, estoy mareada y no tengo quien me lleve a mi casa.

Pensé que probablemente eran mentiras, que no tenía ningún achaque, que podría ser puro síndrome de hipocondría. ¿Qué derecho tenía la viejita a separarme de mi amada pornografía? La miré con algo de malhumor, pero cerré mi computadora, le tomé el brazo derecho con mi izquierdo y me la llevé.

-Ay mijo, bendito, -seguía repitiendo el “bendito” lo cual me dieron ganas de dejarla y salir corriendo, -el doctor me dijo que tengo la presión alta, y la diabetes me tiene mala, y mi hijo, yo no se dónde está ese muchacho metío, un vecino me trajo hasta acá en el carro, pero el doctor dice que yo no puedo caminar porque me sube la presión, pero yo no me puedo estar tranquila..

La señora siguió hablando en un fluir de conciencia que a veces parecía un indirecto libre. Pensé que sería tarea más fácil llevarla hasta la esquina y volver a la alcaldía. Pensé en ayudarla a cruzar la calle y darle la papa caliente a otro. Se lo manifesté, por aquello de las cuentas claras.

-Ay, mijo sí, no te preocupes. Ayúdame a cruzar la calle, que el doctor me dijo que tengo la presión alta y la diabetes me está matando… -nuevamente el indirecto libre.

En el camino, dos mujeres jóvenes nos detuvieron.

-Doña Meri, ¿usted está bien? ¿Qué le pasa? –repetía una de ellas, con el cabello rubio y la piel oscura. Parecía una cucaracha rubia.

La señora continuó con su letanía, por lo que la mujer, que estaba muy bien vestida, como de oficina, y quien ostentaba una ID de no sé dónde, me preguntó a mí si yo era el hijo de ella. No, le dije, sólo le estoy haciendo el favor de…

-Ah, ¿la vas a llevar a su casa? Ay, chico gracias.
-No, en verdad…
-Ay, mijo, bendito, gracias, que el Señor te lo pague, que mira el doctor me dijo que yo tenía la presión alta y la diabetes me está matando.

Ok. Al diablo la pornografía, el compromiso ya estaba hecho. De repente, la muchacha le dijo a la otra que es que “Doña Meri” era paciente de Salud Mental (creo que era bastante obvio ya a ese punto), y le hizo la típica seña de “loca” dando un círculo alrededor de su oreja con el dedo índice. Me molestó la seña por razones que todavía no puedo comprender. ¿Hasta dónde llegas como médico de tus pacientes? ¿Dónde está tu humanidad que dejas que un paciente tuyo que sabes que no está bien de salud camine solo o sola, sabiendo que se puede caer y darse un mal golpe o hacerse daño? ¿Por qué la mujer no se ofreció para buscar su automóvil (era claro que tenía uno porque tenía las llaves del mismo en su mano derecha) y llevar la paciente hasta su hogar? Después de todo, Coamo no es tan grande, ni mucho menos su casco urbano.

Le pregunté a la viejita dónde vivía.

-Yo vivo allí, por donde va aquel muchacho, en la calle Baldorioty, -como si yo supiera cuál es la calle Baldorioty, lo sé ahora luego de ayer.

No sé por qué la gente de pueblo te ve y no te reconoce como un forastero. Inclusive te preguntan si eres hijo de Pepe el de la Panadería o Juan Antonio, el guardia municipal.

Seguimos caminando, esta vez en bajada. La ayudé a cruzar la calle y continué con ella. La computadora en mi brazo derecho, su brazos derecho en mi izquierdo, al poco rato comencé a sentir dolor en mi muñeca. Ella me la estaba apretando inmisericorde. Temblaba y se notaba que tenía miedo de caerse. Había llovido. El suelo estaba resbaloso, las aceras llenas de accidentes y con carros estacionados encima llevándose la mitad del espacio, y por un momento, finalmente entendí lo que siente una persona con discapacidades físicas cuando trata de caminar por ahí. Literalmente son esclavos marginados por el sistema.

Bajando, cruzamos otra calle, llena de hoyos y conductores dispuestos a no frenar si no es por la imagen de la viejita. A un joven como yo, de cabeza rapada (me la rapé recientemente en solidaridad con los monjes budistas de Myanmar), le pasarían por encima sin pensarlo dos veces. Pasamos por la escuela elemental. Los nenes estaban fuera de los portones, corriendo por las aceras. Algunos se burlaron de mí y de la viejecita. Mira, ¡esa es su novia! De acuerdo, bienvenidos los atropellos, ya no importan, sólo el dolor en mi muñeca y yo apaciguándolo con la esperanza de que la casa de la viejita estuviera al voltear la esquina.

Preferí no volver a preguntarle a la viejita dónde vivía, cosa de tratar de acallar su letanía aléphica. Pasamos por un bar de mala muerte. Los hombres, de mirada curtida y ebria en pleno mediodía, se reían como quien dice: je je, te tocó el tostón, so cabrón.

Durante el resto del camino, dos mujeres de la Iglesia Bautista de la viejita se detuvieron para agradecerme el gesto, pero no para relevarme. Dios te bendiga, dios te bendiga, dios te bendiga, me tenían harto. Sucede que la calle Baldorioty queda hasta lo último del casco urbano. Las aceras accidentadas, no aptas para que una vieja camine en ellas, alargaron el recorrido. Al final, la casa número 55 a mano izquierda, un esperpento minúsculo de madera con escalos frontales demasiado altos, al estilo de antes. La ayudé a subir, arriesgando una lesión en la muñeca, de tan fuerte que me había agarrado la misma durante el recorrido de 35 minutos. Luego le cerré el portón principal y me marché. Inmediatamente comenzó a lloviznar. Computadora en mano, corrí todo el camino hasta la alcaldía.

Tuesday, August 14, 2007

El olor entre las piernas, cap. 92, El hombre de amarillo o Antonia revisited

El olor entre las piernas, cap. 92 El Hombre de Amarillo o Antonia Revisited

Veo el video. Ya está en YouTube. Se me acelera el corazón cuando veo al hombre vestido de amarillo forcejeando con el policía. Lo tiran al piso los tres azules. Los dos hombres policías le caen encima. Ya derribado, el hombre sabe lo que viene. Trata de defenderse. El policía busca el revólver. El hombre le detiene la mano. Se escucha la primera detonación. El policía resulta herido. Mi corazón ya está en taquicardia. Desde el otro lado de la ventana de mi computadora, grito que tenga compasión, que fue un error, que nadie quiso que la pistola se disparara, que por favor no haga lo que el hombre de camisa amarilla y yo sabemos que va a suceder. Se escucha una detonación. El policía le hace un disparo. El hombre de amarillo comienza a temblar en el piso. Se escuchan dos detonaciones más que le siguen. El hombre de amarillo jadea, se estremece, lucha por su vida aunque ya se le acabó el hilo. El policía, no conforme, le asesta un último disparo en la sien. El hombre de amarillo deja de temblar, estremecerse y muere abatido.

Le imploraron. Le imploré yo también desde mi computadora en YouTube. Le gritamos cabrón, hijo de puta, abusador, desgraciado, no hagas eso, por favor no lo mates. Pero el policía lo mató.

El shock me devuelve de inmediato a Hartford, a mi escuela superior, la Hartford Public High School, y las peleas que se formaban entre gangas frente a los portones, peleas con palos de golf, de jockey, con bates. Recuerdo cuando el SWAT se metió y repartieron cantazos a maestros, estudiantes y gangueros por igual. Recuerdo los gases lacrimógenos y el pepper spray, que me dejaron un mes en el hospital con asma y bronquitis.

El shock me remonta al infame incidente del ’93, cuando el novio de una amiga mía la llevó en su Jetta del año a la escuela, y el guardia lo detuvo sin razón alguna. Recuerdo el puño que le metió al novio de mi amiga, sin razón alguna. Recuerdo el manoplaza que le metió a mi amiga en los senos y cómo la dejó en el piso sin aire y agarrándose el pecho. Recuerdo la bofetada cruzada que me dio por ir en auxilio de mi mejor amiga.

El shock me devuelve a Villa Cañona, que bien podría llamarse Villa sin Miedo, a Humacao, a Fajardo. Comienzo a cuestionarme la naturaleza supuestamente límpida y prístina de los operativos en los residenciales. Me toca de cerca, aunque no conocí al hombre de amarillo. Aunque pueda revivirlo en sus últimos segundos cada vez que oprimo play.

El shock me dice que esto es como la historia de Antonia revisited.

No me sorprendo de desear la pena de muerte para este oficial de la policía. Si un ciudadano asesina a un policía enseguida se busca la pena de muerte. Pues lo mismo a él, por qué no. Me hartan los policías, azules o verdes, los militares, los jueces que se creen que son la ley. Un representante de la ley es sólo eso, representa la ley, no es la ley. A ellos también les aplica la Ley, porque se hizo para todos.

Cada vez que mis dedos presionan el click de play, pido la pena capital con más ahínco. Si no se la dan, morirá a manos de los ciudadanos responsables de este país que decidan, aunque sea sólo en este caso, tomar la justicia

Thursday, August 09, 2007

El olor entre las piernas, cap. 91, La reina es pata

El olor entre las piernas, Cap. 91 La Reina es pata

Llegué al mecánico. Había tres personas delante de mí. ¿Cuánto cuesta alinear el carro? Veinticinco dólares, me responde el hombre. En media hora estoy con usted, añade. Muy bien, le digo yo. El lugar gozaba de un silencio tan puro y elocuente que jamás lo hubiera asociado con un taller de mecánica, sin importar el tipo de mecánica. Saco un libro de mi auto, antes de que lo enganchen. Babel-17 de Samuel R. Delany, de la desaparecida colección de ciencia ficción en español de Grandes Éxitos de Bolsillo. Tiene un epígrafe: “no son las sociedades ni los individuos los que moldean el lenguaje, sino todo lo contrario”.

Lo abro en la primera página y leo el primer capítulo con asombrosa rapidez. Sucede que la Tierra está siendo invadida y esta invasión sólo puede ser detenida comprendiendo el lenguaje de los invasores, que ha sido denominado Babel-17, y el cual no puede ser descifrado por el Departamento de Criptografía de la Tierra, porque lo ven como un mero código. Para ello emplean la asistencia de la poeta Rydra Wong, “la poetisa de las Alianzas Terrestres”, cuya obra es conocida y admirada en 17 galaxias, porque ella es la única que decide ver el código por lo que realmente es, un lenguaje en sí mismo.

Despierto de mi lectura, porque el mecánico, al verme leyendo, decidió que era un buen momento para encender su radio en la estación cristiana de rigor. En ella, un hombre joven hablaba en acento neutral de Univisión sobre el apóstol Pablo, el cambio que hizo en su vida, cómo se salvó y sus contribuciones a la vida moderna (porque en ningún momento dijo “vida cristiana” y eso me preocupa, los cristianos se están poniendo cada vez más agresivos). Intrigado por qué me depararía el capítulo 2, y molesto porque mi mente decidió que ese era un excelente día para dejarse caer en un episodio de ADD, le pedí al mecánico que bajara un poco la radio. Todos a mi alrededor me miraron mal. Fue como haber gritado que la Reina es pata en Inglaterra. De más está decir que le di las llaves de mi carro y me fui. No tenía ganas de enfrentar la literatura contra la religión.

Me fui para la Plaza de Coamo, buscando un espacio tranquilo en el cual sentarme y leer. Había un quinceañero en la Iglesia, sus puertas abiertas, y por ellas se violentaba la voz a vivo micrófono del cura, que también tiene acento neutral de Univisión. Cierro los ojos, decido que Coamo no es un buen lugar para leer, que no me extraña que todavía no haya encontrado alguien en este pueblo que hable algo más edificante y cultural que Juan Vélez, que el cielo es azul por alguna razón, y que el español puede sufrir la misma suerte que Babel-17.

Thursday, July 19, 2007

El olor entre las piernas, cap. 90 La astucia silente de las tormentas

El olor entre las piernas, Cap. 90
La astucia silente de las tormentas

Era sábado. Iba temprano al trabajo. Venía de Coamo y subía hacia Caguas. Lloviznaba. Durante la semana habían anunciado, entre otras cosas, la muerte de Guarionex. En los carros, Guario siempre te recordaremos. Me detengo en el área de descanso opuesta al Monumento del Jíbaro. Varios automóviles estacionados. Hombres adentro masturbándose y buscando algo que les espante el frío como se lo espantaba el sexo a Rocco en “Intangible”. Sólo una dama.

Era sábado. Lloviznaba. Abrí un periódico viejo que tenía en el carro. Estaba amarillento de tanto sol. Repaso en mi mente: ¿traje la ropa del gimnasio para cuando salga del trabajo? No. Se me quedaron las tennis. El cielo se pone más negro sobre el albor de Cayey. La niebla desciende luminosa, muy astutamente para así también recoger hacia adentro el escroto de los masturbadores. En el periódico, la propuesta política del nuevo partido, el de Rogelio Figueroa. Pienso en titi Helena, en la bichería que le gasté sin querer cuando me reuní con ella el jueves anterior, día anterior a mi cumpleaños. Medito en la imposibilidad para mí de celebrar un cumpleaños tradicional. Todavía siento las cadenas de los testigos de Jehová halándome adonde sea que me dirija. Pensaba que mis peores días eran las navidades y semana santa, pero el cumpleaños es el peor día para un ser al que nunca se lo celebraron en sus años de formación, y quien creció viendo a los demás niños recibir regalos y quedarse sin nada.

Era sábado, y las lloviznas se aguantaron. Me bajé del carro, saqué un Benson Mentol de la cajetilla, y me di cuenta de por qué habían aparecido pequeños pedazos de plástico amarillo por entre toda la basura que hay en mi carro. El lighter se había hecho pedazos misteriosamente. Decidí pedirle algo de fuego a mis vecinos. En un Toyota rojo dos hombres se masturbaban con las puertas abiertas.

-Permiso, perdonen que los interrumpan. ¿Tendrán por casualidad un lighter?
-Negativo, pero aquí hay fuego, -me dijo mientras se halaba la pinga y me la enseñaba. A continuación se dobló y comenzó a mamársela a su compañero.
-Mano gracias, en otra ocasión.

Era sábado. Me retiro y veo a una señora fumando al lado de su auto en la otra esquina del área de descanso. Fuma mientras busca algo en unas bolsas. Cuando me le acerco me doy cuenta de que está buscando un abrelatas y una lata de comida para perros, un purrón viejo de Tuperware y agua que saca de una botella. A su lado observo una perra preñada que se queda tranquila y obediente mientras la mujer, entre sorbos de humo, le dice cosas dulces.

-No comas comida de por ahí, que yo estoy aquí mamita, yo voy a venir todos los días a ponerte comida.
-Permiso, perdone que la moleste, ¿me podría prestar un lighter?
-Tengo fósforos, ¿quieres? O mejor… toma, préndelo con la cherry.
-Gracias. ¿Usted siempre le pone comidita a la perra?
-Sí. Yo bajo todos los días desde Cayey a trabajar a Ponce y cuando subo le pongo comida. Hay que hacerlo porque a nadie le importa.

Era sábado y comencé a pecar de mentiroso-por-identificación. Pero no me importa.

-Yo trabajo para una organización sin fines de lucro, Save-a-Sato. Nosotros los recogemos, los bañamos, los desparasitamos y les buscamos hogar (¡MENTIRA!, pero por lo menos es un deseo que me gustaría realizar, y con eso acallé la conciencia).
-¿De verdad? Ay, mijo si es que este país está tan mal en tantas cosas. Tantos perritos realengos y nadie que se ocupe de ellos. Yo mira, hasta dejo de comer yo por darle comida a mis animalitos. (Pensé en Miroku, en mi adorado salchichita que dice cuentos y me entrega las novelas por capítulos, pensé en cuánto amo yo a ese perro).
-Wow, es muy poca la gente que se preocupa como usted. En nombre de todos le doy las gracias por la labor que usted hace.
-Ay mijo, si hay que hacerlo.

Era sábado cuando me subí al carro y me di cuenta que el mundo es más grande. Sigo dándome cuenta de que asimismo, la humildad es un salvavidas que te libra de ahogarte en él. Encendí el motor. Me despedí de lejos de par de masturbadores y me alejé. Al salir, el cielo mismo se nos vino encima.

Tuesday, July 10, 2007

El olor entre las piernas, cap. 89 En defensa de la Fantasia

El Olor entre las Piernas, cap. 89
En defensa de la fantasía

Reacciono a ciertas elucubraciones paternalistas ofrecidas gratuitamente el pasado domingo en La Revista, en torno al fenómeno Harry Potter y lo que representa la fantasía como género literario; reacciono en especial a las palabras del escritor Juan Antonio Ramos. Una de las cosas que más me asombraron cuando llegué a Puerto Rico hace escasos 12 años atrás, fue la falta de respeto hacia la literatura fantástica y la literatura de ciencia ficción. La falta de respeto iban desde un tratamiento fríamente paternalista, hasta decir que eso no es literatura. No sé si es peor decir que la fantasía y la ciencia ficción no son literatura, o decir que son literatura lite. Y esto viniendo de profesores universitarios y supuestos literatos que no saben la diferencia entre clasificaciones de género temático versus clasificaciones de literatura por edad (siguen confundiendo la literatura para niños con la fantasía… Tolkien debe estar revolcándose en su tumba); así como perpetúan que el realismo mágico es fantasía (cuando no hay nada más opuesto a la fantasía que el realismo mágico), así como perpetúan que el realismo mágico comenzó con el Gabo (cuando en Latinoamérica quien comenzó con el realismo mágico fue Carpentier con El reino de este mundo). Todas estas acepciones me parecen un insulto, sobre todo cuando la fantasía fue la primera literatura que hubo en la historia de la humanidad, o ¿acaso nos hemos olvidado de las épicas de La Ilíada y La Odisea, y mucho después, los viajes de Dante en La Divina Comedia?

El realismo mágico, que Alejito Carpentier separó de lo real maravilloso, se define como “la experiencia de vivir en la modernidad sin escapar del pasado y la miseria de los pueblos”. El realismo mágico posiciona al ser humano entre la modernidad del Siglo de las Luces, si se quiere, y el pasado mágico y supersticioso de la tierra donde ubica. Por ello encontramos en Macondo a Puerto Rico, a República Dominicana, a México… por vemos en Macondo el reflejo de nuestra propia miseria, nuestra propia magia y nuestro arrojo hacia la modernidad. La fantasía tiene otras preocupaciones y otra definición.

La fantasía la definimos como “la preocupación por el pasado prehistórico del cual no tenemos conocimiento real alguno, así como la preocupación por los orígenes del mundo y de las cosas que nos rodean más allá de los dogmas de las religiones que más influencia ejercen sobre el mundo”. La ciencia ficción, por otro lado, la definimos como “la preocupación del ser humano ante el futuro y los cambios que acompañan a éste en términos morales, de acuerdo con los avances tecnológicos”. Tanto la fantasía como la ciencia ficción son altamente especulativas, y por ello, es mucho más trabajoso escribir una novela de fantasía o ciencia ficción que escribir, digamos, La reina del sur o Nuestra Señora de la Noche. Tolkien, en una entrevista dijo, que para él haber podido escribir Lord of the Rings tuvo que hacer muchísima investigación sobre cultura y religión celta/escandinava/cristiana, tuvo que investigar sobre cartografía, geología, antropología y filología (Tolkien inventó más de 5 lenguajes distintos, con todo y su gramática para hacer tan sólo tres libros). Y todavía hay “literatos” que se atreven a pecar de ignorantes y decir que Lord of the Rings es para literatura adolescentes, sólo porque el personaje principal es un adolescente hobbit.

Me preocupa para dónde vamos con estas acepciones. ¿Será que una vez más impera en nosotros el insularismo de Pedreira? ¿Será que es cierto lo que dijo Julio Ortega, que Puerto Rico es una ínsula muy extraña? Creo que en esto se nos ve la cultura como pueblo. Creo que nuestro predeterminismo social nos mueve a ser paternalistas con aquello que es lo más esencial en un ser humano: los sueños (que están en el reino de la fantasía). Creo que a la gente de este país se le olvidó soñar, y cuando dejaron de soñar, se les olvidó su historia. Creo que hay una falta de historia en este pueblo. Creo que debe haberla para desvirtuar el esfuerzo de algunos genios de darnos nuevas teorías interesantísimas sobre qué sucedió en ese pasado del que no sabemos una mierda.

A ver si este esfuerzo de darle a este género temático tan noble algo de la virtud que le ha sido robado redunda en algo: la fantasía produce la más fuerte de todas las catarsis: el error del héroe (o su victoria, no importa) siempre llevará a la destrucción de un mundo utópico, perfecto, hermoso, bello, que dará paso a un futuro incierto (o muy cierto dado el hecho de que la fantasía se ocupa de elucubrar alguna explicación en torno a los génesis del mundo y sus pueblos). La fantasía nos devuelve el mito y la capacidad de maravillarnos (recuerdo mi momento más fuerte de maravilla, cuando en El Mago de Oz, Dorothy descubre que el gran Mago de Oz con sus ilusiones, su gran rostro esmeralda y sus fuegos artificiales, que simboliza a Dios si se quiere, no es más que un hombre frágil y pequeño, asustadizo, operando máquinas detrás de una cortina), y de querer virar el mundo boca arriba y hacerlo mejor. Asimismo, este género temático provoca un efecto de escape del cual no hay que avergonzarnos; es un efecto de escape hacia un mundo mágico que nada tiene que ver con la niñez o la adolescencia, sino con la capacidad de soñar (imaginación creativa), porque nunca en la vida de un ser humano, se detiene el desarrollo, y nunca se pierde la imaginación. Por esta razón, estos escapes no deben ser motivo de burla o devaluación.

En nuestro mundo hispanoamericano fallaron todas las fórmulas políticas, sociales y económicas. Vivimos en un Macondo que se olvidó de soñar con la Tierra Media. La fantasía, como el más viejo de los géneros temáticos de la literatura, se encarga de devolvernos los sueños. Es también la forma de arte más poderosa, a la hora de integrar todas las inteligencias múltiples en un ser humano, pues es la única que anda el filo entre el arte figurativo (o la narrativa “real”) y el arte abstracto (o la literatura “mística”).

Es tanta la importancia de esté género, y tantas su posibilidades (de uso, de especulación y de expansión imaginativa) que me entristece la actitud paternalista con la que se trata en Hispanoamérica.

Monday, April 09, 2007

El Olor entre las piernas, cap. 88 La naturaleza del fuego

El olor entre las piernas, cap. 88

La naturaleza del fuego

Llegó el tiempo que más odio del año: la Cuaresma, y con ella los fuegos del Sur y la insoportable Semana Santa. Detesto esta época seca, en el que la gente no come carne pero no se cuestiona por qué parar de comer carne roja, pero no parar de beber cerveza en Oreste’s II, en el Doble Seis, en La Guitarra y ese otro chinchorro que queda cerca de la gasolinera el Económico. Estos son tiempos secos y el sol le da al vidrio de las botellas de Heineken como grandes montos de verde artificial descubiertos por el fuego que no consume todo, tiempos secos que agotan toda posibilidad de humedad alguna arribada del mar, y se desata un fuego, dos fuegos, 37, que son los que van en lo que va del año. Y se me ocurre que este es un año de sangre, que como los casi más de 150 asesinatos registrados en lo que va del pobre 2007, cada incendio es más que una cicatriz negra en la tierra, es una muerte. Con cada fuego se mueren y embrutecen de 100 a 200 cerebros.

Esta semana ha probado ser insufrible. El lunes me tiré para la plaza de Coamo a conectarme al Internet por la noche. Los católicos estaban revolcaos con el vía crucis y no había quién aguantara las letanías y los coros desafinados que salían vomitados por el portal de la iglesia. Aparte de eso, esta semana he escuchado gente “respetable”, altas y prominentes figuras dentro del cristianismo paisano decir las sandeces más ridículas, y sobre ello puedo escribir un poema triste esta noche. En realidad no entiendo a los cristianos. ¿Acaso cuando aceptan a Cristo como redentor o salvador hacen un pacto con él para dejar sus cerebros fuera de la ecuación? ¿Acaso el precio de la salvación es la entrega o el secuestro de nuestra razón y pensamiento crítico? ¿Es que ahora la fe es sinónimo de rubia cabeza hueca con guindalejo de Juan 23 al cuello? Sigo pensando que es el fuego que nos tiene así, y que lo peor que se pudo hacer fue bregar con el Código Civil en Cuaresma.

Decía Don Eugenio María de Hostos que la educación es la antítesis de la barbarie, y todos sabemos que el fanatismo religioso es una de las cosas que nos quedan de ese pasado bárbaro y tribal. También afirmaba que la educación debe fomentar en el individuo el desarrollo de su capacidad de raciocinio, su pensamiento crítico y un buen conjunto de valores. Él nunca dijo que lo de los valores le tocaba a la Iglesia, y creo que en ello fue visionario, porque tiene razón. La Iglesia es una agencia socializadora, pero no educadora, no puede tener a su cargo la educación -a menos que se trate de sacerdotes jesuitas-, porque hay un claro conflicto de intereses. Pero a Don Eugenio, como buen filósofo, la visión se le quedó corta en todo lo demás. Probablemente, mi querido Hostos nunca se imaginó que no llegaría a ser profeta en su propia tierra, ni que a su gente le importaría un coño su filosofía –que es tan sabia como sabia es la ciudad casi hundida de Venecia-. Y es que en un país de llamarada lo que importa es tener la oportunidad, en algún momento de nuestras vidas, de quemar al otro, al marginado, al desprotegido por Dios –y que debe permanecer desprotegido por él para que aprenda a no ser pecador-, en fin, aquéllos muchos que serán defendidos por el nuevo Código Civil. Los otros, los que cargamos con la otredad no tenemos derechos civiles dicen los católicos, los pentecostales, bautistas, Testigos de Jehová, y demás cristianos de la extrema y no tan extrema derecha. Yo me pregunto, sin embargo, si el fuego consumió o no a los “otros” cristianos…
Y es que si dios nos hizo a su imagen, puede venir cualquier pendejo imbécil con malas intenciones, como nuestro Arzobispo de San Juan Roberto González Nieves –que dicen las malas lenguas capitalinas que secretamente comparte con un amante homosexual y que es botona-, y decirnos que Dios es nuestro espejo y que al mirarnos en él, en vez de ver lo que nos falta para lograr la perfección, somos Dios. Terminan creyéndose tal. Ya lo digo, es el fuego el que se llevó sus mentes al carajo.

Esto del Código Civil ha traído cola de novia, y la que falta, una cola como lenguas de fuego del más cabrón de todos los incendios del sur registrados durante este año: el de antes de Coto Laurel, en dirección a Ponce, por donde los chamaquitos “escrambean” motora. ¡Qué mucha mierda han hablado los Pokemones religiosos de este país! ¡Qué poca capacidad de análisis y pensamiento crítico hay en esta ínsula tan extraña! ¡O puñeta, que alguien me diga dónde carajo está la gente pensadora de este país y qué puñeta están haciendo los periódicos que no están publicando esas cartas! Yo me incluyo entre los morones de este país, porque admito que el fuego se ha llevado, no mi cerebro, pero sí mi voz. Porque ya perdí la cuenta de cuántas cartas le he enviado a la Nanny Torres de El Nuevo Día y que nunca me han publicado. Las pocas voces racionales se apagan demasiado rápido por el fervor hueco de los monjes de rapiña puertorriqueños. Tuvo El Nuevo Día que hacer una revista dedicada al ateísmo (tuvo que ponerse esa coartada, ese disfraz) para que se nos diera alguito de voz a nosotros los disidentes. Tuvo que publicar ayer 4 de abril, el Dr. Antonio Fernós, Catedrático de Derecho una columna magistral, otorgando una bella, merecida y tan formidable cátedra sobre la separación de Iglesia y Estado, para poder “jamaquear” las conciencias huecas de muchos, embrutecidas por tanto sol y tanto fuego provocado por tanta botella de Heineken tirada a las orillas de las carreteras y en los montes.

Lo único sabio e interesante que el homofóbico de mi profesor de Fundamentos Filosóficos de la Educación, el Excelentísimo Dr. César Cedeño ha dicho en lo que va de semestre es que “hay mucha más gente buena que mala en este mundo. Lo que pasa es que la gente mala recibe más publicidad”. Y yo me pregunto: ¿dónde están los verdaderos cristianos de este país, los no practicantes, los buenos cristianos, que son la mayoría y no esta minoría que se la pasan detrás del culo del homosexual tapado que tenemos por arzobispo de San Juan y los seniles Raschke y Font? ¿Dónde está esa gente linda que nunca te predica lo que son, que ni siquiera te dicen “Dios te bendiga”, pero que tienen firmemente adherido a su DNA el servir a los demás, el dar la vida por otros, el amor a los demás y a la Tierra –porque entienden, como entiendo yo, que más importante es la Tierra que Cristo mismo, porque la Tierra fue el primer regalo que nos hizo Dios-, dónde está la voz de esos cristianos chulos y cool que se viven su cristianismo en la elocuencia del silencio, sin gritarle su santidad a los 4 vientos, esperando a que otros se unan a la orgía de gritos a ver quién grita más y por ende, quién es más santo? Yo les voy a decir donde están: encerrados en sus casas, súper tranquilos y seguros de sí mismos, atendiendo a sus familias saludablemente funcionales y viviendo sus vidas sin meterse en las de los demás. De esto estoy seguro como seguramente, seguros están ellos de que su fe es fe y no conocimiento, porque el conocimiento se queda corto para entender a Dios y emprender su busca, tanto como la fe se queda bruta a la hora de entender las leyes que gobiernan el mundo y al mundo mismo. Probablemente no dicen nada sobre el nuevo Código Civil porque no les incomoda, porque no tiene por qué incomodarlos, porque el Código los beneficia a ellos también, porque el Código es para todos. El fuego embrutecedor de mentes no los toca, aunque la amenaza les cae encima también y por ello, callan, aunque son la mayoría, porque su miedo es distinto al de los cristianos gritones y chillones, porque su miedo es que éstos últimos se queden con las riendas de un país que ya de por sí parece arroz con mierda. Pero yo les aseguro a estos cristianos cool, que no tienen nada que temer porque aún en un arroz con culo cagao puede reinar la razón. Miedo debe tener la minoría cristiana que se cree que puede huir de una facultad con la que nacieron. Se podrán rehusar a usar su razón, pero no pueden, ni podrán jamás huir de ésta.

A los cristianos chillones que hacen crujir sus dientes cada vez que la ley da un paso en adelante –digamos una vez cada siglo…-, les digo que si quieren que sus respectivas sectas y doctrinas sean reconocidas como CONOCIMIENTO, se les tiene que exigir que defiendan estas doctrinas y sectas con argumentos sólidos, intelectuales y articulados. Si quieren estar a la altura de la razón, tienen que empezar a usarla; con argumentos pendejos de que si la Biblia dice o dejó de decir no van para ningún lado. Y buena suerte les deseo, en semejante empresa, porque es harto sabido que vivimos en un mundo en el que se reconoce que el predicamento que establece que la religión es fuente de conocimiento alguno, así como la fe y las doctrinas, es un predicamento imposible e inverosímil. A ver cómo carajo van a defender su postura.

Finalmente, a todos los cristianos le dice este humilde homosexual servidor, que nosotros no queremos casarnos por la Iglesia. No creo realmente, que alguien que tenga dos dedos de frente quiera casarse en sus iglesias, salones del reino y templos cagados de oro y plata, mercaderes y mierda de paloma. Sólo queremos tener algo que nos asegure que también somos personas, y que somos más fuertes que el fuego.

Monday, March 19, 2007

El Olor entre las piernas, cap. 87 "Amor Gay", de Arturo Pérez-Reverte

El Olor entre las piernas, cap.87

“Amor Gay”, de Arturo Pérez-Reverte

Hace ya un par de años o más, Arturo Pérez-Reverte, amigo de Mayra Santos, vino a la isla a promocionar una de sus aventuras de Alatriste. En aquel momento, yo cursaba el taller de narrativa de Mayra. Ella nos instó que fuéramos al conversatorio que tomaría lugar en la Sala A de Humanidades. Todo transcurrió normal, común y corriente, como cualquier conversatorio, hasta que a alguien se le ocurrió preguntar la pregunta que dio origen a este recorrido, que es El Olor Entre Las Piernas: Sr. Pérez-Reverte, ¿qué le aconsejaría usted a los jóvenes que quieren escribir una novela? A lo que el escritor contestó algo así como que el no cree que un joven tenga la madurez necesaria para escribir novelas, porque las novelas requieren una experiencia de vida y calidad de madurez muy por encima de la que pueda tener un joven, y parafraseo pero no miento. Me paré de mi silla y me fui. Rosalina, mi mejor amiga y autora de su primera novela inédita Los invisibles andaba conmigo, creo que ella también se paró y se fue.

Nunca más volví a pronunciar el nombre de ese escritor. No quise leer más sus libros, que tanto me habían gustado hasta ese momento, ni quise leer sus nuevos. No los quemé, pero los regalé todos. Ya no significaban lo mismo, ya nunca más podría leerlos y ver la trama, sólo vería a un escritor consagrado y profundamente ególatra crucificándome por osar meterle mano a un género que no me pertenece. Para aquel entonces, yo ya había escrito El Nudo Celta (en su versión en inglés Celticknots, para la clase de Loretta Collins, para la cual Rosalina había escrito The Invisibles, que comenzó como un cuento y se fue convirtiendo en novela), y aunque predicaba que me resbalaba lo que decía Pérez-Reverte, que lo decía y dice también Rosa Montero, y que ratifica Mayra Santos, me dolieron tanto esas palabras, que tuve que escribir mi segunda novela Oz. Lo que viene al caso es que me olvidé de esos autores, inclusive, le guardé algo de rencor a Mayra, mi mentora de aquel entonces, por prestarse para ello. Pero, como la mayoría de las cosas que pasan en la IUPI, le di pichón y lo guardé todo en la parte de atrás de mi cerebro. Hasta que recibí un e-mail de Moisés Agosto-Rosario, sobre una columna que Pérez-Reverte escribió sobre el amor gay, y que reproduciré al final de esta columna.

En ella, Pérez-Reverte describe una noche en barco por las aguas de Venecia, y cómo estos dos hombres se pasaban cariño y calor con la más sutil de las artes. Dice que estaban sentados pegaditos de los hombros. En un momento en que el barco se estremeció, estos dos hombres se intercambiaron una sonrisa rápida, como un beso. Dos tipos con suerte, dice Pérez-Reverte, y yo no dejo de pensar en que este autor que por varios años odié tanto, de repente se redimiera ante mí de manera tan honesta y tan humilde. Les invito a que lean la columna, porque es maravillosa, así como también les invito a que reflexionen sobre ella y hagan las conexiones con el nuevo Código Civil.

Personalmente, tengo varios asuntos en lo que reflexionar y los cuales resolver. Le perdono a Pérez-Reverte su sentencia de que los jóvenes no puedan escribir novelas, después de todo, yo ya la transgredí, y asimismo lo hizo Roncagliolo, Carson McCullers y muchísimos otros. Si me dan a escoger entre ser escritor y se homosexual, no sé honestamente cuál escogería, pero sé cual de los dos aspectos me vino natural y cuál aprendí. Me gusta que un tipo heterosexual con tanto cerebro defienda lo que yo soy, y le agradezco públicamente que se haya tomado la molestia de pensar, de sentarse a escribir sobre algo que es universal, porque el amor, sea gay o straight, es universal, es química, respuestas eléctricas que llegan al cerebro de la misma forma, por las mismas neuronas y nervios, y que se filtran por el conocimiento resultando en escalofríos, sudores, latidos rápidos e incesantes y ojos que se viran hacia adentro.

Otra cosa que me queda por decir es que con el nuevo Código Civil, todavía sigo sintiéndome como un ser humano incompleto. Los que lo redactaron debieron haber hecho la osadía de una vez y por todas, incluir el matrimonio gay y lésbico, no relegarlo a una mera unión de hecho. Pero bueno, por lo menos, aunque sigo incompleto porque no me puedo casar con mi “pariente”, ahora podré ser un ser humano sustancialmente menos incompleto.

A continuación la columna de Arturo Pérez-Reverte:

Amor Gay
Por Arturo Pérez Reverte


Nunca antes me había fijado en la cantidad de
parejas homosexuales que se ven paseando por
Venecia. Los encuentras caminando por los puentes, a
la orilla de los canales, cenando en los pequeños
restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de
dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente
discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado.
Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en
el caso de estas parejas siempre me encanta
sorprender sus gestos comedidos de confianza o
afecto, el reparto convencional de roles que suele
darse entre uno y otro, la ternura contenida que a
menudo sientes flotar entre ellos, en su
inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del
vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al
Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los
pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de
la embarcación había una pareja, hombre y hombre,
cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos,
apoyando discretamente un hombro en el del
compañero, en un intento de darse calor. Iban
quietos y callados, mirando el agua verde-gris y el
cielo color ceniza. Y en un momento determinado,
cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la
gama de grises del paisaje se combinaron de pronto
con extraordinaria belleza, los vi cambiar una
sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una
caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé.
Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos
allí, en aquella tarde glacial, a bordo del
vaporetto que los llevaba a través de la laguna de
esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé
cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en
ese momento por aquella sonrisa. Largas
adolescencias dando vueltas por los parques o los
cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes
se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados
en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la
calle soñando con un príncipe azul de la misma edad,
para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos
de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a
un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa
voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo
más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando
apetece salir, conocer, hablar,
enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un
bar, verse condenado de por vida a los locales de
ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone
empastillados, reinonas escandalosas y drag queens
de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga
mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre
de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la
sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo
entero, que debe de ser un homosexual que consigue
llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a
esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar,
juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete,
en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría,
de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo
como si tal cosa,
sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la
calle a volarle los huevos a la gente que por activa
o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue
destrozando la de los chicos de catorce o quince
años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo
igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los
mismos chistes de maricones en la tele, el mismo
desprecio alrededor, la misma soledad y la misma
amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes,
a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos,
sin estridencias pero también sin complejos, seres
humanos por encima de todo. Gente que en tiempos
como éstos, cuando todo el mundo, partidos,
comunidades, grupos sociales, reivindica sus
correspondientes deudas históricas, podría
argumentar, con más derecho que muchos, la deuda
impagada de tantos años de adolescencia perdidos,
tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber
cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta
afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en
lo intelectual,
sino en lo puramente humano, se encuentra a un
nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en
todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la
pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro,
hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y
olvidarlos, me pregunté cuántos fantasmas
atormentados, cuántas infelices almas errantes
no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por
estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia,
dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

Sunday, March 11, 2007

El olor entre las piernas, Cap. 86 Britney

El olor entre las piernas, Cap. 86 Britney

A mí Britney Spears me da miedo. Y mucha risa. Tengo que confesar que cuando leí sobre su atentado suicida, me encontraba en Centro Médico esperando que me atendieran. Llevaba desde las 5:05am en el hospital. Eran las 2:57pm y todavía no me había atendido. Leer la noticia de Britney una y otra vez fue lo único que evitó que me volviera loco ese día. Leía una y otra vez que Britney se había tratado de tatuar el número 666 en la cabeza, que ya tenía afeitada desde que ingresó en la clínica desintoxicadora de estrellas cinco estrellas en Malibú, pero que sólo consiguió tatuarse el 66, y que frustrada, salió corriendo y gritando que ella era el Anticristo. Me imagino que el Anticristo del patio, el tipejo ese de Ponce, quien seguramente se jacta de que Ponce es Ponce, y él es él, se enfureció, y probablemente salió a tatuarse el 666 en el culo, que creo que es donde le falta.

A mí estas cosas de cultos satánicos y gente que se proclama el Anticristo, me causo alguito de miedo el parte más atrás de mi cerebro. Debe ser que todavía me creo el cuento Testigo de Jehová de que “este sistema de cosas se está acabando”, o que “el Armagedón está por venir”. Debe ser que cada vez veo cómo la gente que no piensa es la que sube al poder, la gente que realmente no tiene valores son los que están en puestos encumbrados, y me pregunto yo, si la muerte de Anna Nicole Smith tendrá algo de profético.

Ayer, un día después de la saga de Centro Médico, fui al oficina del correo. De camino, había unos muchachitos de la escuela superior de más arriba del correo, tratando de bregar con una goma vacía. Me estacioné, me bajé del carro, abrí el baúl, y cogí mi gato y las llaves para operarlo. Fui adonde ellos. El dueño del carro, un nene de cuarto año, y sus cuatro amiguitos, que estaban cogiendo pon con él, se encontraban tratando de cambiar una goma vacía. Pero cuando me di cuenta, el carrito tenía en realidad tres gomas vacías. Demás está decir que me puse a ayudarlos, quitando las gomas una a una, y llevándolas a la gasolinera, que se encontraba localizada en la esquina de ese bloque, en la luz a mano izquierda. Sucede que una de las gomas no tenía remedio, porque hay una pega que sella la goma al aro, para que el aire no se escape, y esa pega se había salido, lo cual encontré también muy profético, y muy macrometafórico. Pero las otras dos gomas estaban bien, y la que estaba jodida la montamos en el baúl del carro, y la cambiamos por la repuesta. En ese proceso, pasó un hombre mayor en un carro y nos gritó que nos moviéramos “pal’ carajo porque estábamos en el cabrón medio”. Yo le grité que se bajara del carro y que me lo dijera de frente. El tipo se fue callado. Luego vino un policía municipal y repitió la hazaña del viejo cabrón. Yo le dije que por qué nos quejábamos tanto los adultos que la juventud no tiene valores, si nosotros no se los enseñamos, porque es precisamente en este tipo de situaciones en las que uno aprovecha y enseña cómo se hacen bien las cosas. Yo entiendo que los valores más importantes de esta sociedad son los siguientes: el amor, la paz, la justicia social, la igualdad y la solidaridad. En el amor hay muchos otros valores contenidos, pero aquí en la isla, y en la madre tierra estadounidense, mucha gente se llena la boca hablando de la tolerancia, y a mí me da grima. La tolerancia a mí me parece un valor muy pendejo. Es frágil y truculento. Yo prefiero la aceptación y la solidaridad. No es suficiente tolerar a los demás, sean homosexuales, lesbianas, prostitutas, católicos (que bastante joden ya de por sí), Testigos de Jehová (ditto), pentecostales (ditto), drogadictos, narcos, blancos, negros, supuestamente-indios, etc. Hay que hacer más, incluso con la supuesta tolerancia generacional que debemos tener. Hay que aceptarlos, porque este mundo será pequeño, pero hay espacio para todos, para los de mediana edad, para los niños, para los viejos, y para los jóvenes. Me tuve que quedar callado, porque el policía tenía cara de que su mujer no le había dado el canto la noche anterior, y parecía que iba a cometer un acto de brutalidad policíaca y yo no me iba a prestar para ello. Seguí cambiando la goma y cuando terminé, acabé engrasado de pies a cabeza, pero me veía sexy, y el muchachito me lo agradeció con un alivio profundo, que se le podía ver en los ojos.

Anna Nicole Smith estiró la pata. A Britney parece que le afectó que su amiga muriera. Salió gritando que quería que Kevin Federline volviera con ella y le diera otro hijo. Pero también gritó que era hija del demonio, aunque se quedó en 66. ¿Qué podemos aprender es esto? Nada. ¿Qué puñeta se puede aprender de todo esto?

Wednesday, March 07, 2007

El olor entre las piernas, Cap. 85 Talleres

El olor entre las piernas, Cap. 85 Talleres

Desde que me mudé para Coamo, mi vida literaria ha ido en descenso. Creo que mis lectores de esta columna no deben haber notado. Sólo hace unos días fue que me volvió el “surge”, creo que por culpa de los fuegos de Coamo, del área sur, o simplemente ante la amenaza de una sequía severa. Y es que mientras el mundo de afuera se seca, el de adentro se vuelve tiernamente húmedo.

Eso comencé a suplicar tan pronto como pasó enero y llegó febrero con sus fuegos de Coamo, que se han estado extendiendo hasta Guánica y Cayey. Los otros días pasaba por la carretera principal de Coamo a Santa Isabel, y frente al campo de golf, por Orestes II Bar & Grill, las lenguas de fuego eran como líneas iridiscentes en el día que seguían mascullando la hierba aún de noche, enviando cenizas como nieve, dejando un gran estratocúmulo extendiéndose por toda el área sur. Al otro día, un mini tornado, realmente un remolinito de brisa, ni siquiera viento, moviendo la ceniza de los montes quemados como el pequeño dedo de un dios burlón. Y yo no puedo hacer más que preguntarme ¿cómo puede la gente vivir así?

Con febrero abrió también el taller de creación literaria en la IUPI de Ponce. Conocí a la profesora María Teresa Miranda, un ser genial que comparte las mismas obsesiones con el lenguaje que tengo yo, así como la misma compulsión por escribir. Es una mujer de mucho cabello negro, peinado y ordenado, no como las “hair-women”, mujeres pensadores estadounidenses de cabellos desgreñados. Me agrada mucho María Teresa. Se puede conversar con ella de todo, y en una institución que no es más que una escuela superior, eso se agradece.

El taller es bien sacrificado. De repente, así de primera impresión, yo fui no más para poner mi filmo-, pina- y biblioteca al servicio del taller, que no es un curso institucionalizado, sino más bien un conjunto de bellos seres espirituales y espirituados que sacrifican su hora de almuerzo cada martes y jueves, para mejor almorzar literatura. Y cuando digo conjunto, soy muy condescendiente, o creo yo que lo soy, según mi background de río piedras. Este taller no es un manantial, como los talleres de escritura creativa de la IUPI de Río Piedras. En realidad somos cinco personas los más constantes: la profesora, yo (que llegué de presentao, como siempre), Heidi, Joan (que tienen mucho talento como poetas y narradoras, si logran desarrollarlo) y una gordita bien chula que me cae super bien y cuyo nombre no sé, y la cual es excelente narradora.

El taller no es algo planificado, aunque yo estoy apelando y tratando de hacerlo lo más clase, lo más curso que sea posible. Pero nos gana la sequía. Es difícil echarle la culpa de la ausencia de escritores a los estudiantes. Es más factible echársela a la universidad misma, que tiene su única biblioteca cerrada y secuestrada. Es más real culpar asimismo a la comunidad, al pueblo mismo de Ponce, que no tiene como prioridad crear una biblioteca pública, más sí jactarse de un pasado de gloria, bien passé, que continúan perpetuando cada vez que dicen que “Ponce es Ponce y lo demás es parking, San Juan es parking de impedidos y Bayamón es parking de embarazadas”. En este pueblo no hay un Borders, tan siquiera, aunque llevan años hablando de la posibilidad de establecer uno. y yo, sigo sin empleo y sin dinero, sin poder sacarle copia a toda la poesía que tengo de la gente que escribe ahora, a la usanza de Loretta Collins, quien nos hizo un manual de cuentos que fotocopió ella misma para nuestro taller.

Ponce es seco. Esa es la primera impresión que me deja y la más duradera. Pero si acaso todo el rocío que le llega de Coamo y pueblos adyacentes se condensa y materializa en una sola gota, que a su vez sea una sola palabra, entonces habrá esperanza para este taller. Y yo, sigo cuestionándome, como siempre, quién soy yo para hacer semejante juicio valorativo de este grupo, al que ya pertenezco. ¿No tendré yo mismo la culpa, por no hacer más? Hasta que se acabe la Cuaresma y llegué la estación de lluvia, será sólo con palabras que humedezcamos nuestras almas, a ver si el polvo, los mini tornados y la ceniza no acaban con la poca voluntad que nos queda de escribir.

Thursday, March 01, 2007

El olor entre las piernas, Cap. 84 La gente de mi pueblo adoptado

Los años de escritura creativa me han enseñado que a la hora de describir un lugar, la forma más “chula” de hacerlo es a través de su gente. En Coamo, no basta con ir a los baños de aguas termales, tan ricas que son, ni con ir una vez al año al Maratón de San Blas. Hay que ir al gimnasio del pueblo, tempranito por la mañana y sudar la angustia con los viejitos del programa Sneakers, para luego salir a mediodía y sentarse a hablar con alguien en la plaza. Con una persona al día basta. Hay material para escribir que no se acaba nunca.

Hoy caminaba por la plaza; acababa de salir del gimnasio y estaba muy cansado. Iba despacio porque no había desayunado. El guardia municipal, quien curiosamente portaba un uniforme azul marino en vez del tradicional verde “gandul” me observó con curiosidad, para luego voltear la mirada rápidamente y seguir concentrado en su vigilancia. Dos nenes corrían y luego se deslizaban en sus Hillies, con una maestría que daba envidia. Sonreí, porque yo, a mis 26 años de edad, me dio con comprarme unos Hillies, y aunque no me veo ridículo corriendo y deslizándome en ellos, me da vértigo. Cosas de cambio de edad.

Más adelante, sentada en uno de los bancos, estaba una mujer mayor fumando. Soy fumador social, entiéndase que nunca me compro una caja de cigarrillos, pero cuando veo a alguien fumando me entra la angustia que se suponía que tenía que dar en el gym, y obligatoriamente tengo que pedir un cigarrillo y compartir el momento con el bondadoso o la generosa del día. Creo que he probado todos los sabores de todas las marcas que se venden en Puerto Rico, como si fuera un catador de vinos.

“¿Son suyos esos nenes?”, le pregunto. “No, pero me da miedo que se vayan a dar una matá”, me dijo, sonriendo entre bocanadas y donitas de humo, porque la señora (a quien llamaré Doña Gina, porque tenía cara de llamarse Gina), era toda una maestra en el arte de fumar grandes bocanadas. Hay gente que aspira el humo y se lo queda en la boca, para luego botarlo. Según Doña Gina, que luego me dijo que usualmente no fumaba cigarrillos, sino habanos, el humo se respira como si fuera aire, como cuando uno pasa por la Avenida Luis A. Ferré en dirección a Ponce en plena Cuaresma, cuando los irresponsables le pegan fuego a los montes en Coamo, Guayama, Salinas, y pueblos limítrofes. “Así es que se fuma”, me dijo, “hay que meter el humo pa’ dentro, porque si no, ¿para qué fumas?”.

“¿Me regala un cigarrillo?”
“Claro, m’hijo. Hay que compartir el vicio.”
“Gracias.”
“Ay, Dios mío, esos nenes, se van a dar una matá.”
“Esas matás son buenas. En bicicletas, en patines, en caballos…” –dije yo.
“Yo me di una en caballo.”
“¿De veras?”
“Hace como diez años atrás, porque yo cabalgaba con mi familia, dos días antes del Maratón de San Blas. Nos íbamos en caballo como un ralley por todo el boulevard hasta la plaza. Éramos como más de doscientas personas a caballo. Yo me caí de mi caballo y se formó un sal pa’ fuera… Nunca más volví a montar caballo. Y desde entonces no he parado de fumar” –concluyó esta mujer con su cigarrillo como habano, con un aire de “Goyita” de Tufiño, una dignidad que sólo se puede ver en las arrugas, que son como surcos, o como cicatrices que dejan los incendios en la tierra vistas desde un helicóptero.

Le di las gracias por el cigarrillo nuevamente, porque en Coamo las cosas se agradecen por dos, y me retiré, pensando en que de aquí a diez años en este pueblo y en el país entero, ya nadie se sentará a hablar en las plazas. Nadie tendrá tiempo o ganas. Y nos vamos a desconectar de lo que nos hace humanos. Sólo espero que haya gente fumando por ahí en alguna esquina. Pedir amablemente un cigarrillo siempre es una buena excusa para conectar.

Wednesday, October 25, 2006

El olor entre las piernas, cap. 83 Las heridas del sexo

El olor entre las piernas, cap. 83 Las heridas del sexo

No quiero ser traidor de mi especie, de tantas a las que pertenezco, una en específica, pero creo que como sobreviviente de abuso sexual infantil, tengo no sólo el derecho de decir lo que voy a decir, sino que es mi deber hacerlo.

Recientemente en la isla, varias muchachitas de 10, 11 y 12 años han salido embarazadas, casi todas ellas de hermanos mayores de 14 años, o de sus padrastros, en el peor de los casos, de sus padres. Algunas madres han sido protectoras, otras no, como en el caso de Jessica Morán, madre de la menor de 10 años de Humacao, violada por su padrastro, Luis Betancourt. Esta mujer alegó que sorprendió varias veces a su compañero abusando sexualmente de su hija, pero que lo perdonó. No sé si hablo por una mayoría de víctimas de abuso sexual en el país, pero, ¿en qué mente cabe perdonar semejante atrocidad? Le he dado muchas vueltas al asunto, cuando no puedo dormir, todavía a mis 26 años de edad, recordando escenas de mi propia violación a los 6 años de edad. Creo que este asunto del perdón tiene mucho que ver, y no puede ser separado, de la bazofia cristiana que nos meten por ojo, nariz y boca, especialmente en pueblos costeros y del centro, en donde las religiones evangélicas, Testigos de Jehová, pentecostales y bautistas se han arraigado y cobrado exquisito auge durante los últimos 10 años. “El perdón es un don de Dios” predican ellos todos los días, en momentos de lucidez, cuando no están revolcándose como perros tocados por el espíritu santo (yo no sabía que el espíritu santo te toca y te obliga a tirarte al piso como si tuvieras un ataque epiléptico, eso suena más a los rituales haitianos de vudú, en donde la mambó es montada por un loa y bajo la influencia del espíritu superior puede caminar sobre brasas ardientes; yo pensaba que el espíritu santo era el epítome de la paz divina y que si te tocaba te llenaba de una paz sobrenatural, como la de los budistas, que equivocado estaba). Pero hay cosas, entiendo yo, que no se deben perdonar. Y hay actos que deben ser odiados. Y no sólo eso, yo entiendo a que en vez de enseñarle a las mentes débiles de este país a perdonarlo todo, se les debe enseñar por qué realmente uno perdona en esta vida, y qué se debe perdonar sin arriesgar la dignidad propia de ser humano, con la que uno nace y la cual se ve IRREVERSIBLEMENTE dañada por actos delictivos de esta naturaleza. Cuando una persona adulta es violada, sea hombre o mujer, se le roban elementos muy importantes: su dignidad, su seguridad de sí mism@, su paz, su estima propia… Pero en el caso de los niños y las niñas, la cosa es mucho peor. Cuando yo fui violado, recuerdo que estuve una semana que no paraba de sangrar. Ni de llorar por las noches. Ahora, imagínense a estas niñitas, que todavía probablemente hablan de la última Barbie o Bratz que querían que sus padres le compraran, cómo todo lo anterior les fue robado, MÁS la posibilidad de quedar embarazadas en un futuro cuando estén preparadas para ello (porque a tan temprana edad es posible quedar infértil de por vida), MÁS el crecimiento natural de su cuerpo (porque éste se puede interrumpir por una violación y más por un embarazo a tan temprana edad, como se ha documentado montones de veces), y a eso añádanle el hecho de que literalmente el mundo se les viene abajo, porque sobrevivir esto de parte de un familiar es como quedarte sin familia. Es para pegarse un tiro. Si yo fuera gobernador, o tan sólo legislador, o tan siquiera médico de familia, yo le aconsejaría fervientemente a estas adolescentes que se practicaran un aborto, y hasta le daría los $300.00 para que se lo practicaran.

Ahora el gobierno quiere ponerse a hacer su trabajo y legislar a favor de medidas más rigurosas en contra de los ofensores sexuales, y yo les voy a dar par de razones por las cuales estos nuevos reglamentos y protocolos no van a funcionar. Antes de comenzar con mi diatriba oficial, sería una buena idea hacer un protocolo donde se recoja dinero de distintas agencias, organizaciones y fuentes, para hacer un fondo que le pague el aborto, y las pruebas de VIH/SIDA y VDRL, y sus tratamientos, a todas las víctimas reportadas de violación. Ahora sí.

Existe en Puerto Rico un problema serio con las mujeres que teniendo hijos menores, meten al que sea a su hogar. A veces ni conocen bien a su nuevo compañero. Aquí no me quiero montar en tribuna inmediata porque respeto el derecho que tiene toda mujer, como todo ser humano, a tener sexo con el adulto consciente que le plazca. Pero mano, algunas tienen que empezar a pensar con el cerebro y no con la cabeza del clítoris, especialmente en el estado tan deprimente y decadente en que se encuentra el país en estos momentos. Uno tiene que pensar astutamente, con cantidades industriales de malicia (y que se joda, la Biblia misma advierte a los cristianos que sean “palomas con ojos de serpiente”). Uno no se puede involucrar sentimentalmente con cualquier pendejo o pendeja de la calle. No se puede confiar en nadie, y se debe siempre tener un ojo avizor en todo lo que tiene que ver con sexo. A veces estas mujeres, para citar a Mayra Montero en una de sus columnas pasadas, meten a sus casas a estos individuos que no están preparados para dar y recibir cariño de parte de un niño o una niña. Si en el país, en el macro del país, vemos a individuos de todas las edades, géneros y profesiones que no están dispuestos a dar de sí mismos, a comprometerse por una causa o por un ser humano, ¿qué podemos esperar que ocurra cuando mamá se va un momento al banco a pagar la luz, el agua y el celular, y deja a la nena o al nene con padrastro, ese individuo que no tras que no tiene conexión sanguínea alguna, tampoco tiene compromiso sentimental con los menores?

Lo otro es cómo sexualizamos a los niños desde pequeños. Los entrenamos para que sean como Daddy Yankee, que predica el sexo en sus canciones, aunque lo hace con muy buen ritmo y lírica (menos mal, porque Daddy Yankee por lo menos fue estofón cuando chiquito y terminó su cuarto año, porque antes no era tan solapada la cosa, antes nuestros padres querían que fuéramos padrotes sementales como James Dean, Marlo Brando y Al Pacino, recuerdo que mi papá me dijo que mi abuelo lo llevó a un putero en Liverpool cuando papi tenía sólo 12 años, y eso no era considerado tan siquiera perversión de menores), mientras a las niñas, ya a los 8 o 9 años (hablo con experiencia pues fui maestro un año entero de 4to, 5to y 6to grado) las visten con minifaldas, les ponen tops de manguillo, y las maquillan. ¿Acaso no estamos ya putificando a nuestros niños? Entonces somos tan insolentes y desfachatados que cuando las niñas se embarazan a los 10 años, y los nenes llegan con el culito roto y sangrando de la escuela (o de la Iglesia…), nos damos golpes de pecho y gritamos “Dios mío, ¿por qué?”. A este respecto, a lo mejor lo mejor que hice fue no decirle a mis padres nada sobre mi violación (mi papá murió y nunca se enteró, a mami se lo dije muchos años más tarde). Creo que jamás hubiera podido soportar verlos dándose golpes de pecho y gritando: “Jehová, ¿por qué permitiste esto?”.

Por último, la sexualización de los jóvenes y niños está tan arraigada, que ¿cómo les decimos que no es tan buena idea nada tener sexo a los catorce años, edad en que POR LEY ya pueden consentir tener relaciones sexuales? Y es que hasta la misma ley no está clara, porque dice que los varones y las féminas pueden consentir tener relaciones sexuales desde los 14 años, pero entonces, ¿por qué penalizar a los adultos que tienen sexo con adolescentes mayores de 14 años? ¡¿Significa esto, que la ley te dice a ti que tú puedes chichar si tienes catorce años, con gente que sea mayor de catorce años, pero menor de dieciocho?! Yo espero que no, porque entonces me da grima pensar que la ley misma lo que busca es la experimentación sexual entre jóvenes, a manera de cantacito paternalista en la muñeca, propiciando, la misma ley propiciando coño, el problema de las miles de menores embarazadas en las escuelas.

Yo entiendo que la ley tiene que atacar el asunto de cuajo, desde la raíz misma: la legislación tiene que hacer una de dos cosas: o permitirle a los adolescentes de 14 en adelante que elijan y tengan sexo con QUIEN les dé la regalada gana (tengan la edad que tengan los compañeros sexuales), o prohibirle que tengan sexo hasta que tengan 18 y tengan dos dedos de frente (y castigar a los infractores con penas de cárcel, sí Señor, por qué no, y obligar a las adolescentes, OBLIGARLAS a abortar). Porque mientras esto no se haga, los abusadores de menores campearán por su respeto. De hecho, también se debe legislar para castrar a los hombres que abusen de menores, o que violen mujeres. Sí, se les debe castrar aunque ello represente una vuelta al pasado barbárico de la humanidad (en varios estados de los Estados Unidos hay leyes que obligan a los abusadores de menores y violadores de mujeres a someterse a unas inyecciones semanales de una sustancia que les elimina el deseo sexual completamente, como parte de su “parole”; y según tengo entendido, esta es la misma sustancia que le echan a la comida de los soldados del ejército estadounidense, cosa de que no se dé lo del “don’t ask don’t tell”). También hay que legislar para obligar a los publicistas y a todas las compañías y agencias del sector público y privado del país a revisar sus anuncios y depurarlos de tanto sexo. Si nuestros niños son primero, creo que esto es necesario. Hay que dar marcha atrás en la sociedad y en la humanidad, para subsanar las heridas del sexo, que curiosamente nos han tajeado y caído encima, no por culpa del sexo mismo, sino por culpa del maldito progreso a todo galope.

El olor entre las piernas, Cap. 82 Adneritos Birds

El olor entre las piernas, Cap. 82
Adneritos Birds

En esto, como en todo, hay que reconocer las dos caras de la moneda. De no ser por Adneritos Birds, el paseo de la salida del expreso hacia Santa Isabel, frente a la gasolinera, al Oasis, y a los fast foods, en dirección hacia el Tequila’s Mexican Grill and Bar (¡que no está en Coamo, coño! ¡que es parte de Santa Isabel!), ese espacio sería uno de pura yerma del amarillo opaco de la desolación desertificada. Ese espacio, por el contrario, está lleno de color y es bastante pintoresco, al punto de que da ganas de pasar por ahí. Y es que, con sus pájaros exóticos y demás animales enjaulados, Adneritos Birds, desde hace ya casi dos años, dio comienzo a un proceso de proliferación de mercaderes-a-la-orilla-de-la-carretera, de productos y servicios tan diversos como canastas de mimbre y membrillo, puestos de batidas y frappés, guaguas de pizzas, guaguas de hot-dogs, cuchifritos portátiles, guaguas ofreciendo DISH Network, Adelphia, Liberty y Choice TV, y hasta una mueblería con visos de gran carpa de circo, vendiendo muebles a precios de rajatabla. Si bien es cierto que el paseo de la salida a Santa Isabel cogió una vida mercantil digna de la Plaza del Mercado de Río Piedras, asimismo se apropió de los vicios de esta última.

Los otros días pasaba por el paseo y fijé mi mirada en Adneritos Birds. Tres jaulas inusuales me hicieron detener mi carro, estacionarme a la orilla de la carretera e insultar al dueño, que por cierto, no paga patentes a Hacienda por ese negocio. Una jaula de 11/2’x11/2’x11/2’ (un pie= 12 pulgadas) tenía dos perritos bebé, encerrados en un espacio que se les quedaba demasiado pequeño. Asimismo tenían a 6 conejos, que aunque eran enanos, estaban sofocados en una pecera de peces veta, mucho más pequeña (de 1’x8”x8”). Pero el colmo fueron los corderos.

Yo nunca había visto corderos en Puerto Rico, y fue fuerte para mí verlos por primera vez en este país, apretujados en una jaula de red metálica que no podía contenerlos. Eran tres y no podían moverse, ni siquiera sentarse, ya que la jaula no les permitía tan siquiera ese tipo de descanso enclaustrado. De hecho, fue el atisbo a esa jaula lo que realmente me hizo detener el carro. No podía creer cómo un animal tan simbólico en un país que se jacta hasta la saciedad de ser puramente cristiano, podía ser maltratado, ultrajado y oprimido sin ningún tipo de vergüenza.

Me bajé del auto, caminé hacia el hombre, quien hablaba por el celular y se reía a carcajadas (le habrán estado haciendo cosquillas por fibra óptica o microondas de radio). Tan pronto me vio, me hizo un gesto con la mano de “lo atiendo ahora, déme un segundo”. Cuando vino hacia mí, desaté mi furia de la forma más fría posible.

-Tienes dos opciones, -le dije casi en un suspiro, en voz bien baja pero clara y fría. –O les consigues a estos animales par de jaulas más grandes, o te llamo aquí mismo a la Sociedad Protectora de Animales. Mano, ¿te gustaría que te encerraran en una jaula tan pequeña?

A todo esto, yo estaba pensando en lo único que se me ocurría: ¿Dónde está Suzette Bacó cuando uno la necesita?

El tipo me miró con cara de muy pocos amigos, y con actitud arrogante, la cual advertí inmediatamente, pues para ser honesto, la estaba esperando.

-Mano, no me hagas llamar a Hacienda también. Tú y yo sabemos que no tienes patentes. ¿Te quieres quedar sin negocio? No jodas conmigo, so cabrón.

El tipo se puso pálido. Creo que reaccionó porque pasé por el lugar varias veces luego de esa vez, y las jaulas se hicieron más grandes, y ya, aunque tiene perritos, ni vende conejos enanos, ni corderos; y los cachorros, por lo menos pueden correr dentro de la jaula de tan grandes que son ahora. Y me parece bien, porque aunque están enjaulados, el ver diferentes cachorros cada vez que paso me sugiere la idea que de los mismos no pasan demasiado tiempo en esas jaulas, ya que la gente se los lleva rápido. Sería iluso de mi parte intentar liberar a todos los animales enjaulados de este mundo, pero entiendo que lo que hice estuvo bien. Como dice mi amigo poeta Julio César Pol, “sé que la libertad no existe, pero yo defino el peso y la extensión de mis cadenas”.

Monday, October 16, 2006

El olor entre las piernas, cap. 81 Y el Dadai, que?

El olor entre las piernas, cap. 81

Y el Dadai, ¿qué…?

Recientemente se publicó una noticia sobre el arresto de los graffitteros Bik Ismo y Ske por “vandalizar” propiedad pública y privada. Le agradezco a los periódicos que pusieran la palabra “vandalizar” entre comillas. ¿Quién está más tostao? El alcalde Santini dijo, y cito “No estamos aquí para juzgar el arte. Estoy aquí para que las cosas se hagan legalmente y esto ilegal, lo pinte José Campeche, lo pinte Francisco Oller o un graffitero”.

Me avergüenza que el alcalde de mi ciudad se meta en ideológicas aguas profundas de las que obviamente no pueda salir luego. Terminó haciendo lo mismo que dijo que no haría: juzgando el arte, pues intentó dar cátedra sobre el tema, para lo cual él no tiene preparación académica, ni autodidacta alguna. Afirmó también que “el arte no admite clandestinaje, precisamente porque es tan poderoso”.

Estas palabras hay que tomarlas con pinzas. Sí, el arte es poderoso, pero debemos siempre preguntarnos por qué. El arte es poderoso porque brega con las emociones del ser humano. El arte comienza, surge de las vísceras. Luego, gracias a un proceso intelectual, se filtra en el cerebro y se le da forma, que es cuando se refina su belleza. Es entonces cuando se le llama arte. Eso es todo. En cuanto a clandestino o no, el arte puede serlo o no serlo, para ser arte, estos adjetivos realmente son irrelevantes. Y reincido en expresar que un alcalde mediocre, politiquero y que no hizo más que ganar las elecciones y se subió el sueldo, un individuo de apellido mafioso no tiene las herramientas necesarias para determinar qué es arte y qué no es, qué arte es apropiado para ciertas áreas, ni siquiera para determinar qué arte es clandestino o no.

La dueña de la galería Petrus en Miramar, Sylvia Villafañe debió haberse quedado callada, si sus intereses realmente son en virtud del arte. La mujer dijo y vuelvo a citar “El arte es algo que tiene estructura, expresión y quiere comunicar, y cuando es clandestino es que no quiere entrar a una estructura… No es lo mismo arte que vandalismo”. No me importa para nada si esta mujer representa al pedante de Antonio Martorell, ni si representa al magnífico ser humano de Víctor Hernández Cruz. Para entender el arte, y sobre todo, las nuevas expresiones post-vanguardias, hay que dejar a un lado los manierismos elitistas de los galeristas. Asimismo, hay que ser, hasta cierto punto, un artista también. Esta cuestión de estructura… ¿a qué se refiere? El artículo en el periódico Primera Hora lo deja ahí. Pero yo no pienso dejarlo ahí.

La estructura en una pieza de arte, así como en una serie, y más allá aún, en una exposición, se refiere al registro determinado que se da como resultado de la combinación entre vocabulario técnico y temático. Eso es estructura simple y sencillamente. Los graffitteros entienden esto, y muchos, autodidácticamente, ojo Sr. Santini, han aprendido a incorporar esta regla en sus creaciones. Que conste, que Bik Ismo y Ske, son artistas ya consagrados en la isla, y ambos estudiaron en instituciones académicas. Esta regla se la saben de memoria. Entonces, un graffiti como el de la pared de la discoteca El Teatro, o como los que se encuentran en cada esquina de la UPR de Río Piedras, ¿no comunican nada? Hombre, claro que sí, lo que pasa es que no comunican lo que queremos que nos comuniquen. Por eso es que es clandestino, porque dicen lo que no queremos escuchar y como no lo queremos escuchar, nosotros mismos, los artísticamente sordos, los clandestinamos. Una vez escuché al Prof. Michael Sharp, un tierno abuelito inglés que me daba la clase de Literatura Inglesa desde el Romanticismo hasta las vanguardias, decir que “true poetry always says something you don’t want to hear”. Las rosas son rojas, los zapatitos me aprietan, las medias me dan calor, eso ya no es poesía, tanto como las viejas y antiguas formas del arte plástico, ya no lo son ahora. Asimismo, la gente no escribe en nuestros días por las mimas razones que se escribía hace medio siglo atrás, tanto como nuestros artistas contemporáneos no hacen arte por las mismas razones y necesidades, que digamos, durante los 1800’s. El arte se mueve y la gente también, pero la relación entre arte y gente sigue siendo la misma. Esta mujer dio a entender que cuando el arte es clandestino no tiene estructura, porque no quiere entrar en estructura alguna, y a mí estas palabras me dan grima y me suenan a nouvelle bourgeoisie. Todo lo que hay en galerías es arte, lo demás es vandalismo. Ya ven por dónde va la cosa.

No se equivoquen, hay más detrás de todo esto. Hay toda una campaña de estigmatización e ilegalización de todo lo que el gobierno cree que no es normativo. El arte en galerías es normativo. La lotería tradicional es normativa. Pagar las contribuciones y los taxes es normativo, no importan cuánto nos asfixien. Los negocios de drogas y armas son ilegales, pero más que nada, porque no rinden planillas. Los demás argumentos, especialmente los religiosos, son pura mierda e hipocresía. Los graffiti son ilegales porque supuestamente ensucian la ciudad. Pero hay ahí otra hipocresía más. ¿Quiénes ensucian más, los graffitteros o los políticos con su sucia propaganda pegada por doquier en año de elecciones? En ocho meses, los políticos y politiqueros ensucian mucho más que todos los graffitteros de Puerto Rico (cuya suma no asciende a más de cincuenta y cinco) en plena actividad durante un año. Esto también es parte de una campaña masiva que viene de Estados Unidos, en donde se le dicta a la gente qué es lo que pueden ver y leer. ¿Sabían que en estados como Wisconsin y Texas, hay restricciones sobre la pornografía (no pornografía infantil, sino pornografía regular, común y corriente), donde ni siquiera adultos pueden verla o comprarla? Entiendo lo de los menores, siempre lo he entendido. Yo esperé hasta cumplir los dieciocho años para ver mi primera porno, aunque comencé a tener sexo a los 14 años de edad sin detenerme desde entonces. Pero no entiendo cómo se les puede prohibir a adultos que vean o lean lo que les venga en gana. Asimismo, no entiendo el afán de esta señora de catalogar unos estilos como arte y dejar otros en la sombra del vandalismo clandestino. O mejor dicho, la entiendo mucho más de lo que creía o quería entenderla. La Sra. Villafañe estableció que Santini “siempre ha cooperado para mantener el área de su galería limpia y le ha auspiciado actividades de artistas”. Así que tenemos, dos artistas arrestados que ya tienen reconocimiento internacional como artistas, un alcalde mafioso, corrupto y artísticamente analfabeta, y una galerista prostituta que vende sus encantos y su apoyo al mejor postor.

Y yo sigo preguntándome, ¿y el Dadai qué? El Dadai se creó como una respuesta caótica a la estructura rígida del arte que llevaba más de cinco siglos imperando. Que de repente un objeto encontrado (readymade) como un inodoro pudiera ser arte, se lo debemos al Dadai, como le debemos su sabor tal vez no clandestino, pero sí decididamente irreverente. Además, entiendo que Basquiat y Haring deben estar no revolcándose en sus tumbas, pero riéndose de estos cabrones que se creen que porque han ido a un museo una o dos veces en sus vidas, ya pueden dar una cátedra del arte, una manifestación del espíritu humano que lleva milenios gestándose.

Yo apoyo a Bik Ismo y a Ske. Me molestan los graffitteros que hacen graffiti por hacerlo, tanto como me molestan los artistas que hacen arte por hacerlo como Martorell, los cantantes que cantan por cantar como Luis Fonsi (y por ello, cantan la misma mierda over and over, escuchas una canción suya y ya las has escuchado todas), los escritores como Coehlo , que escriben por el mero hecho de escribir; y hasta la misma gente que habla por simple y sencillamente hablar. Si hay algo en que la Sra. Villafañe tiene razón es en que el arte debe tener estructura, lo que no significa que el graffiti como género (porque ya no sólo es un medio sino un género en sí mismo) no la tenga. He visto esculturas de arte público que me chocan por la poca o ninguna estructura que tienen. Asimismo, he visto obras arquitectónicas que pudieron ser geniales, y que se caen porque no tienen estructura, porque en el caso de la arquitectura, el espacio en torno al cual se construye el edificio es parte de su estructura, y todos sabemos que en Puerto Rico no existe tal cosa como planificación urbana (¿con qué se come eso?). Pero yo apoyo a Bik Ismo y a Ske, como mismo apoyo a Mero y a su hermano Sir Exor, de la misma forma que apoyo a Remix y a todos los graffitteros que conozco de la IUPI y de la Escuela de Artes Plásticas, porque nos enseñaron lo mismo en ambas instituciones: estructura.

Por último, lo que propone el alcalde me parece un insulto a los graffitteros, que entiendo que deberían considerar organizarse, y por qué no, sindicalizarse. El jefe de seguridad del alcalde mafioso, un tal Mercado, dijo que se “inició conversaciones con la Escuela de Artes Plásticas para proveerles lugares a los artistas para que dibujen, pero sin usar aerosol. El concepto es que los artistas se roten y cada obra esté expuesta por un máximo de 60 días”. Migajas. Sobras. Es un insulto. Es querer tratar a artistas con un nombre hecho, como niñitos que aprenden los nombres de los colores usando fingerpaint en kindergarten. Sería como decirle a Martorell que ni le ocurra volver a mostrar su culo lleno de estrellas y celulitis en el MAPR, que la próxima vez se consiga dos sombreros, uno para delante y el otro para tapar su trasero, que no nos interesa verlo desnudo. El gobierno no puede determinar lo que es arte. Hay un peligro muy oneroso en ello. Se me ocurren Hitler y Stalin.

Y para callarle la boca al alcalde bolitero, yo no creo que si Campeche y Oller estuvieran vivos y pintando en las paredes, él se atrevería a arrestarlos. Y es que ellos dos dejaron una vena de arte en este país, una herencia que esta jodia isla politiquera y fundamentalista no se merece. Dice el pichón de alcalde, que todo esto es parte de un plan agresivo de limpieza y de creación de jardines que enverdezcan la ciudad. Me alegro que por fin se ponga a hacer algo, a ver si los árboles tapan los carteles politiqueros y la basura de esta ciudad. Marcell Duchamp se lo agradecería.

Friday, October 06, 2006

El Olor entre las piernas, cap. 80 La molestia literaria

El olor entre las piernas, cap. 80 La molestia literaria

Esta columna va dedicada a los ganadores de ambos certámenes de El Nuevo Día: Karen Méndez Sevilla, amiga del alma, Luis Othoniel Rosa, a quien estimo muchísimo desde el Taller de Mayra y "Cuentos de Oficio", y a mi querida amiga Jocelyn Pimentel. Si alguien tenía que ganar ambos certámenes, eran ellos tres. Mis más cándidas felicitaciones.

Pero tengo una molestia encima. Tiene que ver con el certamen de poesía. Y me encantaría que Carmen Dolores Hernández leyera esto. Entiendo que en este certamen comenzaron el camino de la redención, luego de declarar ganadores a Javier Ávila (dos veces, la segunda vez se justifica mucho mejor que la primera) y a Juan Carlos Rodríguez. Entiendo que la propuesta de Jocelyn Pimentel no solamente es fresca y original, pero en ella permea también una dulzura que entiendo se debe reconocer. Después de todo, la poesía, y el arte en general, sólo tienen que lograr la belleza, sin importar si tal es una belleza oscura, torturada, o por el contrario, inocente y dulce. Me gusta que por fin esta vertiente se esté reconociendo como poesía propiamente.

Sin embargo, mi queja tiene que ver precisamente con los pasados certámenes y cómo todavía en este certamen no se ve un cambio real en las opciones ganadoras. Case in point, y sin titubeos de falsa modestia, mi poemario "Sistema de Nomenclatura Binomial". Quiero que esto quede sobre la mesa, bien claro, no me molesta perder ante tan buena poeta como Jocelyn, no porque sea mi amiga, sino porque tengo el placer de decir que le he seguido la trayectoria a través de su blog "Comentario" y he visto su evolución, además de haber sido también partícipe de su proceso creativo. Pero me molesta no haber recibido la mención honorífica que tanto deseaba.

Me explico. Yo sabía ya de plano que mi poemario no ganaría, por concepto de publicabilidad, y para ello, proveeré un nuevo blog, para que sean ustedes los lectores, jueces de lo que digo. Sin embargo, tenía la certeza de que me llevaría una mención honorífica que simplemente reconociera una labor bien hecha. Porque mi poemario, modestia aparte, es una propuesta muy nueva y muy original, que apostaría a que a nadie se le ha ocurrido como idea-primer-motor para un libro. En él, no sólo jugué con el significada y origen de las palabras, mas el poemario mismo es una vuelta a la mirada naturalista de los "descubridores/colonizadores/expansionistas" de América. El poemario es el resultado de una mezcla entre el afán naturalista de clasificar las cosas (en este caso, la poesía misma) para conservar un récord de la existencia de las mismas, con un gran sentimiento de eliminación del "YO" para ensalzar el "NOSOTROS", algo muy zen y muy budista. Y hasta queer.

No hablo más. juzguen ustedes mismos. http://sistemabinomial.blogspot.com

Felices lecturas!

Friday, September 15, 2006

El olor entre las piernas, cap. 79 Esto tambien es una verdad oculta

El olor entre las piernas
Cap. 79
Esta también es un a verdad oculta

No sé hasta qué punto es ridículo, y hasta cuál es genial, pero desde hace un tiempo vengo ponderando el significado oculto de los anuncios de publicidad. Con todo el revuelo del concurso de Miss Universe, yo espero que las niñas de este país se den cuenta de que hay mucho más que ser “bella” (a fuerza de tres o cuatro capas de bondo, y múltiples cirugías que depredan el aspecto NATURAL de la belleza, siendo éste la versatilidad y variedad de la misma) para una mujer. Siempre he querido decir esto en voz alta, tal vez hasta gritarlo: ¡LAS MISSES NO COMPONEN UN CARAJO EN EL MUNDO, NO SIRVEN PARA NADA, NI SIQUIERA SON EMBAJADORAS DE NADA, PORQUE NO REPRESENTAN NADA! Gracias. Good night and good luck!

Adonde me dirijo es a esa sarda de publicidad en torno a el lugar de nacimiento de Zuleyka y su verdadero pueblo (el que la vio crecer y criarse). Todo esto me parece genuinamente ridículo y una pérdida de las aproximadamente 37 páginas de periódicos que se le han dedicado a la “beldad” (¿veldá que sí?) desde que ganó el concurso, lo cual deja decir mucho de los intereses particulares y culturales de esta ínsula tan extraña (AHORA comienzo a entender por qué José Ortega dijo lo que dijo, y cuánta razón tiene…). Pero todo esto requiere un análisis más serio y con mucho más rigor, lo que me lleva a entender que en Puerto Rico ser una Miss Universe es un fin para el cual todo lo demás es un medio, como ser parte del circo de los legisladores y el Senado, que rápido se prestaron a hacerle un homenaje, como los que siempre hacen derrochando sabrá el Diablo cuánto vino Tavel Rosé (el vino de Paco Villón de esta semana, y que podría ser, de no ser por su rara presencia en Puerto Rico, “the Coca-Cola of bottled wines”), cuánta carne Angus (García Padilla… ¿estabas por allí?) y cuántos piscolabis hechos de quesos Camembert, malgastando los chavitos del pueblo. Porque le hacen homenajes a cualquier pendej@ que sale en la prensa, logrando alguna meta mediocre, que nadie sabe cómo realmente afecta a Puerto Rico positivamente, pero que todos honran como algo bueno y digno. Todos menos yo y l@s que son como yo, que piensan que las misses no tocan pito ni flauta en Puerto Rico, ni en ningún otro país. No componen nada, no aportan nada con sus visitas, y cuando la marea vuelve a bajar, y los vientos se disipan, al final todo queda igual, como si no hubiera pasado nada, como es la realidad. Entonces, este análisis me lleva a más confusión, porque no sé en que piensan las mujeres de este país, ni las profesionales, ni las amas de casa (que también son profesionales, porque eso es una realidad), ni las que viven de la tarjeta de la familia. No sé en qué puñeta piensan.

Ayer en la tarde, frente a mi casa en Coamo, una pareja de adolescentes sostenía una discusión acalorada.

-¡Yo ya no quiero estar más contigo! – le decía la joven adolescente, quien portaba un jumper de tela escolar de cuadritos, lo que me indicó que pertenece a la superior vocacional que hay detrás de mi casa, y quien, para sorpresa y júbilo míos, no daba ningún indicio de estar embarazada.
-Chica, no te vayas. Dame un break, -le decía el alacra, montado en una bicicleta, con los pantalones mucho más abajo del culo, enseñando los boxers y un poco la raja de su culo, con un tank top blanco y un pañuelo enrollado en la frente.
-¡Vete con Isabel! Por mí, ella se puede quedar contigo. Y te puedes largar con ella. Yo no soy pendeja.

Esas palabras de la niña me obligaron a asomarme por la ventana y dedicarle un buen momento de observación. Su rostro parecía iluminado por la luz del sol del recientemente pasado mediodía, y es que cuando la gente toma buenas e inteligentes decisiones, la luz del día, o cualquier luz que esté presente en el momento, los ilumina como un juego óptico del destino.

-Mira, llama a este número. Te van a decir que yo no estuve con ella ayer.
-¿Y quién va a contestar, uno de tus amigos? Yo no te creo. Mira, en verdad, quédate con ella. Yo no soy pendeja, te lo digo.
-Ven acá, chica. No seas así.
-El que quiere anda, -le dijo ella, ya alejándose tanto de él que perdí contacto visual con ella, aunque se escuchaba su voz. -¿Ves como te quedas ahí como un pendejo? ¿Por qué no vienes adonde mí? ¿Ves lo que te digo? ¿Qué me estabas mintiendo, so embustero? Si en verdad no saliste con ella, ¿por qué no te atreves írteme detrás?

Y se alejó y lo dejó allí, con su cara de pendejo anonadado, sus pantalones caídos y sus boxers de cuadritos, como la tela del uniforme de ella. Me pareció una escena muy bien lograda de una telenovela, aunque ni mexicana ni venezolana. Fue natural. Pero luego, me pareció aún más genial mientras le decía un ¡BRAVO, BIEN POR TI! a la adolescente no embarazada. “Empiezas por ahí, y terminaras siendo la primera mujer en formar una colonia terrestre en la luna, o descubrirás la cura para el SIDA, o encontrarás la forma de hallar la paz política y civil del mundo, ¡porque vas a llegar lejos!”. No pude evitar pensar eso, y me entristeció, porque a veces espero demasiado de las mujeres. Me olvido de muchas optan inteligentemente por ser madres, cosa que yo no entiendo, a lo mejor porque hace mucho que le metí un buen batazo a mi reloj biológico. Me olvido de que muchas tienen la ilusión de casarse y formar una familia. Y me olvido de que, por ridículo y far-fetched que parezca, muchas mujeres, todavía a estas alturas del siglo XXI, van a la universidad a buscar novio y embarazarse. A veces me molesto con este tipo de mujeres, tal vez porque me niego a olvidar que hubo un movimiento feminista que planteó la posibilidad de una igualdad que no existe. Tal vez porque me niego a olvidar que durante dicho movimiento muchas mujeres fueron escupidas, encarceladas y violadas por creer en algo digno de creer. Tal vez porque mi madre no tuvo las oportunidades que tuvieron muchas de estas mujeres y que tiraron por la borda. Tal vez porque mis dos hermanas sí las tuvieron y las desperdiciaron como les vino en gana, frustrando así los esfuerzos de mi madre. Tal vez porque no tengo héroes, sino heroínas, como mis amigas Mónica, que una de las mujeres más inteligentes que jamás he conocido (que no sé como coños logra balancear sus labores científicas de física, astronomía y astrofísica, con su pasión por la narrativa y la poesía); Rosalina, que es una excelente narradora y poeta, y quien tiene la ominosa habilidad de comprender el mundo medieval como jamás he visto a nadie entenderlo; mis dos primeras mentoras en la creación literaria, las profesoras Helena Méndez (narradora de puta madre, excelentísima editora y profesora de yoga) y Loretta Collins (una poeta genial proveniente de California y con actitud y perseverancia de California), y todas aquellas mujeres que me han moldeado, como más recientemente, mi supervisora en traducción, Marielba Cancel, dueña del blog La Caribeña, de quien no me canso de aprender formas nuevas de reinventar un mismo chiste y escribirlo. Sí, espero mucho de las mujeres, tal vez porque siempre he pensado que se desde el principio de la humanidad, se han llevado la peor parte en todo, y porque ya me apesta que sea así. No quiero que sea así. Y por eso también escribo contra la publicidad de este país que odio y amo tanto, porque se presta para la venta de un sueño erróneo, porque SI, NO TENGO MIEDO A DECIRLO Y PAGAR LAS CONSECUENCIAS: SOÑAR CON CONVERTIRSE EN MISS UNIVERSE ES UNA FALTA DE RESPETO A UNA MISMA COMO MUJER, Y A AQUELLAS QUE VINIERON ANTES DE UNO, QUE LUCHARON POR UNA IGUALDAD QUE NO SEDIO NUNCA.

Y ahora, adonde iba desde el principio: desde hace dos semanas han pasado unos anuncios en los periódicos, aparentemente anunciando una nueva telenovela o unitario que se llamará La verdad oculta. Entonces ponen algo como esto:
Ella _ _ _ _ _ _ _ _ _ un túnel entre esta _ _ _ _ y la _ _ _ _ _ _ _.
¨ > < + ø¡ ¿ ♥ ¡ . ~ ♥ : . ( ¡ > ♥ ! .

Sucede que toda esta verborrea lo que quiere decir es: “Ella construirá un túnel entre esta vida y la próxima”, pero lo que realmente pretende decir, con la foto de una mujer madura muy sonriente, es: “Ella es pobre, se enamorará de Osvaldo Ríos, que caerá desde el cielo en paracaídas para salvarla de la villana, que también quiero hacerse rica a cuestas de Osvaldo Ríos, quien gusta de montar a caballo, sin que se sepa su pasado oscuro de marido maltratante…”, y por ahí sigue la retahíla de tramas cursis y gratuitas que tanto divierten a la gente sin criterio de este país. Pero con corazoncitos, signos de exclamación y otros símbolos, hasta este escritor se detiene un momento para buscar en la clave qué quiere decir el anuncio.

Por último, me gustaría añadir un comentario final sobre Zuleyka. El peligro de la reinvención está en lo representativo. El peligro viene cuando otros/otras nos reinventan a nosotros, cuando ese proceso debe ser personal. La representación de la mujer puertorriqueña, culona, tetona, caderúa, con pelo rizo y bella, en una niña que con toda probabilidad es anoréxica o bulímica, o peor, ambas, y cuyo cuerpo puede fácilmente ser levantado por la primera ventisca de un sistema atmosférico desorganizado tipo I, me parece errónea. Zuleyka no representa la belleza de este país, así como las muchas que han intentado ganar el concurso o lo han ganado antes que ella. No representan a las mujeres de mi país, que comen grasa y carbohidratos con cojones porque es parte de lo que somos, de nuestra herencia. Nuestros genes se han adaptado para aguantar y adaptar la ingesta de arroz, habichuelas y rajas de aguacate diarias. Y esa niña-fideo no nos representa, ni a nuestras mujeres, ni al pueblo en sí. Y estoy harto de la gente que le da a este trapo de concurso más importancia de la que se merece. Es la misma gente idiotizada que no tiene sueños reales y válidos. Que nadie me dice que aspirar a reina de belleza es un sueño válido porque no lo es. No es válido imponer una figura surrealmente flaca a un pueblo de mujeres, que tras sufrir la baja autoestima general de 5 siglos de colonización, también tienen que lidiar con el estereotipo americano impuesto. No es justo que nos hagamos estos a nosotros y nosotras mismas. Alguien tiene que parar esto.

El olor entre las piernas, cap. 78 Florencio

El olor entre las piernas
cap. 78
Florencio

Desde que tengo uso de razón, he detestado la oferta televisiva puertorriqueña. Esto aduce a múltiples razones, entre ellas, la no-conciencia de nuestra condición de colonizados, las malas copias de programas americanos que tienen nicho en Estados Unidos pero no aquí, lo que me lleva a la falta de originalidad en la oferta, lo repetitivo (¿cuántos años estuvo El Show de las 12 al aire, siempre con el mismo intro?), y lo crasa y descaradamente vulgar del resto de la programación, y los talk-shows, que ya no son como los de Cristina antes, sino pura gritería y puñetazo limpio por el deporte del rating.

En cuanto a esto último, case in point, los programas de Raymond Arrieta y El Gángster. “No te duermas” es un programa estúpido. Es la exaltación de la sexualidad sin la sexualidad. Chicas en bikini, exceso de doble sentido tendiente al sexo, más chicas en bikini, más drama barato diario de celebridades contra celebridades, mucho bochinche, y más chicas en bikini o gistro. No tengo nada en contra de las mujeres. Para nada. Pero aún siendo gay, no me satisface el programa los miércoles. Si quieren realmente pasar un programa que sea sobre sexo, de sexo, y para el sexo, ¿por qué no simplemente pasar pornografía a esa hora? Pero ese coqueteo con lo sexual, pero a paños tibios, es puro cocktease. Es mediocre, ridículo, y una de las razones por las cuales critico fervientemente la televisión de mi país.

Otra cosa son los programas que resultan copias malísimas de programas americanos. Hace falta sólo ponerse a ver “Zúmbate”, el desaparecido “Mira que te veo”, y otros. Son copia fidedigna, o facsímiles razonables de America’s funniest videos, y otros sitcoms.

Los talk-shows dejan mucho que desear. Laura se puso el disfraz de vigilante y vengadora de los desafortunados, y se olvidó de que ella misma no escapa del escrutinio público y los otros vigilantes y vengadores. Entonces está la pendeja de Marta Susana. Estoy harto de ver cómo la bruja se atreve a decirle a los panelistas cómo deben vivir su vida. También había hasta un padre católico que tenía un talk-show (que daba pena ver, porque entonces el show se convertía en jirimiqueos y mucho lloriqueo). Todos estos cabrones comenzaron sus carreras imitando a Oprah (de quien se olvidar de emular lo mejor, como por ejemplo, el book review semanal, y el hecho de que Oprah no permite que sus panelistas se pasen de la raya) y a Jerry Springer (que dejaba que la gente se diera puños y bofetadas por ratings). Un buen proyecto de ley internacional sería regular estos talk-shows, ponerles unos límites, y enjuiciar a los presentadores cuando se den situaciones en donde una madre le pega a su hija adolescente embarazada en plena audiencia.

Aquí no hay originalidad. No entiendo cómo un pueblo tan fanático de Star Wars y cada película de fantasía, misterio y ciencia ficción que llega a la isla, no se ha inventado programas de esa temática. Que nadie me diga que no hay budget. Esa es la peor excusa que se pueden inventar. Por ejemplo, aquí sería genial hacer una serie como las de “Law & Order” y “CSI”. ¡Hasta le sacaríamos partido a la extensa criminalidad que reina en el país! ¡Nos serviría de material para escribir! Y si nos dejáramos de tapujos sexuales, podríamos hacer una serie como la de “Big Brother”, específicamente, como la del season de Brasil, de la cual, uno de los protagonistas era un muchacho exhibicionista que gustaba de andar desnudo por toda la casa mostrando su gigantesca pieza. ¡Podríamos hasta hacer una especia de “Survivor” en Mona, Monito y Desecheo! ¿Qué nos pasa Puerto Rico? Que somos un reguerote de copiones, pero no copiamos lo que tenemos que copiar, sino lo más fácil de copiar, que es siempre lo peor de las demás culturas que no rodean. Para eso solamente es que miramos fuera del país.

Entonces, ¿por qué apoyar la televisión del patio? Me han dicho que soy un vendido, porque veo TV satélite y no apoyo el talento local. Pero, ¿qué talento tiene realmente gente como Antonio Sánchez “El Gangster” y Raymond Arrieta? Y sobretodo, ¿por qué nos rebajamos tanto y les lamemos el culo al llamarlos artistas? Estos individuos, como la mayoría de los “artistas” de la TV boricua no tienen talento alguno, salvo para el chiste fácil, que siempre termina siendo de doble sentido sexual (y aclaremos que el arte no debe nunca ser de DOBLE sentido, pues sería bidimensional, sino de TRIPLE, CUADRUPLE y de MULTIPLES sentidos, pues el arte verdadero es polisémico). Yo me enorgullezco de gritarlo a viva voz: ¡YO NO ESTOY OBLIGADO A APOYAR EL “TALENTO” DE MI PAIS, SI NO SE MERECE APOYO ALGUNO! No hay quien me obligue a hacerlo.

Esta mañana leí una columna de VOCES de El Nuevo Día, de Cecilia la Luz, hablando del personaje Florencio Melon Pujals, creado por Raymond Arrieta. Tengo unas observaciones que hacer del mismo:

1. Este tipo de comediantes ridiculiza a mucha más gente que una minoría sexual.
2. La supuesta pérdida de audiencia no creo que se deba a un despertar de la conciencia puertorriqueña, la cual sigo pensando que está dormida. Me parece que lo que planteó la ilustre es una utopía.
3. El comediante no se retiró por presión ejercida por las campañas de la Organización Unidos por la Igualdad. Pensar que esto es así, sería otra utopía más, y muy poco sabio en medio de una guerra tan obvia entre los hetero que siguen haciéndonos la vida imposible, y los homo que queremos cambio a todo cojón.
4. Si bien es cierto que la televisión americana ofrece más variedad y alternativas, también es cierto que esto hay que cogerlo con pinzas. Por ejemplo, no veo en qué pueden ser edificantes la mayoría de la producción programática de MTV, MTV2 y VH1, salvo los vídeos musicales, que son una forma de arte en sí misma, y los programas que ofrecen sobre historia de la música (específicamente en VH1). En esto tengo que incluir un programa que me pareció bastante chévere de MTV, pero que lo veo razón de ser en ese canal, porque su contenido no tiene nada que ver con música, pues fue un reality show de artes marciales llamado Final Fu. Esto me lleva a “Will and Grace”. Este programa no es exitoso por lo exitoso de las vidas de los personajes. Eso sería una falacia y bedtime story. El programa es exitoso porque tiene algo que en la lengua de mi padre se llama “wits”. El diccionario de mi laptop lo define de la siguiente manera: “mental sharpness and inventiveness; keen intelligence; a natural aptitude for using words and ideas in a quick and inventive way to create humor”. El problema del “wit” es que para lograrlo, hay que tener un gran conocimiento de las dos lenguas maternas: la puramente académica y la de la calle, de las cuales sólo conocen la última estos animadores y “artistas” mediocres de la TV boricua. “Will and Grace” utiliza un tipo de comedia que obliga a pensar, que es el tipo de comedia que se puede ver una y otra vez, y todavía provoca risa, que es a lo que todo comediante y productor de comedia debe aspirar. No me imagino a La Comay teniendo “wits”, ni a Laura Hernández, aunque a lo major drogada sí, ni a Maripily. Bueno, de esta última me ha dado con pensar que se hace la bruta porque tiene más “wits” que el país entero. Lo otro que hace a “Will and Grace” tan exitoso, es la habilidad que tienen los personajes de burlarse de sí mismos. Para comenzar SON personajes en todo el sentido de la palabra, en cuanto a que, son multidimensionales, tienen carne, son reales. Yo no me puedo imaginar a Florencio Melon Pujals teniendo algo así como una rutina diaria. No me lo imagino cepillándose los dientes, ni planchando ropa para trabajar, ni amando a otra persona. Es un personaje que ni siquiera alcanza a ser silueta, en oposición a Will, Grace, Jack y Karen, cuya multidimensionalidad hace posible que puedan burlarse de sí mismos una y otra y otra vez, por más de cuatro seasons. En cuanto a la auto-burla, que provoca la auto-reflexión, y por ende, la auto-evaluación, que es parte de un proceso natural de sanación, sólo funciona sin ofender cuando es auto-. Por eso, la comedia juega con filo tan fino de la navaja, entre lo cómico y lo inhumanamente maltratante. No es lo mismo que otro te ridiculice a que te ridiculices a ti mismo, lo que me lleva a dejar algo sobre la mesa: lo más que siempre me ha molestado de personajes como Florencio, la Localizada y otros, es que se trata de la visión maleducada, o simplemente, no educada que un imbécil heterosexual tiene sobre nosotros. Estos personajes ni siquiera nos representan, porque, pónganse a pensar, si es verdad que la mayoría de los homosexuales están todavía en el clóset, significa que la mayoría de los homosexuales son puros machos a lo macho heterosexual, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva.
5. En Puerto Rico, la agresión televisiva hacia los homosexuales (y en esto las lesbianas tienen una ventaja, pues son rarísimos, casi inexistentes, los personajes ridiculizando a las buchas truckeras en la TV del patio), va mucho, mucho más allá de la inseguridad de la masculinidad. Y en esto, como ya verán, tenemos culpa todos, tanto hombres como mujeres. Y es que en esto se ve reflejado el odio hacia la mujer. Me explico. Yo siento una intensa furia cada vez que un pana mío gay me dice “nena”, “loca” o “pata”. No sé, pero nunca pude superarlo. Debe ser debido a la carga semántica tan fuerte que esas palabras tienen cuando van dirigidas hacia un hombre, sea de la orientación sexual que sea. Y es que, tenemos la visión de que el hombre no debe ser afeminado, ni debe tener en un demeanor nada que ver con lo femenino, porque lo femenino es débil. Lo cual nos lleva al mito de Adán y Eva, y la culpa, como siempre, terminarán teniéndola los machos que escribieron la Biblia y dieron origen a la mayor plaga que la humanidad ha visto jamás, que no es el SIDA, sino el cristianismo. Lo femenino es débil. Los nenes no lloran, las nenas sí. Los nenes se dedican a los carros y a tareas fuertes. Las nenas para la casa. Otra cosa, mucho más fuerte: las mujeres están hechas para ser folladas, para “coger bicho por la crica”, los hombres para “dar bicho por la crica”. Y el problema entre los homosexuales, la incomodidad que viene con esas palabras, es que nosotros no tenemos opción en cuanto al sexo: o somos tops (damos por el culo), o somos bottoms (cogemos por el culo). Harto estoy yo de declararme versátil (hago de las dos cosas, 50%/50%), sólo para que venga un amigo gay no-iluminado y me diga que si soy versátil es lo mismo que ser bottom. ¡Hasta nosotros mismos apuñalamos la mujer! ¡Somos todos una sarda de misóginos! Y me incluyo, porque si no fuera misógino, no me sentiría incómodo cuando me dicen “loca”, “nena”, o “pata”. No me sentiría incómodo con Florencio Melon Pujals. Por eso, siempre le he aconsejado y requete-aconsejado a mis amigas y a todas las mujeres a las que pueda aconsejar, que vayan a Condom World, se compren el dildo más grande que vean, y se lo empujen a sus maridos y novios por el culo, para que aprendan a sentir como ellas y se sensibilicen. Es lo mejor que hay para humillar a un hombre heterosexual y lograr que se le bajen los humos. Que los amarren de la cama boca-abajo, y cuando él se crea que le van a dar la mamada de su vida, que le alcen las piernas y le metan el puño con manteca Cerdito, para que entiendan que de una mujer salieron, y que por una mujer tienen vida, y que tienen madres, hermanas, esposas e hijas, y que la mujer se merece el mismo respeto, la misma posición, y las mismas oportunidades que nosotros, y que NO ESTA EN NOSOTROS otorgárselas, porque no se trata de hacerles un favor, ni re reconocerles una condición. Se trata de humillarnos nosotros mismos y entender ellas también tienen sangre en las venas, y sufren como nosotros, pero que, a diferencia de nosotros y por culpa de nosotros, se han llevado la peor parte en todo durante los 14,000 y pico de años de historia de la humanidad.

Me alegro de que Raymond se haya retirado, aunque sólo sea por unos meses. Es bueno eso de reinventarse. Es saludable. Pero reconozco que creerme que este ha sido el fin de Florencio sería un error. Lo único bueno que tengo para defenderme de sus ataques y los de todos los demás comediantes del país, es apagar la TV o cambiar de canal.